sábado, 29 de julio de 2017

CRUJIENDO A MADINA




Madina se va,
menudo infeliz,
te olvidarás
de que te hundí.
Y yo en mi ventana,
te lo dice Susana,
tendré al PSOE para mi.

    Dicen que así andaba canturreando Susana Díaz en una de las pausas del XIII Congreso del PSOE andaluz, que la revalidó como generalísima. Alfonso es una página difícil de arrancar. Gran admiradora de José Luis Perales, la lideresa se hizo con su Y tú te vas, manipuló una miajilla la letra, que a ella se le dan fetén esas cosas, corasón, y, mientras se arreglaba la melena, dedicó unos minutos de regodeo a uno de sus mayores éxitos en las cloacas socialistas: el hundimiento de la casa Madina.

    Andaba Eduardo tocado, pero no hundido, la noche que lo conocí, en otoño de 2015. Había recibido ya el bilbaíno la primera estocada de la Díaz el año anterior al pretender hacerse con la secretaría general del PSOE en unas primarias truculentas, retorcidas y muy maniobradas, como viene siendo tradición en ese partido. Cuentan que a la andaluza se la llevaban los demonios cuando se enteró de que el favorito de las bases, protegido, además, del predecesor Rubalcaba y algunos barones más, presentaba la candidatura a un puesto que ella se moría de ganas por alcanzar. Por derecho propio, se repetía a sí misma, tenía que ser suyo, ella era la elegida para llevar algún día las riendas no de Andalucía, no, de España entera, que a mi no me la parten estos catalanes. Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa, la más lista, la que va a llegar a lo más alto? 
    Pero no era el momento. La de Triana barruntaba librarse, por aquellos días, del yugo de IU en la Junta -que ella ya viene dejando claro que se siente más a gustito con los de Ciudadanos-; adelantar las elecciones andaluzas y demostrar que ella era la reina del Sur, con ERE o sin ERE, con Griñán y Chaves imputados o sin imputar, con bótox o sin bótox, ella era La Heredera. ¡Ole! A este Madina voy a crujirlo yo como está mandao. Necesito un candidato testaferro hasta que llegue mi momento. 
    La sevillana mandó a toda máquina a su tripulación y no paró hasta estrellarse con un escollo guapetón y resultón que, estaba segura, iba a dar el pego entre sus baroncitos. Tranquilo, chiquillo, tú hazme caso, que conmigo vas a llegar muy lejos. Déjate llevar, Pedrito. Mira, Susana, que yo soy más que una cara bonita. ¡A mi con esas! ¡Eh, mirad qué candidato más apañao os traigo! ¿A que va a dar el pego? Y así fue como la ambición rubia sevillana se llevó por delante a Madina y empezó a dinamitar, sin saberlo, con lo larga que tú eres, su propio futuro en lo alto del PSOE y el propio PSOE, con la inestimable complicidad de las bases socialistas, todo hay que decirlo, que todavía no se habían puesto en modo respondón y, aunque en el norte Edu lo petó, del centro para abajo, lo que decían por tierras andaluzas pesaba lo suyo y Susana se salió con la suya.

    Ignoro de lo que será capaz este PSOE con Pedro Sánchez al frente. Pero nadie puede quitarme de la cabeza que si, en aquellas primarias, las bases hubieran votado con el mismo tesón reivindicativo que emplearon después para plantar cara a La Díaz y aupar a Pedro Sánchez, y Madina se hubiera hecho con la jefatura del partido, las cosas habrían sido muy distintas para el PSOE y para España. Pero, en fin, eso no es más que política ficción.

