viernes, 27 de diciembre de 2013


OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

(Mi propuesta para el 2014. ¿Quieres colaborar conmigo?)



   Chic@s, esto no pita. El panorama es opresivamente desalentador, sólo hay nubes de amargura e impotencia en lontananza y a lo más que llegamos es a abrir paraguas de resignación, para no calarnos hasta los huesos de desánimo. ¡No puede ser! ¡Tenemos que hacer algo!

   En el mundo mediático, periodístico, de la comunicación o como queráis llamarlo, la cosa está hundida: televisiones y radios cerrando a punta pala; productoras, periódicos y publicaciones que se van al garete; profesionales cualificadísimos en el paro y jóvenes talentosos a los que no se les permite iniciarse... ¡Terrible! Las empresas que resisten los envites de la crisis lo hacen a costa de sus empleados y colaboradores, pagando sueldos birriosos e infames. Y si todo ese sacrificio sirviera al menos para mantener un mundo mediático con contenidos culturalmente interesantes y divulgativos, oye, pues mira, no nos importaría tanto. Pero es que, al menos en lo tocante a la televisión, las propuestas culturales, en el más amplio sentido del término, apenas existen. ¿Acaso no tenemos derecho a aprender y pasar un buen rato escuchando a personas que compartan con nosotros su pasión creativa por la música, el arte, la literatura, el cine, la filosofía, la vida o... su pasión, en definitiva?


LA TERCERA VÍA


   ¡Así que se me ha ocurrido algo! La Tercera Vía, exacto. A ver qué os parece. En muchas ocasiones, algunos de vosotros me habéis propuesto: “Oye, ¿por qué no cuelgas algunas de las entrevistas que has hecho?” La verdad es que las he realizado en todos los formatos: para radio, tele y revistas, y a personas, personajes y personalidades interesantímos, algunos de las cuales, lastimosamente, ya no están entre nosotros. Lo que ocurre es que mis entrevistas televisivas, por ejemplo, son precibernéticas, las tengo grabadas en VHS y me ocuparía mucho tiempo (y dinero) digitalizarlas y todo eso. Aunque no descarto la posibilidad de rescatar algún día conversaciones mágicas con Luis Carandell, Luis G. Berlanga o Néstor Luján, o entrevistas a Manuel Vázquez Montalbán, Pilar Miró o Narciso Ibáñez Menta, por citar algunos. Vale, pero eso será después de la publicidad.

   Ahora, al lío, tú. Lo cierto es que se me da bien eso de entrevistar a la gente porque tengo mucha empatía, amplios conocimientos y un poso de experiencia importante ya. Y un sinfín de contactos nada desdeñable que he ido atesorando con el paso de los años. Que no haya ninguna tele dispuesta a apostar por ello no significa que no haya un público potencial al que sí le pueda resultar de interés. Esa “inmensa minoría” a la que se refería el eslógan de la 2 en los noventa. Que estamos en la era cibernética, hija, vamos, ¡lanza tu propuesta y busca mecenazgo! Así que me dije: “¡Qué demonios! ¿Por qué no escoges un puñado selecto y variado de tus contactos, introduces alguno nuevo y los entrevistas ahora? Luego, lo cuelgas en tu blog y lo compartes con todo el mundo.” Uf, es que eso tiene un curro increíble. Aquí no hay departamento de producción, ni redacción, ni cámara, ni nada de nada, monada. Tú tienes que apechugar con todo. ¡Y ahí es donde entráis vosotros! Yo pongo a vuestra disposición mis habilidades comunicativas, los contactos, la logística y el soporte técnico y vosotros hacéis una pequeña aportación económica. ¿Cuánto? Pues no lo sé, son tiempos duros para casi todos los que andamos por aquí. Vosotros veréis. ¿Lo intentamos?

       Me encantaría poderos ofrecer todo esto a cambio de nada, pero, al menos por ahora, no me lo puedo permitir. No han sido pocos los meses durante este cochambroso y rácano 2013, que pronto se termina, ¡gracias a Dios!, en que me he visto obligada a recurrir a amigos o a la paguita de mi viuda madre para salir del atolladero de fin de mes. ¡Desde aquí mi inifinito agradecimiento a todos ellos!

