miércoles, 20 de enero de 2010

ENTRE TINIEBLAS MEDIÁTICAS

En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo.
Luces de Bohemia
Ramón Mª del Valle-Inclán

   ¡Hola!


   Me llamo Marisol Galdón y soy vidólica. O lo que es lo mismo, estoy enganchada a la vida.


   Una adicción agridulce, apasionante, desesperante, ingrata, estimulante, traidora, fascinante, retadora, injusta, sexy, divertida, decepcionante... En fin, una adicción que, como cualquier otra, depende de cómo interactuemos con ella.


   ¿Soy yo la que controla el cotarro o la vida me tiene agarrada por los pelos y tira de mí sin piedad?

   Trato de ser yo la que conduzca el carro de la vida, pero a veces me toca pasar por unos caminos tan tortuosos y empedrados, que no sé yo si voy a ser capaz de trotar de nuevo, alegremente, por senderos soleados y despejados, a la búsqueda y captura de la eterna motivación.


   La vida es la única circunstancia que nos es impuesta. Se ponen a parir, salimos y ¡hala, espabila! Los hay que pringan nada más nacer. Y no pocos, no, millones de nosotros. Aunque eso a los que vivimos en esta privilegiada parte del planeta, al menos a la mayoría, se la refanfinfla. Otros, superan el inicio a duras penas y tienen que vérselas con el desamparo, la carencia y la miseria. Su futuro es una incógnita. Luego están los que "lo tienen todo", menos atención, cariño y comprensión. O los que sufren abusos, torturas, prepotencias y bajezas ajenas, y ya no tienen ningún Charles Dickens que eleve su desesperación a la categoría de arte. Aunque sí tienen un montón de pirados dispuestos, en todo momento, a conducirlos por la senda psicópata de la vida.

   Y finalmente, estamos los que vivimos rodeados de comodidades, con una dosis adecuada de cariño y con fácil acceso al mundo de los mayores. A esa ciénaga hipócrita y codiciosa que te chupa el alma y te castiga una y otra vez como trates de comportarte como te dijeron que te comportaras.


   Un marrón, se mire por donde se mire.

   No voy a entretenerme más con estos temas, puesto que, poco a poco, iré introduciendo reflexiones sobre éste y otros asuntos en el blog, que trato de sacar adelante con mis limitadas nociones informáticas. ¡Y espero conseguirlo!


   Esto es tan sólo una presentación, para que nos vayamos conociendo.

   El azar condujo, un buen día, mi carro a través del mundo de la comunicación. Creo que acertadamente, ya que, ante todo, soy una persona tremendamente comunicativa. El único problema es que rápidamente comprobé que mis capacidades en esas lides no me servían para comunicar lo que yo quería comunicar. Fue complicadísimo irme abriendo camino en la jungla mediática, sin faltar a mis deseos ni a los de los demás. Ha sido un constante ejercicio de equilibrismo muy motivador al principio, pero progresivamente decepcionante y tan sólo útil para procurarme un sustento para vivir.


   La decadencia mediática está en pleno apogeo y mi desesperación no conoce límites. Hace años que subsisto en ese mundo, pero no vibro con él. No encuentro la manera de poder llevar a cabo alguno de los varios proyectos que he concebido y presentado en televisiones, radios y productoras. ¡Y me desespero! ¡Porque tengo tantas cosas que compartir con otras personas! ¡Y soy una gran mediadora entre la cámara, el micro y la audiencia! Pero no hay manera...
    Soy una persona que se mueve por principios, y no por finales. Lo digo porque toda esa bazofia televisiva de realitis y corazoneo degradante, vulgar e idiotizante sólo conduce al final de la poca decencia que malvive en las almas de los apáticos espectadores. Les priva, en definitiva, de acogerse a ningún principio edificante y enaltecedor.


   El motivo por el que nunca he querido tener nada que ver con todo eso no es otro que el de ser una vidólica, una apasionada seguidora de la vida, que no piensa desperdiciar el poco tiempo que nos es dado vivir ocupándose de gilipolleces. ¡No puedo, ni quiero! ¡No puedo faltarme a mí misma de ese modo! ¡No puedo faltar a mis congéneres desperdiciando mis capacidades y embruteciendo sus vidas! ¡Hay tantas cosas maravillosas en este mundo, para las que apenas tengo tiempo..!