    Esa noche en cuestión, la que conocí a Madina, digo, había acudido yo al distrito madrileño de Fuencarral, cuya federación socialista me había contratado para ejercer de maestra de ceremonias en su gran noche electoral. Una hora antes, ya estábamos todos allí. En el cartel: mi querido amigo y otrora compañero de tertulias Juan Segovia –otro socialista valioso desaprovechado-, diputado de la Asamblea de Madrid; el carismático Eduardo Madina, que no paraba de recibir constantes muestras de cariño y apoyo de los vecinos y afiliados que iban llenando el teatro, y el inefable barón José Bono. En el ambiente, miedo, mucho miedo porque las encuestas vaticinaban una caída del PSOE, que acabó derivando en batacazo, y mucho recelo hacia Podemos. Pero aquella tenía que ser y acabó siendo una noche triunfal y la procesión iba por dentro. Por fuera, chascarrillos y ocurrencias de Don José, al que no cesaba yo de repetir: ¿Pero qué habéis hecho? Las cositas entre Sánchez y Madina estaban tan tensas, gracias al buen hacer de la sevillana, que al vasco, resignado, obediente y apechugando, no le quedó otra que aceptar el puesto número siete en la lista por Madrid que le habían endilgado. ¿Que Eduardo se va a quedar fuera del Congreso? ¡Vamos hombre, hasta ahí podíamos llegar! –no cesaba de clamar Bono, con esa vehemencia tan suya. Y vamos si se quedó fuera… La segunda crujida en la frente.

    Esa noche quedé tan impresionada por la fuerza carismática y política de Eduardo Madina, el más aclamado y aplaudido por el público, de calle, por esa autenticidad que tan bien sabía transmitir y la manera en que lo hacía, que me sorprendí a mi misma ovacionándole en más de una ocasión, totalmente entregada a su magnífico speech.

    Así que ayer, cuando me enteré de que Madina tiraba la toalla política, no pude evitar sentir una cierta tristeza por él y por todos nosotros. Sentí una tristeza estructural, que vengo sintiendo de largo, por pertenecer a una época tan mezquina y canalla como esta, que acorrala sin piedad a los más capaces y encumbra a catervas de mediocres para que la plebe tenga su opio, o su soma, bien servido. Que hay mucho más opio más allá del fútbol. Sentí también una tristeza ácida y amarga por vivir en un país destinado a la fatal ausencia de entendimiento entre la izquierda en general; y por la estulta glotonería incontenida del PSOE y sus tramas oscuras, que han ido engullendo, uno tras otro, como si del dios griego Cronos se tratara, a sus mejores hijos: Borrell, Chacón, Talegón, Madina…

    Finalmente, sentí un cabreo descomunal ante la obscena falta de respeto en las redes sociales hacia Eduardo Madina y la decisión discreta y elegante que había tomado. También ahí lo crujieron. Leí de todo en el Twitter: que si es un traidor, un hipócrita, un fantasmón, que si va de cabeza a una puerta giratoria… Bueno, eso no lo sé, ya se verá. Pero, claro, ¿qué respeto se puede esperar de un país en que un dirigente canario y miembro actual del comité ejecutivo del PP, Benicio Alonso, llama a Eduardo Madina “el cojito de la ETA” y nadie de su propio partido le haya partido, valga la redundancia, ya lo creo que sí, la cara? Porque luego bien que se parten la cara y lo que haga falta reivindicando el asesinato de Miguel Ángel Blanco y exigiendo pancartas, que ellos sí que son anti-terroristas. Los demás ya tal… Salvo alguna cosa.

    ¡Qué elegante y profundo tiene que ser el sentido ético de alguien para no caer en la tentación de rentabilizar políticamente, cada vez que se tercie, la condición de víctima terrorista! Claro que esa siempre ha sido una de las claves del poderío que irradia Eduardo Madina, no ir de víctima. No sentirse una víctima. A pesar del antibiótico que se verá obligado a tomar hasta el fin de sus días, todos los días, sin rechistar, si quiere que el muñón de su pierna izquierda amputada no le amargue la existencia. A pesar de haber visto truncada su carrera como jugador profesional de voleibol del UPV Bizcaia, a los 26 años, en pleno apogeo. A pesar de haber perdido a su madre, que nunca ya superó la depresión que se adueñó de ella tras el atentado, y murió de un ataque al corazón diez meses después. A pesar de los pesares y de haberse visto obligado a renunciar a sus sueños y tener que inventarse otros. 
    Superar lo que él, y otros más, habrán tenido que superar y reconvertir todo la devastación física y emocional, inimaginable para la gran mayoría de nosotros, en una vida plena debe de dar una fuerza moral de la hostia. Y digo yo que tienen más que ganado nuestro respeto.