   Si el trabajo no viene a mí, tendré que ir yo a él, ¿no os parece?
   ¡Encarar el 2014 con una propuesta motivadora me parece una excelente manera de plantarnos en él! ¿Qué, os animáis?






¡FELIZ 2014! 
¡A POR NUESTROS SUEÑOS!

PD (2016): Las intenciones eran buenas, pero no cundieron. El pánico sí. Me vendí la casa. Sobrevivo.


     

            

sábado, 6 de abril de 2013

THE WORKING DEAD


    Hemos pillado una cogorza de desesperación y ya vamos rebasando las cimas de Ciorán. La suya era una desesperación de salón, elucubrada con tragos de champán. La nuestra es una desesperación de barrio de las afueras, agarrada a base de lingotazos del aguardiente barato que se toma en el antro del paro y los impagos. Pura gasolina con la que prendemos fuego en la calle a ritmo de escrache. O de lo que sea, la cuestión es salir y desahogarse. Y recordar a los elegidos en democracia que calientan las sillas de sus despachos para sevirnos y velar por nuestros intereses, no por nuestra miseria. Pero nadie baila, no tienen lo que hay que tener para plantar cara al asqueroso y machacante mainstream del sistema.

La resaca es peor. Empobrecidos de la noche a la mañana, los que todavía podemos volvemos a nuestras casas y nos liamos a mordiscos con las sobras del desencanto más rancio que pueda imaginarse. Las rendijas de trabajo escasean y no alcanzan para prostituirnos a todos. Los otros: Bienaventurados los desahuciados porque de ellos será el reino de los infiernos.

La dignidad es una puta de lujo que no podemos pagar. Y malvivimos con luz en los techos, a ver, y tinieblas en el corazón, a la espera de que el destino nos alcance, se apiade de nosotros y nos encienda una velita de consolación. Poco a poco, nos vamos quitando de esas malas costumbres adquiridas cuando las migajas de los defraudadores y de los que controlan el cotarro nos parecían opulencia. Y renunciamos a tanto que hasta alegría nos falta para llegar a fin de mes.

Como no podemos consumir, nos consumimos nosotros acechando en lontananza por si cae algún agarre que nos libre del abismo. Es tanto lo que estamos pasando que ya cualquier miseria malpagada nos sabe a gloria bendita. Cualquier cosa con tal de desengancharnos del vacío oscuro y maloliente del desempleo. Daríamos lo que fuera por volver a ser zombis en la película gore que ruedan los financieros con nuestros higadillos.
       
       ¿Para cuándo es el cásting de la nueva temporada de The Working Dead?         


    

sábado, 16 de marzo de 2013

ARMANDO EL CRISTO, DE VELÁZQUEZ



    No hace mucho, me decía mi amigo Taisán, hombre culto, ingenioso y revoltoso, que había dos cosas de mí que le encantaban. A saber: que era la última punki de la tele y que era un personaje literario puesto en la vida real. De las muchas cosas que han dicho u opinado sobre mí, debo admitir que estas dos me hicieron sentir especialmente bien. Toquecito de vanidad.

   

 Las valoraciones de Taisán se acomodaron en mi cabeza, en el mismo vagón en que viajan mis vivencias, se pusieron juguetonas y empezaron a proyectarme un flashback efervescente, que recogía algunas de las más singulares. Y es que independientemente de la mayor o menor fortuna con que la vida me ha agraciado o machacado, es del todo cierto que he tenido la gran suerte de vivir situaciones y experiencias curiosas y muy peliculeras. Hasta tal punto que, en mitad de alguna de estas experiencias, me giré yo, atónita, buscando una cámara, como si al destino le hubiera dado por ponerse cinematográfico y me estuviera filmando. No han sido pocas las ocasiones en que más que sentirme un personaje literario, me he sentido un personaje de película, rodando en tiempo real, sin guión y sin director. Esas secuencias improvisadas y mágicas de mi vida son, sin lugar a dudas, una de las mayores compensaciones que ha tenido el que me dejaran suelta en esto de la aventura del vivir.


