jueves, 7 de enero de 2010

SER O NO SER

RUBÉN.- ¿Ha conocido usted alguna Ofelia, Marqués?
EL MARQUÉS.- En la edad del pavo todas las niñas son Ofelias. Era muy pava aquella criatura, querido Rubén. ¡Y el príncipe, como todos los príncipes, un babieca!
RUBÉN.- ¿No ama usted al divino William?
EL MARQUÉS.- En el tiempo de mis veleidades literarias, lo elegí por maestro. ¡Es admirable! Con un filósofo tímido y una niña boba en fuerza de inocencia, ha realizado el prodigio de crear la más bella tragedia. Querido Rubén, Hamlet y Ofelia, en nuestra dramaturgia española, serían dos tipos regocijados. ¡Un tímido y una niña boba! ¡Lo que hubieran hecho los gloriosos hermanos Quintero!
RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN
Luces de Bohemia

Tengo que encontrar una transición cuanto antes y salir del estancamiento cagando leches. El exterior me estanca trabándome, no me permite avanzar y yo no me permito retroceder. Así que aquí estoy, hecha un basilisco. Sí, ya sé que no es la mejor manera de afrontarlo, pero reconozco que la impotencia es la sensación que más fácilmente me saca de mis casillas. Y supongo que así debe de ser, lo de “estar encallada” quiero decir; el destino me obliga a afrontar este muermo para que me concentre en mí misma y alcance la salida de este maldito laberinto yo sola, sacando lo mejor que hay dentro de mí. Digo yo, porque si mi salvación depende de lo que hay afuera... ¡menudo panorama!

Una vez, hace años, encontrábame yo algo abatida y Luis Antonio de Villena me decía que no desesperase, que tan sólo afrontan adversidades las personas con capacidad suficiente para superarlas y que eso nos fortalece y nos ayuda a crecer. Algo muy en la línea de lo que Vincent Van Gogh escribía a su hermano Théo, en una de sus muchas y bellísimas cartas:

El que vive sinceramente y encuentra penas verdaderas y desilusiones, que no se deja abatir por ellas, vale más que el que tiene siempre el viento de popa y que sólo conocería una prosperidad relativa.

¡Y así acabó el pobre! Sí, vale, él estaba enfermo de esquizofrenia, ¿pero acaso no contribuimos todos a ello? Lo siento, pero a todos nos toca apechugar con la ignorancia y el desprecio que nuestros ancestros emplearon para (mal)tratar a Vincent Van Gogh. El inconsciente colectivo y todo eso... ¿Y quién me dice a mí que yo no pueda acabar igual, teniendo en cuenta, además, el tipo de vida aislada que he escogido? Porque es que, joder, llevo años apechugando con insatisfacciones y decepciones de todo tipo a base de bien. Y alguno habrá que pensará que tan sólo se decepciona el que espera algo. Ya, pero yo no espero realizar o que me sucedan cosas imposibles como ser millonaria, conocer a un Clint Eastwood que me quiera -bueno, aunque eso no estaría nada mal...- o, ya que estamos, irme a trabajar a Hollywood. Noooo. Lo único que yo pretendo es ganarme la vida con mi talento y mis capacidades, y poder hacer algo que me realice, no que me denigre. ¡Y lo he intentado y lo sigo intentando a través de las más diversas vías! Pero es que no hay manera... ¿Cuánta capacidad de aguante se creerán los dioses que tengo yo? Hombre, podríamos decir que soy una persona fuerte, resistente, pero, francamente, no tengo vocación de santa o de mártir.

Bueno, sea como sea, me guste o no, esto es lo que hay. Así que será mejor que me mentalice y encuentre la manera de apañármelas para salir del atolladero, sin decepcionarme a mí misma. Y, francamente, la única manera que se me ocurre de conseguirlo es siendo yo misma. De hecho, soy una firme convencida de que lo importante no es dar, estar, hacer o recibir, no, lo importante es SER. Recuerdo que, en una ocasión, Aldous Huxley inició así una conferencia:

“¿Para qué sirve el hombre?
Como un acto de fe, y pienso que es un acto de fe que comparten
casi todas aquellas personas que se interesan por la dignidad humana, creo que el hombre está aquí para hacerse consciente, en la medida de lo posible, de sus mejores potencialidades, dentro de una sociedad estable pero elástica.
Lo más importante es SER lo mejor de uno mismo.”