No sé qué quedará de aquel chavalote de Bilbao de 1m91, loco por la música y el volei, que acabó licenciándose en Historia Contemporánea por la Universidad de Deusto. Tampoco sé qué es lo que Eduardo Madina hará con su vida. Solo sé que el PSOE ha perdido uno de sus activos más valiosos, que empezó a militar en las Juventudes Socialistas a los 17 años y que deja su partido de toda la vida con 41, en plena madurez, cuando más preparado estaba para dar lo mejor de sí mismo. Algo no estarán haciendo bien. 
También sé que cuenta con todo mi respeto y que le deseo mucha suerte. ¡Que les crujan, Edu!







domingo, 23 de abril de 2017

¿Qué isla te llevarías a tu libro?


¿Qué isla te llevarías a tu libro, la de Aldous Huxley o la de Robinson Crusoe? ¿O preferirías que Penélope te la tejiera a medida? ¿Cuántas páginas surcarías para visitar a Stevenson? Te emborrachas de libros en la biblioteca de Borges, pero no te atreves a subirte a las barbas de Valle Inclán. ¿Dejarías a solas a Raskólnikov con Las Muchachas en Flor?

Preferiría no hacerlo.

¿Cuánta parte de tu alma seguiría en El corazón de las tinieblas de no haberte encaramado a los Ensayos de Montaigne? ¿Conversarías acaso con Goethe si Eckermann no te hubiera dado permiso? ¿Te agarraste un colocón con la imaginación de Gogol para alcanzar las alturas de Thomas Bernhard? ¿A quién acostaste primero, a Gargantúa o a Pantagruel?

Preferiría no hacerlo.

Si la pureza de Don Quijote no te conmovió, no puedes coronar la cima de La Montaña Mágica. Ni columpiarte en el humor de Jardiel Poncela sin pagar el peaje de Fernández Flórez y ponerte las gafas de Quevedo. Esconderte en las Metamorfosis de Kafka u Ovidio no te librará de las pesadillas del Hotel Overlook, por cuyos pasillos deambula Poe montado en uno de los gatos de Baudelaire.

Preferiría no hacerlo.

Planta cara a las musas si insisten en retarte a componer escritos. No se rindió Cervantes al maltrato de su época, ni sometió su ingenio a las bajezas de los mandamases, pues como dio en decir el caballero de la triste figura “aunque pusieron silencio a las lenguas, no le pudieron poner a las plumas, las cuales, con más libertad que las lenguas, suelen dar a entender a quien quieren lo que en el alma está encerrado.”

Preferiría no hacerlo.

¡Dámelo todo, Montaigne! Empújame desde lo más alto de la torre de tus Ensayos:

Sócrates fue el único estimado digno del nombre de sabio por haber seguido con certeza el precepto de su dios, que le mandaba conocerse a sí mismo. Quien así se conozca no vacile, y atrevidamente hágase conocer por sus palabras.

¡Oh, Bartleby! ¡Oh, humanidad!



Marisol Galdón

miércoles, 8 de marzo de 2017

MATADORES




Llegó el 8 de Marzo, nuestro día, yupi, el Día Internacional de la Mujer. En pleno 2017, superado ya el fatídico 1984 de Orwell y mucho más allá de la futurista odisea espacial del 2001 de Kubrick, aquí seguimos las mujeres, las que seguimos vivas, aprovechando que nuestro Día pasa por ahí una vez al año, más saturadas que las grasas de estancada impotencia en lo que a derechos y justicia se refiere y sin el más mínimo deseo de celebrar nada de nada.