    Hoy me he decidido a contaros uno de esos episodios, que tuvo lugar hará cosa de veinte años atrás.

    Once upon a time... 

    Vivía yo en la Barcelona postolímpica ,apasionada, guapa y triunfal, Barcelona, digo, en mitad de unas Ramblas más cosmopolitas que nunca. Mi piso estaba encima del Café de la Ópera, enfrente mismo del Gran Teatre del Liceu. Algo que me permitió asistir desde el privilegiado palco de mi balcón al acontecimiento histórico del incendio del Liceu. 


¡Ver esos cuadros enormes y deliciosos de Ramon Casas salir por patas del teatro y atravesar, bamboleantes, las Ramblas fue impresionante! Una impresión muy daliniana que ha prevalecido en mi mente como un acto surrealista real precioso e irrepetible. Lógicamente, los cuadros estaban siendo acarreados por operarios que los sostenían desde la parte posterior, pero la visión que yo tenía era la de unos cuadros bellísimos y de gran tamaño a los que les habían salido unas extremidades en la parte inferior y huían del fuego despavoridos. 

   Recuerdo que algunos compañeros gráficos de la profesión, sabedores de que yo vivía allí, consiguieron burlar el cordón policial y llamaron al telefonillo para que les permitiera acceder a la azotea del edificio y poder así dejar constancia fotográfica de aquel trágico e histórico suceso. Algo a lo que accedí gustosa, claro está.

    
        Por aquella época, no trabajaba yo en nada concreto. Mi último curro televisivo había sido en el singular programa Peligrosamente juntas, de la 2 de TVE, cuyo influjo permanecerá en mí hasta el fin de mis días. Departir de igual a igual, es un decir, con colaboradores como Luis G. Berlanga, Luis Carandell, Néstor Luján o Jorge Wagensberg o entrevistar a Alejandro Jodorowski (creo que fue la primera entrevista televisiva que se le hizo en España), Jordi Villacampa, Nazario, Manuel Vázquez Montalbán, Martirio o La Fura dels Baus es un lujo que ya nadie se puede permitir. Y no porque algunos de ellos ya no estén entre nosotros, que en paz descansen, sino porque las intenciones catódicas actuales están a otra cosa.
    


    Andaba, pues, cobrando eso del paro, algo a lo que mi actual condición de pringada autónoma ya no me permite acceder, y ocasionalmente hacía lo que vienen siendo bolos. Asistía a programas de televisión, como colaboradora puntual o como invitada. En calidad de esto último, sin cobrar, claro, fui a un programa de esos que no veía, pero a los que resulta imposible resistirse. Tal vez alguien de vosotros lo recuerde, se llamaba ¿Qué apostamos? y lo presentaban Ramón García y Ana García Obregón. Mis compañeros invitados aquella noche serían ni más ni menos que la mismísima Gina Lollobrigida –que resultó ser estirada y borde- y el portero del Real Madrid Paco Buyo, un tipo muy divertido. El programa se emitía en la 1 de TVE y era en directo, ¡gracias a Dios!, ya que duraba mogollón de horas, imaginaos lo que hubiera supuesto grabarlo... Cuando me llamaron y me lo propusieron, pensé: “Mira, tú, te pagan un viajecito a Madrid con un billete de puente aéreo –abierto, para usar el día y a la hora que quieras- y una noche en un hotel estupendo de cuatro estrellas. Aprovecha, nena.” Y eso hice. Madrid es una de esas ciudades que siempre apetece visitar, el calor de sus gentes es como el jamón de Guijuelo que anuncian en la radio: “único en el mundo”, y sus encantos, variados e interminables. Así que planifiqué mi viajecito. Si quería aprovechar el día, lo mejor era desayunarme bien e irme tempranito por la mañana hacia la capital del reino.