   No pienso perder ni un segundo de mi vida incierta interesándome por algo tan falto de interés y tan repleto de ruindad. Creo que el objetivo primordial de cualquier vida es tratar de buscar todo aquello que saca lo mejor de nosotros, y no lo peor.
   El engranaje mediático me ha frustrado, es cierto. Pero no pierdo la esperanza de hallar una vía de acceso al exterior con la que todos, vosotros y yo, logremos estimularnos, divertirnos y sentirnos reconfortados y orgullosos de pertenecer a la raza humana. Algo que, a día de hoy, lo que más da es vergüenza propia y ajena.

   Somos muchos los profesionales del medio que sentimos una gran pena al ver cómo ha ido denigrando el sector. Nos sentimos apenados e impotentes porque no se nos deja realizar algo digno, útil y coherente. Estoy harta de que la gente se acerque a mí quejándose de lo lamentable que resulta que una mujer como Belén Esteban, por ejemplo, tenga el protagonismo mediático que tiene, habida cuenta de la escasa preparación que posee. Pues si lo tiene es por algo. Hay mucha gente que disfruta con esta mujer. Se ha acabado imponiendo la España de "charanga y pandereta" que tanto denostaba Machado. Es el trinfo de la mediocridad, del mal gusto y de la falta de respeto total hacia unos espectadores que hace ya demasiado tiempo que dejaron de respetarse.

   Además, ¿cómo queréis que una mujer como yo compita con Belén Esteban? Soy licenciada universitaria, hablo cuatro idiomas, tengo más de 25 años de experiencia, no ha transcurrido ni un solo día desde que tenía 18 años en que no haya dejado de leer, escribir, pensar, ver cine, escuchar música... de instruirme, en definitiva, y de tratar de ser mejor persona intelectual, emocional y espiritualmente, ¡y no me he operado absolutamente nada!


   Así lo tengo realmente crudo...

   ¡Ay, Dios mío! Ojalá que, poco a poco, se disipen las tinieblas mediáticas y puedan dejarse ver más rayos de luz catódicos...


   No hay que perder la esperanza.


   Seguiré luchando por la coherencia y la dignidad.


   Y, ¡por favor! no renuncieis a vuestros sueños.

martes, 19 de enero de 2010

¡OH, SOLE MÍA!

Soledad, a ti me dirijo
y te hago mía porque tú me haces tuya y mía a la vez.
En tu compañía gozo de mi ser
sin miedos ni tapujos,
con complacencia y total libertad.
Sé que de muchos eres temida,
mas por mí siempre amada.
Soy yo misma, al cien por cien,
cuando tu ser me acompaña,
y aunque mis deleites
se esparzan y se regocijen, a veces,
en compañías ajenas,
a ti vuelvo siempre,
ansiosa por reencontrarte
y por balancearme en tu voluptuosidad,
para deleitarme sin fin
de tu reconfortante compañía.

Cuando estamos en compañía de alguien, por mucha confianza que exista con la persona en cuestión, una parte de nuestro ser permanece alerta ante las posibles distorsiones que puedan aparecer. O ante los pactos tácitos que establecemos en nuestras muy diversas relaciones, para no faltar a ellos sin darnos cuenta. O ante cualquier clase de interferencia que pueda malversar los fondos de nuestros encuentros con los demás. No son, ciertamente, numerosas las situaciones y las reuniones que nos permiten mostrarnos totalmente relajados. Eso no significa que debamos renunciar a la compañía de los demás, pero tampoco mitificarla en detrimento de la soledad, hasta el punto de catalogar esta última como algo triste que hay que evitar a toda costa. Sin duda, esta equivocada visión de la cuestión subyace en los problemas de fondo de muchísimos seres humanos, que se las ingenian de mil y una maneras para no quedarse nunca solos y acaban acompañados, pero totalmente perdidos.

Estar a gusto en soledad es imprescindible para poder gozar plenamente de cualquier compañía y para sentar una base sólida en que apoyar nuestra futura felicidad.