-El problema es que apenas existe ya nadie que se interese verdaderamente por la dignidad humana.
-¿Y qué? Pero a ti sí que te interesa, ¿no?
-¡Pues claro! ¿Pero qué ocurre cuando te haces consciente de tus mejores potencialidades y no consigues que esa sociedad estable pero elástica te permita desarrollarlas?
-¡Pues que debes luchar por conseguirlo! Al fin y al cabo, sólo así podrás SER tú misma.
-O sea que tengo la obligación vital de descubrir lo mejor que hay en mí, de potenciarlo y de desarrollarlo a través de mi propia ...
-Existencia.
-Iba a decir de mis propias obras o acciones, ya que es en ese punto que ando encasquillada.
-Eso es lo que tú te crees. Para poder crear, antes hay que SER. Una vez que SEAS, lo demás llegará por añadidura. ¿O es que ya no te acuerdas de aquellas palabras de Rilke que tan profundamente te penetraron en su día?

...lo que llamamos destino pasa de dentro de los hombres a fuera, no desde fuera hacia dentro. Sólo porque tantos hombres no supieron asimilar y transformar en su interior, cada cual su propio destino, mientras éste vivía en ellos, no alcanzaron tampoco a conocer lo que de ellos salía.
Cartas a un joven poeta

Sí, supongo que es así. Y supongo también que en eso consiste la vida, ¿no? Porque, según entiendo, una vez que SEA, poco importará ya lo que me acontezca, podrá ser peor o mejor, más o menos soportable, pero seguro que estaré en condiciones de afrontarlo. Porque al estar mi ser bien encajadito en mi persona, eso me hará sentir muy bien, mucho mejor predispuesta a recorrer la senda de mi vida y a habérmelas con lo que salga a mi encuentro. Asimismo, dispondré de una capacidad más refinada y efectiva para potenciar mi ser y transfigurarlo en algo de lo que me sienta orgullosa.

Si hice alguna vez algún bien al prójimo, en su sentido, era sin duda algo de excepcional e insignificante, comparado con el bien o el mal que estoy haciendo constantemente con ser lo que soy.
HENRY DAVID THOREAU
Walden

Claro que también podría olvidarme de SER, limitarme a “estar” y dejar lo del “ser o no ser” para Hamlet. Podría claudicar y enviarlo todo al carajo. Sí, es otra opción, pero, ¡qué demonios!, ése no es mi estilo. Y no es que me vuelva loca
ponerme a afrontar complicaciones y adversidades, pero, bueno, si hay que hacerlo para poder SER, pues se hace y punto. Tampoco soy una quejica, que se pase el día lamentándose de su suerte, tan sólo lo justo, y en solitario casi siempre, más que nada para patear un poco el muermo de la impotencia y echarle del local de mi espíritu. Yo, la verdad, hubiera preferido seguir por mi camino tranquilamente, a lo Werther:

A diario noto qué tontería es medir a los demás por uno mismo. Y como tengo tanto que hacer conmigo mismo y este corazón está tan tormentoso... ay, de buena gana dejo ir a los demás por su camino, con tal que me dejen seguir por el mío.
GOETHE

Mas no. Eso no es posible. Precisamente lo que ellos -el sistema, el engranaje económico, político, mediático, social en que estamos inmersos- quieren es tratar de confundirnos para que no encontremos nuestro camino y seamos nosotros mismos lo menos posible; para que, ni siquiera, lleguemos a plantearnos que existe algo llamado “nuestro camino”. Nuestra vida, en definitiva. Y que en nuestras manos está dar forma a ese proyecto que, válgame Dios, es el más importante de nuestra existencia. Porque, a ver, ¿qué sentido tiene vivir si no somos capaces de sentirnos orgullosos de nuestra vida? ¿O de hacer todo lo posible para, como mínimo, no sentirnos defraudados con ella? ¡Eh! por si alguien no se ha enterado, esto de “la vida” sólo puede llevarse a cabo ¡UNA VEZ! ¡No hay más oportunides! Si la cagas, se acabó lo que se daba.
Aunque terrible es comprenderlo, la vida se hace en borrador, y no nos es dado corregir sus páginas.
ERNESTO SABATO
Antes del fin

Por muy lentamente que os parezca que pasan las horas, os parecerán cortas si pensáis que nunca más han de volver a pasar.
ALDOUS HUXLEY


Hagamos, pues, con la vida algo que merezca la pena, digo yo. Ya que estamos aquí, vamos a enrollarnos un poco, ¿no? ¿O vamos a dejar que sean ellos los que decidan por nosotros lo que debemos SER?