 

  Resultó ser un día radiante de primavera. El mes de mayo florecía y verdeaba en la gran profusión de árboles y parques madrileños. Dejé las cosas en el hotel y quedé con los de producción que me enviarían un coche sobre las ocho de la tarde. Tenía muchas horas por delante. Ese día me había propuesto ir a visitar el Prado. Hacía demasiado tiempo ya que mi espíritu no se pegaba un chute con sus tesoros pictóricos. Me encasqueté mi discman, enchufé los conciertos para violín y orquesta de Prokofiev -¡ufffff!- a toda mecha y dirigí mis pasos hacia la pinacoteca favorita de Vincent Price.
   


    Lo primero, al entrar, fue detenerme, cómo no, en las pinturas italianas renacentistas, Boticelli incluído. Y rendirle los honores al inventor del surrealismo mágico, El Bosco. Ese contemporáneo de Erasmo y Thomas More, nada, unos mataos. ¡La madre que parió a Don Jerónimo! ¡Qué cuelgue! Y mientras, Prokofiev bordando a las mil maravillas los preliminares de mi calentón artístico con sus notas de porcelana sónica. El gusto corría por mi cuerpo con un empuje que ya quisieran para sí los más salidos.



    Escaleras arriba, venga, venga, como una moto recién lubricada, mi objetivo ese día eran los italianos, misión cumplida, y las pinturas negras de Goya. Pero antes me tocaba pasar por delante de los cuadrazos de Velázquez, gigantes, detallistas y poderosos. No pretendía entretenerme demasiado en ellos, sino no me quedaría tiempo para superGoya. La luz natural entraba por las ventanas superiores de las altísimas paredes del museo y brillaba, a veces en exceso, sobre alguna de las pinturas. 

    En estas que me planto delante de El Cristo, como quien no quiere la cosa.     Me paro y no puedo dejar de mirarlo, allí, clavada, rebosante de un deleite que me era extraño, pero electrizante. Prokofiev sigue sonando y aunque ya se ha terminado su Concierto nº 1, mi favorito, sigo con el segundo. Por la gloria de mi padre que estoy en trance, totalmente transportada. El cuadro va iluminándose progresivamente y me tiene de tal modo hechizada que no puedo apartar los ojos de su visión. Empiezo a sentir un calorcillo y un cosquilleo corriendo por mis venas y un placer tan intenso y feliz que sonrío y... ¡Me desmayo! Como lo lees. Me caigo cuan larga soy, no mucho, poco más de metro sesenta, y cuando me despierto, estoy sentada en uno de los bancos del Prado. Un vigilante sostiene mi mano derecha y le va dando golpecitos y otro me abanica con uno de los programas del Museo.

        -¿Se encuentra usted bien?    

       -¡Menudo susto nos ha dado!    

       -¿Qué? ¿Qué ha pasado? –Pregunto, sin entender nada, mirando a mi alrededor.    

      -Pues que se ha desmayado y menos mal que este señor la ha sujetado, sino se hubiera pegado un buen batacazo.       

   Entonces reparo en el caballero elegante que hay a mi izquierda, sentado junto a mí, que me mira con amable cortesía y cierta inquietud. Le saludo y le doy las gracias por haber sido tan atento conmigo. Es francés, ningún problema, lo hablo bastante bien, ronda la cincuentena y es muy educado y viril. Los vigilantes se retiran ya, viendo que me voy recobrando, no sin antes recibir toda suerte de torpes agradecimientos por mi parte y convencerles de que no necesito comer nada.   

      -¿Y tú, Jean, has visto ya las pinturas negras de Goya?    

     -Yo sólo te he visto a ti...
    

     Huy, pienso yo, mirándolo de hito en hito. ¿Será un pirado? No tiene pinta, la verdad... Ya, pues esos son los peores, tía. El hombre parece adivinar mis pensamientos y me empieza a contar, sonriente y divertido, que entró en el Museo justo detrás de mí y quedó impresionado por mi persona. ¿Qué quieres que te diga? Fue lo que dijo... También empleó la palabra "hechizo", ensorcellement. ¡Vaya día! No pudo evitar seguir mis pasos, a una cierta distancia. Y yo, con los cascos, no me había enterado de nada, por el Cristo de Velázquez. Aún sintiéndome halagada, pero no sin cierta prevención, accedí a tomar algo en la cafetería del museo con él. Charlamos, vimos las pinturas negras de Goya y me invitó a comer a un lujoso restaurante.   