Cuando se ha ido por la vida tan franca y confiada como yo he ido, con la inconsciencia suficiente para mostrarme tal cual, se aprende a generar una savia intuitiva que alimenta las intuiciones y te mantiene alerta, y te previene de la mala fe o del falso proceder de los tipos desaprensivos que se cruzan en tu camino. Es una especie de técnica depurativa con que protegerse de los malos tratos espirituales y de la hipocresía emocional. Pero, ¡ay!, siempre hay alguien por ahí que gusta de los ardides y de la astucia, o de la hipocresía, o que está sospechosamente pendiente de sus intereses sin que tú te enteres, y acaba por fastidiarte. Así, pues, por muy actualizado que tengamos el programa de nuestra técnica, no siempre salimos airosos de los encuentros con los demás, ya que, como muy bien decía John Milton, en unos versos que cité anteriormente:

...muchas veces, aunque
monte la sabiduría su guardia, la sospecha
a su puerta dormita y al fin le cede el puesto
a la simplicidad; mientras que no ve males
la bondad donde males no parece que existan.
El paraíso perdido

Conclusión: Tarde o temprano, te acaban colando un gol. Aunque hayas puesto a Iker Casillas bajo los palos de tu intuición. Si eres buena gente y no vas por la vida a la defensiva y sigues oponiéndote a adulterar tu actitud, es inevitable que así sea. Y no hay que consternarse por eso, ¡qué va! Tan sólo constatar que lo dañino, lo incómodo o lo mezquino tienen la posición bien tomada en esto de la vida, que saben camuflarse convenientemente y que te tienden una emboscada cuando menos te lo esperas. Siempre acaba apareciendo alguien dispuesto a enredarte. La parte positiva es que nunca está de más tenerlo presente; y que si ha surgido una situación de este tipo, es porque nos habíamos relajado en exceso, o sin haber necesidad de ello.

Todo eso no ocurre, sin embargo, cuando estás en soledad. Cuando estás contigo mismo, puedes relajarte cuanto quieras, no tienes que estar pendiente más que de ti. ¡Qué alivio! Si alguna palabra define lo que para mí es la soledad, la primera que se me ocurre es liberación. La soledad me libera del corsé de la prudencia y de lo socialmente correcto. Todo mi ser brinca, sin miedo a tropezarse o a pegarse un coscorrón. Yo misma construyo el menú de mis días, y me pongo morada de las más diversas sensaciones. Y lo hago al ritmo que me marca mi ser, sin miedo a rebasar los límites de velocidad que imponen las existencias correctas, o encantada de aminorar las marchas de mi rumbo hasta la ralentización más sutil, si así me lo pide el cuerpo. A solas, me reencuentro con mi vulnerabilidad, platico con ella y trato de fortalecerla, no de protegerla. Ya no estoy obligada a prestar atención a temas o a circunstancias que me son ajenos o no tan propios e interesantes como otros con los que ansío retozar.

Sé en la soledad tu propio mundo.
TÍBULO

Supongo que suena egoísta, pero, francamente, no veo forma de acceder a la web de la felicidad sin ciertas conexiones de egoísmo. Hombre, tampoco hace falta montar una línea ADSL y estar todo el día dale que te “ego“, pero, al menos en mi caso, sé positivamente que jamás podré sentirme profundamente feliz si no dispongo del tiempo y el espacio suficientes para dedicarlos a mí misma, a mi mundo, a mi soledad.

La soledad no nace porque uno no tenga a nadie a su alrededor sino más bien porque las cosas que a uno le parecen importantes, no puede comunicarlas a los demás, o considera válidas ideas que los demás tienen por improbables. (...)
Cuando un hombre sabe más que los demás se queda solo. Pero la soledad no surge necesariamente en oposición a la comunidad, puesto que nadie siente más la comunidad que el solitario, y la comunidad florece tan sólo allí donde cada individuo rememora su propia singularidad y no se identifica con los demás.
CARL GUSTAV JUNG

¡Ah, Jung! ¿Por qué, a menudo, cuando te leo, me siento tan conectada contigo, y tan reconfortada? Excepto en lo de saber más que los demás, pues no me interesa cuantificar mi saber y menos aún compararlo con el de los demás, el resto de las palabras del sabio suizo hace años que me transmiten un gran confort espiritual e intelectual. La primera vez que las leí, se me saltaron las lágrimas y las releeí, fascinada, por sentirme plenamente identificada con su contenido. ¡Eso mismo -pensé -es lo que me sucede! Así que las copié en un papel y las colgué en uno de los laterales de la cajonera que hay al lado de mi escritorio.