El problema es que si no les sigues el juego, te ponen en el punto de mira y tratan de hacerte la vida imposible chantajeándote o fastidiándote de mil y una maneras, pero sobretodo con el arma que mejores resultados les ha dado a lo largo de la historia, su arma más poderosa, más poderosa todavía que todas esas armas químicas que Bush, y de paso Blair y Aznar, pretendían hacernos creer que colmaban los arsenales iraquíes: el dinero. Nos acorralan hasta hacernos sentir como esas pobres gentes que se niegan a vender su terrenito a una multinacional para que hagan o construyan cualquier barbaridad. Les hostigan y les acosan hasta que, finalmente, desisten y pierden lo suyo por un puñado de dinero. Maldita palabra y maldito invento. Pues yo no pienso perder mi SER, que es lo mío. Es lo único que tengo, lo único que, sin ningún tipo de duda, voy a poseer hasta el día de mi muerte.

La obtención de dinero, además, no pone fin a esa insatisfacción existencial tan rollingstoniana que me agobia. Ganar dinero no es, desde luego, la gran motivación de mi vida. Es decir, necesito un poco de dinero, lo justo para ir tirando, pero no a cambio de lo que sea. Porque, a ver, decidme: ¿qué hago yo con el dinero si ya no me tengo a mí misma, a mi SER, para disfrutarlo? ¿Cómo voy a poder disfrutar de lo que con ese dinero pueda obtener si: primero, estoy abatida por el malrollo que me causa haberme vendido a mí misma; segunda, estoy escondida en la trinchera de preocupaciones cavada por las circunstancias; y tercero, no tengo el ánimo suficientemente abierto, alegre y sereno para captar todo lo cojonudo que el exterior pueda ofrecerme? Por eso estoy trabada. Pero, ¡maldita sea!, pienso salir de este marrón cuanto antes. Sé que puedo hacerlo. Y eso es lo que voy a hacer. Porque, además, a mí los marrones sólo me gustan glacés.

Bien. Antes que nada, debo procurar sacudirme el agobio de encima. Veamos, concentración... Hago acopio de fe, de confianza y de esperanza y me propongo salir del encalle con resolución. OK. ¡Voy pa’llá! Bien, pero, antes de salir al exterior, debo volver a mi interior. Una de las cosas que ha aprendido una persona de naturaleza tan impetuosa como la mía es que no es aconsejable precipitarse hacia el exterior con el interior inquieto. Porque así lo único que se consigue es confusión, las energías se desperdician en vano. Antes que nada, y para poder SER realmente, hay que aquietar el corazón. Ya, ya, en ocasiones, resulta de lo más complicado; pero, bueno, nadie dijo que sería fácil. Lo siento, pero es el único camino auténticamente viable si de verdad queremos sentir eso de “estar a gusto con uno mismo”. Sí, ya, es una frase hecha que, lastimosamente, despierta más cachondeíto que otra cosa. Pero, en definitiva, de lo que se trata es de SER uno coherente consigo mismo. Y eso sólo se puede lograr encontrándole el gustillo al asunto. Así que menos cachondeíto y a ver si estamos por la labor.

Decidme: ¿A quién amará aquel que se odie a sí mismo? ¿Con quién concordará aquel que discuerde de sí mismo? ¿Podrá complacer a alguno aquel que sea pesado y molesto para sí? Creo que nadie lo afirmará, a menos que sea más estulto que la misma Estulticia.
ERASMO DE ROTTERDAM
Elogio de la locura

Sólo existe una clase de infelicidad: perder la complacencia que uno tiene consigo mismo. Dejar de gustarse, eso es la infelicidad... ¡Ay, y yo siempre me había dado buena cuenta de ello! Cualquier otra cosa es un juego y enriquecimiento de la propia vida. En cualquier otra clase de sufrimiento uno puede estar extraordinariamente satisfecho con el propio yo y parecerse muy bien a sí mismo. Pues no es sino el desacuerdo que sientes contigo, la mala conciencia dentro del sufrimiento, las batallas de la vanidad las que te convierten en una visión lamentable y repugnante...
THOMAS MANN
El payaso
La voluntad de ser feliz y otros relatos