No hay nada que celebrar, oigan. No nos insulten felicitándonos, por favor. Reservemos las felicitaciones para ese día en el que…

al levantar la vista
veremos una tierra
que ponga igualdad

Descanse usted en paz, camarada Labordeta, que estoy segura no le importará que haya intercambiado libertad por igualdad en su Canto a la Libertad. Habrá un día en que, cuando el destino se digne alcanzarnos, no necesitaremos un día para que el mundo haga el paripé reivindicativo con nosotras y falte de nuevo a nuestra inteligencia y abuse de nuestra tolerancia, olvidándose al día siguiente del maltrato y la vergonzante desigualdad a que nos somete, porque ya no será necesario.

Pero a la espera de que llegue ese día, hoy la mayoría de ordenadores de las redacciones mediáticas de todo el mundo se apuntan al postureo reivindicativo, con artículos, reportajes, documentos, y piezas para sus informativos plasmando, en el mejor y más solidario de los casos, las reiteradas, año tras año, década a década, golpe a golpe, violación a violación, reivindicaciones de las mujeres y sus derechos torcidos. La mayoría no son más que refritos de lo mucho que se lleva escrito ya, puesto que la realidad, para la inmensa mayoría de las mujeres del planeta, sigue tan embarrancada como los pasados 8 de Marzo de los últimos 50 años. Y vamos a peor.

Leeremos en las redes sociales, en fin, nuevos e imaginativos tuits, enlaces, artículos, memes y fotos plasmando el injusto proceder que una sociedad ingrata y, sí, lo siento, machista, asúmelo y déjate de hipocresías, muchacho, nos tiene reservado a las sufridas mujeres. E incluso habrá más de un gilipollas bromeando al respecto. Espero que no se cruce en mi camino cibernético.

Por todo ello, este 8 de Marzo, no pretendo abundar en lo mucho que se ha dicho y reivindicado y debe seguir diciéndose y reivindicándose, sin duda, qué remedio, el mundo se hace el sordo con nosotras, ya que el exhaustivo y reivindicativo artículo que escribí en este mismo blog hace un par de años sigue plenamente vigente, muy a mi pesar, y a disposición de quien desee leerlo: No woman no cry, Fight!!!





Asesinos habituales

Este año me he propuesto hacer saltar la banca de la historia del crimen mundial porque, por si no lo sabías, lleva siendo controlada desde tiempos inmemoriales por los hombres, prácticamente en exclusiva. Dispongo para ello de la objetiva y empecinada frialdad de datos y estadísticas que ponen al descubierto una realidad criminal que apenas nos cuentan por salir ellos, los hombres, tan mal parados.

¿Sabías, por ejemplo, que, a pesar de ser las mujeres algo más del 50 % de la población del planeta, casi el 95% de los homicidas de todo el mundo son hombres?

Así quedó recogido en el más reciente estudio mundial sobre el homicidio realizado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y publicado en 2014.

Ese mismo estudio recoge datos tan curiosos y sorprendentes como que “de país a país y entre regiones, independientemente de la tipología del homicidio o del arma empleada, los hombres suelen ser asesinados por alguien que ni siquiera conocen. Mientras que casi la mitad de las mujeres son asesinadas por las personas (hombres en su mayoría) más cercanas a ellas”. Esa traición de confianza resulta cuanto menos aterradora.

Como señalaba Enrico Bisogno, jefe de la unidad de desarrollo de datos de la UNODC, en una entrevista para la BBC: “Los homicidios son principalmente un problema de hombres, desde la perspectiva no solo de los perpetradores sino de las víctimas.”

Consultado al respecto el director del Instituto de Criminología de la Universidad de Cambridge, Lawrence Sherman, declaró, en ese mismo reportaje de la BBC, que la concentración de asesinatos entre hombres es una de las constantes más firmes de la criminología. A las mujeres nos matan menos. Y nosotras, cuando lo hacemos, es en la mayoría de los casos, en defensa propia.