A menudo, he sentido que había partes de mí misma que no sintonizaban plenamente con mi entorno. No en todo momento o en todas las circunstancias, incluso en compañía de personas más o menos afines. Supongo que a muchos de vosotros os sucederá algo parecido. Bueno, pues cuando eso me ocurre, no me siento a gusto renunciando a mí misma, o a una parte de mí; o puedo hacerlo eventualmente, pero, antes o después, necesito volver de nuevo a mi rollo, y sé que donde mejor lo potencio es en soledad.

Siempre me he sentido empujada, desde lo más profundo de mi ser, a salvaguardar mi esencia, mi idiosincrasia y mi personalidad. O a acogerme a los puntos de referencia que considere más válidos, independientemente de los que imperen en esos momentos. Quiero decir que el mundo se mueve a ritmo de modas, en todos los campos; unas serán más locales, otras más internacionales, pero es indiscutible que hay épocas en que se pone de moda leer un determinado libro, ver determinadas películas, vestirse de determinadas maneras o tener determinadas opiniones sobre determinados temas. Y si no lo haces, pasas a convertirte en un elemento desfasado. Pero yo siempre me he negado a dejarme arrastrar por esa inercia. Sabida es la afición de este mundo a manejarnos a su antojo, y no estoy dispuesta yo a que eso suceda conmigo. Es una especie de rebeldía interna la que me lo impide. Tal vez por eso me haya sentido siempre más identificada con las excepciones que con las reglas, y me cueste aceptar y soportar el concepto de “normalidad”, sobre el cual reflexionaba un buen día y se me ocurrió la siguiente frase:

La normalidad es un peso pesado impuesto por la colectividad con el único fin de salvaguardar la mediocridad de la mayoría.

Lo cierto es que la vida, a veces, puede resultar un poco frustrante. Sobretodo cuando te das cuenta de que los libros que lees, o las pelis que ves, o, como decía Jung, “lo que para ti es importante” no puedes compartirlo con los demás; o se te hace difícil encontrar personas con las que compartirlo. No te queda más remedio, entonces, que disfrutarlo en soledad. Si renuncias a hacerlo, jamás serás feliz, o acabarás neurótico...

Se convierte en neurótico todo el que intenta dos cosas, al mismo tiempo, perseguir su fin individual y adaptarse a la colectividad.
C.G.JUNG

Esta cuestión resulta, sin duda, más problemática, cuando lo que no compartes con los que te rodean, con demasiada frecuencia, es algo tan denso, profundo y primordial como tu espíritu. Y hay que andarse con mucho ojo en este sentido, ya que...

...No se puede chancear con el espíritu de la época, pues éste equivale a una religión, mejor dicho a una confesión o un credo cuya
irracionalidad no deja nada que desear y que a la vez reúne la
desagradable condición de pretender ser considerado como la medida absoluta de la verdad.
CARL GUSTAV JUNG
Realidad del alma

Supongo que la clave está en saber compaginar nuestros deseos y nuestras necesidades con los de los demás, y en saber compartir nuestro mundo con los de los otros, sin renunciar a él.

Quien pueda debe tener mujer, hijos y bienes, pero sin aficionarse tanto a ellos que su felicidad de ellos sólo dependa. Siempre conviene tener una estancia, secreta y propia, en la que establezcamos nuestra verdadera libertad y nuestra principal soledad y retiro.
MONTAIGNE
Ensayos


Acaso el hecho de ser hija única haya contribuído lo suyo a que la soledad y yo hagamos buenas migas desde siempre. A pesar de distinguirme por ser una persona tremendamente sociable y comunicativa, simpática y vivaracha, que comparte gustosa su tiempo con los demás; ya desde pequeña, necesitaba pasar momentos a solas, con mis cosas y mi mundo. Me crié en un pueblo, y fui muy feliz jugando en la calle con mis amigas y amigos, que siempre fueron numerosos, pero eso nunca me impidió seguir deseando pasar ratos a solas.