    La conversación es muy fluida y amena. Es un hombre simpático, agradable y sexy. Así me entero de que es un ingeniero marsellés, director adjunto del Instituto Mediterráneo de Tecnología,  que ha venido a Madrid para asistir a un simposio tecnológico. Es viudo y tiene dos hijos. Yo le cuento lo mío, que tengo que ir a la tele y tal. Él insiste en que quedemos luego, pero le advierto que el programa al que voy dura mucho y nunca se sabe con exactitud la hora en que termina.
    -No importa. Te esperaré.   

    Paseamos un poco y nos despedimos, no sin antes intercambiar información sobre nuestros hoteles. Vuelvo al mío, me arreglo, me recogen y me trago el ¿Qué apostamos? sin rechistar, Obregón y Lollobrigida incluidas.
  

  Cuando me llevan de vuelta al hotel, pasada la 1h30 de la madrugada, estoy exhausta, embriagada de todas las sensaciones que he tenido a lo largo del día. Un día que había empezado muy temprano para mí. Al entrar en recepción y pedir la llave de la habitación, me dice la chica:
    

    -Vaya, qué pena. No hace ni un cuarto de hora que se acaba de ir un señor que la estaba esperando. Ha estado sentado ahí más de una hora.
    -¿De verdad? 

    -Sí, de hecho, ha dejado este ramo para usted...


 Cojo el precioso ramo y subo a mi habitación, como flotando, dejándome llevar por la atmósfera inesperadamente mágica con que las fuerzas benignas me habían agasajado ese día inolvidable. 


   
    Esta es la tarjeta con que acompañó las flores mi galante Jean. Hay una flecha, sí, pero la parte trasera es privada y no os la pienso desvelar.


   

   Pues no, no le llamé. Ni ese día, ni ningún otro. Mira que si era el hombre de mi vida... Jamás lo sabré porque nuestros destinos no volvieron a cruzarse.

    Con el que sigo manteniendo una relación estupenda es con el Cristo de Velázquez. Antes de salir del Museo, compré una postal suya, que voy cambiando por una nueva cuando se aja demasiado. Ocupa un lugar privilegiado de mi estudio, junto a un Budita feliz, en posición flor de loto. Se llevan muy bien, no hay conflictos religiosos. Yo les enciendo una velita de vez en cuando, platico con ellos y siempre me reconfortan.
      
     


domingo, 24 de febrero de 2013

EN HONOR A LA BONDAD


    "Conste que he venido a pedir un desagravio para mi dignidad y un castigo para unos canallas."
    RAMÓN Mª DEL VALLE-INCLÁN
    Luces de Bohemia


    La bondad tiene fama de ñoña porque se la asocia con personas bobaliconas, naïfs o directamente piradas, cuando no gilipollas. Lógico teniendo en cuenta que el criterio predominante en el mundo del siglo XXI no es precisamente el de las personas bondadosas, sino el de las malévolas. El mundo ha ido avanzando guiado por los influjos de estas últimas y por la oposición constante, perseverante y sufrida de las fuerzas bondadosas. Ya que...

    Como dice Dostoievski, Dios y el Demonio se disputan el alma del ser humano, y el campo de batalla es el corazón de ese desdichado.
    ERNESTO SABATO
    Antes del fin (¡Ah, ese libro!!)


    Por eso yo a los malévolos les llamo diabólicos, directamente, puesto que eso es lo que son. No hay que andarse con rodeos. Desde el inicio de los tiempos, el mundo ha estado movido por esas dos grandes fuerzas: las del bien y las del mal. Y aunque Nietsche tuvo la osadía de plantarse más allá, me temo que al resto de los mortales no nos queda otra que estar más acá y apechugar con las consecuencias. ¡Que son muchas y complicadas! ¿Verdad, Friedrich?