Sherman citó los hallazgos del historiador urbano estadounidense Eric Monkkonnen, considerado una autoridad mundial en la historia del crimen. Monkkonnen nos legó sus exhaustivos y valiosísimos análisis sobre las estadísticas de homicidios en algunas ciudades, entre ellas Londres o Nueva York. No pueden por menos que impresionar y sobrecoger algunas de esas conclusiones:

-Homicidios cometidos en Londres entre 1719 y 1856, 137 años: 85% de los asesinos identificados fueron hombres.
-Homicidios cometidos en Nueva York entre 1797 y 1875, 78 años: 93 % de los asesinos identificados fueron hombres.
-Homicidios cometidos en Nueva York entre 1968 y 1994, 26 años: 93 % de los asesinos identificados fueron hombres.

En lo tocante a nuestro país, Miguel Lorente Acosta, médico forense y profesor de Medicina Legal en la Universidad de Granada, en un excelente y meticuloso artículo publicado en 2013, titulado Hombres asesinados y mentiras resucitadas, se encarga de poner los datos en su sitio a todos los machos manipuladores que los retorcieron en su favor. A raíz de unas estadísticas de violencia doméstica publicadas ese año en España, algunos de estos hombres se vinieron arriba y enarbolaron la bandera del 29% de hombres asesinados en el ámbito familiar. Pero como muy bien matiza el profesor Lorente Acosta: “se olvidaron mencionar que el 86% de los homicidios de hombres cometidos dentro de las relaciones familiares o domésticas son cometidos por otros hombres”.  

El porqué el instinto violento y asesino sigue estando, siglo tras siglo, muchísimo más arraigado y desarrollado en los hombres que en las mujeres es una incógnita, motivo de perplejidad y estudio por parte de todo tipo de criminólogos, psiquiatras, psicólogos, antropólogos y especialistas diversos. Y sin embargo, a día de hoy, no hay conclusiones claras y consensuadas al respecto. O no tienen interés en que las haya.

Algunos tratan de paliar el inagotable ansia depredador masculino amparándose en explicaciones puramente científicas, como las que sacaron en una investigación de la Universidad Hebrea de Jerusalén, publicada en la revista Genes Brain and Behaviour y que culpabilizaba al Gen UVPR1, en los casos en que es más corto, del exceso de agresividad y egoísmo. Factor este del tamaño que se produce casi siempre en los hombres.

Otras expertas, como la doctora Florence Rosemberg, profesora de Antropología de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la Universidad de México, lo tienen muy claro: “Los hombres inventaron la guerra y me refiero a los varones. Desde el neolítico, desde el surgimiento de las primeras ciudades, del poder y del Estado teocrático y militar, los varones empiezan a conquistar otros espacios y así inventan la guerra”. Y añade: “Es bien sabido que, cuando los hombres llegan a conquistar otros lugares, roban o violan a las mujeres, usan la violencia. Eso ha sido parte de la historia en los últimos 5000, 6000 años”.

Pues para querer sacar conclusiones, poca prisa se están dando… ¿Cómo es posible que sigamos igual, viviendo en una sociedad que tolera esta lacra? Desde luego, la escasa voluntad de querer solucionar o ni que sea enmendar la evidente aberración que muestran estas cifras, por parte de los hombres, los hace acreedores de una imperdonable falta de autocrítica patológica que comentaré a continuación y con la que debemos ser más implacables, puesto que los perjudicados somos todos y todas.

Con la testosterona hemos topado

¿Sabías que más del 98 % de asesinos en serie del mundo son hombres?

Si este dato brutal no basta para que expertos y expertas se pongan a ello de inmediato y busquen soluciones con urgencia y eficacia, es que la naturaleza humana se ha perdido para siempre.

Pero la reina del baile criminal de los hombres, a la que todos los expertos, sin excepción, le piden uno es, sin duda, la testosterona. El exceso de esa substancia, la hormona que dispara la agresividad, es la explicación habitual entre los que tratan de entender por qué los hombres son tan propensos al uso de la violencia. La concentración de testosterona en el plasma sanguíneo de un hombre es diez veces mayor que en el de una mujer. Y como el consumo metabólico de testosterona en los hombres es veinte veces mayor que en las mujeres, ya tienen la explicación servida.