Creo que una de las cosas que mayor regocijo me causa es hallar, de repente, personas con las que compartir parcelas de mí misma. Eso me proporciona un inmenso placer. Y soy, en ese sentido, una persona ciertamente privilegiada, porque lo mejor de mi vida, sin duda, es el variado y numeroso tesoro humano que he ido acumulando con los años. Valoro enormemente la lealtad y el afecto de todos aquellos que deciden compartirlos conmigo. No en vano, me enorgullezco de saber corresponderles, así como de saber conservar su aprecio y su interés, independientemente del número de años que haya transcurrido desde el inicio de nuestra amistad. Y saber que todos ellos están ahí, supongo que me permite gozar más profundamente de mi soledad.

Y gozar de la soledad es, de hecho, lo único que puede garantizarnos estar a gusto en compañía. Estoy segura de que mis encuentros no resultarían tan gratos, si no accediera a ellos después de haber vitaminado mi ser en soledad, pues no sería tanto lo que podría aportar. Si buscamos la compañía ajena para huir de nosotros mismos, ¡qué poco futuro tendrán nuestras relaciones!

La soledad es, por otra parte, el detector de mentiras más eficaz para el ser humano. Todas esas máscaras con que algunas personas acostumbran a presentarse en sociedad se caen por sí solas, cuando se está a solas. Los complejos mecanismos que algunos urden para conseguir determinadas ventajas se desarman por sí mismos cuando la soledad les acecha. Todo aquel que se siente incómodo cuando goza únicamente de su propia compañía, debe pararse a reflexionar seria y profundamente sobre sí mismo. Seguro que algo no funciona. Los astutos engranajes del mundo son conscientes de las lagunas que algunos seres humanos pueden sentir estando en soledad; por ello procuran tener siempre bien nutrida la lista de actividades de ocio, para tenerle distraído y evitar que piense “demasiado”. Muchas veces decimos: “Es que pienso demasiado” o “No le dés más vueltas, no pienses más en ello”. Pero nos estamos expresando mal, en todo caso, lo adecuado sería decir: “Pienso desordenadamente sobre demasiados temas, en vez de concentrarme únicamente en uno solo” o “No dés más vueltas sobre el mismo tema, deja que transcurra un rato, piensa en ello más tarde”.

La soledad y la reflexión se complementan estupendamente. Un mínimo de reflexión se hace inevitablemente necesario a todo aquel que aspire a estar o sentirse en paz consigo mismo. La reflexión, en la calma y el sosiego de la soledad, nos ayuda a vislumbrar la luz en oscuridades que nos habían ensombrecido y apenado; o a comprender que determinados problemas no son tan complicados como parecían; o a decidir tomar determinadas soluciones; o a darnos cuenta de que el camino que llevábamos no era en realidad el que deseábamos... Reflexionar, en suma, sobre nuestra vida es simplemente necesario para poder hacernos con una que nos haga sentir bien, y quitarnos de encima proyectos vitales que, en realidad, no se ajustan a nuestros deseos o expectativas.

Por todo ello, no entiendo la mala fama que tiene la soledad. Se la asocia con la melancolía o el desamor. ¡Y es todo lo contrario! La soledad bien alimentada es el mejor sostén vital para cualquier ser humano, el que mejor puede conducirle al amor y permitirle gozar redobladamente de su encuentro. Sin la necesaria soledad, toda relación con los demás es inútil, insatisfactoria o incompleta. ¡Ay de aquél que no tenga tiempo para estar consigo mismo! ¡Cuántos trastornos no causará a los demás!

No hay peor soledad, supongo, que la que uno siente en su interior estando rodeado de gente; como no la hay mejor que la que uno siente estando solo sin sentirse solo. Además, ¿cómo es eso posible? Lo de estar solo, quiero decir; en realidad, nunca estamos completamente solos. La prepotencia humana no conoce límites y pretende que estamos en soledad cuando, en realidad, hay un montón de seres a nuestro alrededor. Seres vivos de muchas clases con los que yo soy muy respetuosa. Ignorarlos me parece una insensible e imperdonable torpeza por nuestra parte. Todos esos seres son muy importantes en nuestra vida, no sólo por sus vastísimas utilidades, sino por su mera presencia.