    Por nuestras virtudes es por lo que somos más castigados.
   Más allá del bien y del mal

    Y como normalmente ejercemos nuestras virtudes con voluntad y conciencia mientras nuestros defectos nos sorprenden inconscientemente, aquéllas pocas veces nos procuran alguna alegría, mientras que éstos nos producen continuo pesar y tormento.
    GOETHE
    Poesía y verdad


   Anda que también es mala suerte, ¿eh? Bueno, el pesar y el tormento corren a cargo de la buena gente, claro, no de los chungos. Esos no se enteran de nada de todo esto. ¿No ves que le han puesto una epidural a la conciencia? Nuestro sufrimiento les importa un carajo. Ellos a lo suyo: ¡todo por la pasta! ¡Especulad, especulad, malditos! ¡Caiga quien caiga! (Ui, ¿dónde he oído yo eso? ¡Ah, sí, qué miedo!) Tenemos que parar ya esta escalada psicopática terrícola. Con un par de virtudes bien puestas. Y en eso estamos. Protestando en la calle, haciendo oír nuestro descontento legítimo, en legítima defensa. Porque se han metido hasta la cocina de nuestras democracias y las han dejado hechas unos zorros. No hay por dónde cogerlas. ¡No queremos ser vuestras chachas, mamones prepotentes! ¡Limpiad vosotros el desaguisado y empezad a alicatar! ¡Que te pego, leche!

   Atended: queremos cocinas nuevas, con mucha luz y unos cuantos peroles para preparar guisos sencillos que nos alimenten a tod@s. ¿Se han enterado sus señorías? Y a partir de ahora, esto va a estar controladillo, no sea que os dé otra vez por lo mismo. ¡Anda ya, sanguijuelas, que bastante conciencia nos habéis chupado ya!



    Cierto es que ha habido épocas, civilizaciones, etapas, decisiones o circunstancias en las que claramente se han impuesto las personas bondadosas; pero siempre después de haberse visto obligadas a mantener luchas terribles con las malévolas, muy a su pesar. Aunque, bueno, ya se sabe, en esto de poder, ambición, codicia y dinero los ímpetus malévolos dominan el cotarro claramente. Es lo suyo. Y este es su momento. El mundo se mueve a golpe de talonario, y no de conciencia. La intensidad del influjo de las astutas argucias de los malévolos es tal que incluso los más vulnerables de los bondadosos acaban por cambiarse de bando. U optan por quedarse en el limbo de los tibios, que siempre ha estado muy concurrido, aunque actualmente, según la última encuesta del CIE (Centro de Investigaciones Espirituales), sufre un serio overbooking. Por eso ahora los malévolos andan tan crecidos, ya que la principal caracterísitica de los tibios es dejarles hacer y aparentar que no se dan cuenta de sus corrosivos avances. Que miran para otro lado, vamos. Y a los bondadosos no les ha quedado otra que subsistir en la resistencia. O ponerse tibios a ratos, para pillar algo de pasta y no quedar excluídos para siempre del cotarro. Sólo así, ni que sea de vez en cuando, pueden enviar alguna andanada de bondad con que poner en evidencia las maquinaciones de los malévolos.


    Debemos reivindicar la bondad, la virtud más revolucionaria y efectiva. Se puede. Ser malo es muy fácil, hombre, mujer, no tiene ningún mérito. ¡Te lo ponen a huevo! ¿Y total para qué? ¿Para tener un jaguar en el garaje y una ampolla en el corazón? Que no, que no merece la pena... Y tal y como están dejando lo de la sanidad, menos todavía. ¡No me cansaré de repetir que la vida sólo se vive una vez!!! ¡Busca lo que te hace feliz y déjate de rollos! No permitas que estos chupailusiones te coman el coco. Sólo de ti depende vivir una vida que dibuje una sonrisa en tu rostro cuando llegues al final. Así que, venga, ponte las pilas y no caigas en la trampa del “no hay futuro”. ¡Claro que lo hay! Desenmascarémosles y no cesemos hasta que hayamos conseguido sanear toda esa dejadez putrefacta institucional tan descontrolada. Sí, lo sé, no hemos reaccionado hasta que nos han echado de nuestras casas, impedido el acceso a la universidad, dejado sin curro, saqueado nuestra sanidad... ¡No importa! Más vale tarde.



    ¿Te apuntas?