Todos tenemos la clave en nuestro interior. Sólo es cuestión de dar con ella y activarla. Sí, ya lo sé, unos lo tienen más fácil que otros. Pero, en definitiva, estés donde estés y sean cuales sean tus circunstancias, lo que tienes que hacer, antes que nada, es sacudirte de encima toda la sarta de opiniones e imposiciones
con que tratan de trabar tu existencia desde el inicio de tus días. Eso es algo que, lamentablemente, jamás dejamos de hacer; porque siempre hay alguien por ahí dispuesto a decirnos cómo tenemos que ser, cómo tenemos que vestirnos, cómo tenemos que peinarnos, cómo debemos pensar, cómo debemos comportarnos, qué es lo que tenemos que hacer, ¡e incluso cómo tenemos que sentirnos! Y más en este mundo mediáticoconsumista que nos ha tocado vivir... En fin, es un bombardeo constante del que no te libras, por mucho que logres zafarte de él. Pero, bueno, cuanto más avanzas en tu propia dirección y más dispuesto estás a no renunciar a tus potencialidades, más y mejor vas afianzándote en tu persona, en tu SER; ganas en eficacia y en coherencia, te sientes más a gusto, menos insatisfecho y así es mucho más fácil esquivar las molestias que te salen al paso.

¿Para qué acongojar el ánimo restregándole la ley escrita, que es muerte, y no dejarle que descubra su ley viva, la que en sus entresijos yace? Y esta ley viva es la ley de la sinceridad; es que correspondan a nuestras entrañas nuestras extrañas, que sea nuestro proceder hijo de nuestro sentir y nuestras palabras revelación de nuestros pensamientos.
MIGUEL DE UNAMUNO
Almas de jóvenes

¡Bien dicho! ¡Eh, un momento! Quiero dejar claro antes de proseguir que no se trata de oponerse al exterior sin más, porque sí... No, no, no. Oye, a lo mejor tú eres de esos que te encanta que los demás piensen por ti y que tomen tus propias decisiones, tipo apalancado, vamos. Bien, si es así, allá tú. Eso denota, si me lo permites, un carácter acomodaticio y poco apasionado, que te permitirá vivir una vida monótona, sin sobresaltos, pero también sin especiales alicientes. Algo que mi espíritu cachondo no está dispuesto a tolerar. Yo necesito sentirme viva, sentir intensamente mis emociones, mis deseos, mi mente, mi cuerpo... Necesito vibrar con todos ellos, o al menos con una buena parte, para poder establecer buenos y estimulantes feedbacks con el exterior, a lo Beach Boys: ¡Good vibrations! Sé positivamente que no me sentiría a gusto amodorrada en el apalanque. Todo lo contrario, me generaría infelicidad. Eso no quiere decir que, en muchas ocasiones, ni yo misma sepa por dónde tirar o, como escribía Montaigne,: Sé de lo que huyo, no lo que busco. Sólo sé que prefiero arriesgarme y ponerme en marcha siguiendo los dictados de mi interior, de mi SER. Si me equivoco, o si no me sale bien, ya lo sabré para otra vez. Te aseguro que yo soy de las que toman buena nota de las consecuencias de sus propios riesgos.

Nada en realidad poseo, sino a mí mismo, y aun ésta es propiedad defectuosa y de prestado. Procuro cultivar mi valor y mi suerte para tener cosa en que complacerme cuando todo me abandone.
No me preocupa tanto saber lo que soy para los demás como saber lo que soy para mí mismo. Quiero ser rico por lo mío, y no de prestado. Los extraños sólo ven los hechos y apariencias externas, y todos podemos poner buena cara estando por dentro llenos de fiebre y espanto. No se nos ve el corazón; se nos ve el rostro.
MONTAIGNE
Ensayos

Hay una imagen que me gusta utilizar porque creo que describe muy bien la situación existencial: la vida es como un viaje en globo. Al nacer, cada uno de nosotros estamos en nuestro globito, con nuestros atributos, nuestras cositas, nuestro ADN, nuestro potencial... y nuestros sacos de lastre, que son los que, por el momento, nos mantienen a ras de suelo. La vida consiste en elevarse, poco a poco, y empezar a avanzar por el mundo. Un mundo que, a la que te descuidas, te va cargando con más sacos de lastre y te impide elevarte. Por eso es necesario ir descargándose cuanto antes de los sacos superfluos, de esos que amuerman y que ya no aportan nada, para que podamos elevarnos cada vez más. Cuanto más nos elevemos, de más perspectiva gozaremos y más nos acercaremos a la luz. O a Dios. O al Tao. O al Tai. A una claridad que, en definitiva, tan sólo puede acarrearnos satisfacción y felicidad, más que nada porque, al verlo todo mejor, nos libramos de un montón de tropiezos de los que te pillan desprevenido. Ves venir mejor las cosas, y las ves ir mejor también. Fluir... Fluir... Fluir... Cuanto más nos elevemos, mejor podremos saborear y sentir verdaderamente en nuestro interior la libertad. Porque la libertad, como todo lo esencial a cada uno de nosotros, no nos la puede dar ni quitar nadie; es algo que debemos conquistar nosotros mismos. ¡Elevémosnos y fluyamos hacia la luz!