Ah, pues muy bien, oiga, pero habrá que hacer algo al respecto, ¿no? Menos explicaciones y más soluciones. Porque no solo de testosterona está formado el hombre de los cojones. ¡Ahí le has dado! La testosterona es una substancia que juega un papel clave en el desarrollo de los tejidos reproductivos masculinos como la próstata y los testículos. Y no podemos descartar que ese infantil empeño atávico universal tan arraigado en los hombres, desde el minuto uno de los tiempos, por demostrar quién tiene más cojones sea la mayor y más absurda causa de mortandad de la humanidad.

Caballeros, ¿qué parte de civilización no han entendido? O me ponen más empeño en solucionar esto pronto o las damas nos hartamos del abuso de paciencia y vejación al que nos vienen sometiendo y aquí se va a montar la de Dios.

No deja de resultar sospechoso, por otra parte, que la mayoría de expertos varones acuda a explicaciones científicas, tratando de hallar justificaciones; y tengan que ser las expertas las que más ahonden en la búsqueda de explicaciones y soluciones psicológicas.

Candice Batton, reconocida directora de la Escuela de Criminología y Justicia Criminal de la Universidad de Nebraska, ha estudiado el tema larga y concienzudamente y considera más que evidente que los hombres son menos propensos a desarrollar las atribuciones negativas de culpa y tienden a buscar causas ajenas a su naturaleza con las que justificar su comportamiento y culpar a los demás de sus problemas.

Eso nos deja con una muy extendida y preocupante falta de autocrítica masculina que se viene llevando por delante la vida de millones de seres vivos. Pero nada, oye, sigan, sigan…

Las mujeres, por el contrario, somos más propensas a desarrollar atribuciones negativas de culpa, atribuyéndolas a causas internas. Y venga a machacarnos.

¡Es que somos imbéciles, chicas! Críticas con nosotras mismas y comprensivas con los demás. ¿Y de qué nos ha servido? ¿Cuánta tolerancia más estamos dispuestas a desplegar mientras ellos no se pongan las pilas correctivas con sus excesos? ¿Cuántos derechos legítimos más vamos a tener que luchar dando la vida en pago mientras ellos siguen matando porque van pasaditos de testosterona? ¿Hasta cuándo va a permitir la sociedad que el impulso criminal tan inequívocamente arraigado en los hombres siga llevándose vidas por delante?

Conclusiones

Teniendo en cuenta lo expuesto hasta ahora, no hace falta ser una lince para concluir que el afán criminal de los hombres le ha costado y le cuesta a la humanidad billones y billones de horas, recursos y dinero público dilapidado en gastos judiciales, policiales, penitenciarios, terapéuticos y sanitarios. Amén de quilates y quilates de sufrimiento, dolor, devastación e impotencia del todo incalculables.

Exigir mucha más seriedad, conciencia y voluntad de resolución para erradicar este gravísimo problema es lo mínimo que podemos hacer.

Y exigir respeto personal e institucional para todas las mujeres asesinadas, violadas, maltratadas, explotadas, infravaloradas, vejadas y torturadas por energúmenos, sociópatas, jefes abusadores, maridos y parejas desalmados, colegas trepadores, canallas camaleónicos…

Nosotras, las mujeres, no somos las criminales. Nosotras no causamos pérdidas al dichoso sistema. El sistema de los hombres, ese al que se nos permite acceder en cuentagotas. Y gracias. En nuestra declaración de renta de la vida nos toca a devolver. Porque son muchos más los beneficios que generamos (profesionales, emocionales, intelectuales, familiares…) que las molestias. Y sin embargo, incomprensiblemente, llevamos siglos tragando mucha injusticia y desigualdad sin merecerlo, que ya no sabemos qué más demostrar, demostrado está todo de sobras, y nos ha salido una úlcera en el alma que nos sangra de insatisfacción e impotencia.   

Esto no puede seguir igual. No podemos ni debemos seguir adelante mañana como si tal cosa. Dando por hecho que toda esa mierda masculina puede seguir apestando porque es lo normal. Ya el Día De La Mujer se celebró y a otra cosa. ¡NO, NO Y NO!

¡Respeto, consideración e igualdad!
#NiUnaMenos