Aclarar todas esas cosas poco claras, aclararlo todo, tomar el camino más corto hacia la claridad, no apartarse ya de ese camino más corto hacia la claridad
En las alturas

Yo no me aferro a las cosas. Porque entonces estaría listo. Al fin y al cabo quiero liberarme. Eso se arroja, como de un globo. Se arrojan sacos de arena que son los libros, y entonces se sube más. Cuando se arrojan sacos, en realidad se tendría que subir más. También con todo libro que se arroja habría que subir más. ¿No es una imagen bonita?
THOMAS BERNHARD
Conversaciones con ...

Desde luego que lo es. En realidad, ideé la teoría del globo muchos años después de leer este pasaje de Bernhard y sin acordarme de él; pero estoy segura de que su influjo permaneció en mi subconsciente y me ha parecido justo reproducirlo. Y aunque el inefable Bernhard se refiera exclusivamente al exceso de lastre cultural, bien puede servirnos a nosotros para librarnos de lastre en general.

De lo que se trata es de dejarse llevar y, al mismo tiempo, de conducir tú. Suena complicado, ¿no? O te dejas llevar o tomas la iniciativa. Ya, pero, a veces, la mejor forma de dejarse llevar es tomar la iniciativa. Otras, en cambio, hay que tomar la iniciativa de dejarse llevar. Quiero decir que cada uno debe procurar encontrar su ritmo y su rumbo, su itinerario, sus prioridades y los lugares en que le apetece marcarse una escala, en función de lo que le dicte su SER. ¿Cómo dice aquel hexagrama del I Ching? Exacto, es un comentario en relación con la segunda línea del hexagrama nº 41, “La Merma” (que no el muermo). Un comentario a cargo de Richard Wilhelm (el amigo de Jung, que tan interesado estaba por la cultura china, que un buen día se fue allí y jamás volvieron a verle el pelo por aquí. Y no sólo eso, sino que, además, pasó a convertirse en uno de los mayores expertos en sabiduría china, venerado incluso por los más eminentes especialistas del lugar):

Servir al otro sin renegar de sí mismo, he ahí únicamente el verdadero servicio de valor duradero.

¡Exacto! Sin renegar de sí mismo y sin mermar a los demás, como expresa Aldous Huxley:

El bien de la humanidad debe consistir en que cada uno goce al máximo de la felicidad que pueda, sin disminuir la felicidad de los demás.

Sí, claro, no se trata de que vayas en tu globito, pasando olímpicamente de lo/s demás. Hay que tener las antenas del alma (expresión preciosa y atinadísima patentada por el gran Goethe, que a mí siempre me ha resultado de lo más hermosa) bien dirigidas, la receptividad abierta y dispuesta a captar lugares, personas, circunstancias, conocimientos, experiencias que puedan enriquecer nuestro espíritu, nuestra mente, nuestras emociones, nuestro SER. Procurando, asimismo, hacer acopio de la sabiduría suficiente para saber seleccionar.

Si se continúa amando sinceramente lo que es en verdad digno de amor y no se derrocha el amor en cosas insignificantes e insípidas, se logrará, poco a poco, más luz y se llegará a ser más fuerte.
VAN GOGH

Criterio, coherencia, vamos, y un poco de valor. Pero sin olvidar, y me remito a Huxley nuevamente, que:

Cuanto más nos recogemos dentro de nosotros mismos, tanto mejor podemos acometer nuestras tareas en el mundo; y cuanto menos nos miremos interiormente, más debemos refrenarnos en nuestros intentos de hacer el bien.
Los demonios de Loudon

En definitiva:

La comprensión llega dándose uno cuenta de lo que es. Saber exactamente lo que es, lo real, lo efectivo, sin interpretarlo, sin condenarlo ni justificarlo, es, por cierto, el comienzo de la sabiduría.
KRISHNAMURTI
La libertad primera y última

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