¿Qué sería de nosotros sin la reparadora presencia de las plantas que nos rodean? Su simple visión enaltece el ánimo y nos predispone al buenrollo. Cuidarlas, mimarlas y tratar de que crezcan a gusto es un placer que compensa sobradamente de la atención que nos obligan a prestarles. ¡Qué dicha cuando se desparraman esplendorosas y brotan alegremente! Yo siempre he tenido muy buena mano para las plantas, como popularmente se dice, aunque no creo que eso sea ningún mérito, sino el resultado completamente natural de un deseo puesto en práctica con responsabilidad. Cualquier persona que se haga con una planta conseguirá que esté hermosa si le presta la debida atención. Las plantas poseen su propio lenguaje, fácil de entender para todo aquel que las sepa escuchar. Si tú te compras una planta y, al cabo de un tiempo, te das cuenta de que la cosa no funciona, te preocupas por el asunto. Te acercas, lo primero que haces es tocar la tierra para comprobar el estado del conducto alimenticio de la planta, que, salvo casos muy excepcionales e infrecuentes, no debe estar ni muy seca ni muy húmeda. Si éste no es el problema, lo siguiente es comprobar su ubicación, ¿tiene suficiente claridad? ¿le da el sol de pleno? A veces, cambiar a una planta de sitio es salvarle la vida y, por consiguiente, alegrársela y alegrárnosla.

Las plantas y los árboles, seres simples y delicados, sencillos hasta la sofisticación, tienen la capacidad de interceder en nuestro ánimo y de saber negociar de maravilla con las pequeñas sombras que, en ocasiones, vienen a importunarlo. No hay mejor remedio para un estado de ánimo inquieto y preocupado que darse una vuelta por un entorno ocupado, en mayor o menor medida, por estos seres: un jardín, un parque, un bosque, un campo, una plaza, una calle, un desierto, una montaña, un monte... El estilo, que cada cual escoja el que más le reconforte: unos lo preferirán húmedo y frondoso, otros seco y solitario, unos, alejado, otros, cercano. Eso es lo de menos. Lo que de verdad importa es que estos seres emanan un sinfín de influjos que penetran consciente e inconscientemente en lo más profundo de nuestro ser y avivan las brasas de nuestra sensibilidad, generando un caldo de cultivo sabrosísimo que alimenta nuestro espíritu de una manera casi diría que milagrosa.

¿Y los animales? ¿Qué me decís? ¡Se aprenden tantas cosas cuidándoles y observándoles! Y no me refiero sólo a los clásicos animales de compañía, sino a los animales en general. Al que no me crea, le recomiendo la lectura de Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell, un libro espléndido por muchas razones e ideal, por cierto, para regalarlo a alguien que desee iniciarse en el hábito de la lectura. Seguro que le engancha y siembra en él el deseo de leer más libros.

Todos los animales desconfían del hombre, y no sin razón; pero desde el momento en que tienen la seguridad de que no quiere dañarlos, le cobran una confianza tan grande, que es preciso ser más que bárbaro para abusar de ella.
Confesiones
JEAN-JACQUES ROUSSEAU

Uno de los grupos que más fama de molesto tiene, en el mundo animal, es el de los insectos, pero no todos lo son. Las arañas, por ejemplo, si se sabe llegar a un pacto con ellas, son muy útiles porque se alimentan de insectos más pequeños y, ésos sí, molestos, y nos libran de su incordiante presencia. Lo mismo sucede con las ranas o los sapos. Aparte de que los batracios son unas criaturas de lo más simpático y divertido. A mí me encantan. Tanto que a un sapo que habita en mi jardín, ¡un pedazo de sapo!, le puse el nombre de Sir Gawain, mi caballero favorito. Tan hermosote es que, un buen día, le di un beso... por si acaso. Pero ni caso. Claro que se lo di en la frente e igual no vale. Pero me daba un cierto reparo besarlo en la boca, pues, aunque él me conoce y me deja cogerlo y tocarlo, pudiera ser que se asustara si veía mi boca acercarse peligrosamente a la suya y soltara esa pegajosa substancia que escupen como medida defensiva, y me dejara el cutis hecho un asco.

Aunque, claro está, por sus cánticos y sus vistosos plumajes, son las aves las que más plácidamente llenan todos los rincones con su presencia. ¡Qué criaturas más listas y adorables! Me conmueve tenerlas junto a mí. Al principio, les ponía comida en una parte del jardín, pero los gatos pronto se percataron y acudían a incordiarles a la que yo desaparecía. La cosa llegó a tal punto que parecía yo la abuelita de Piolín persiguiendo a un montón de Silvestres con la escoba. Hasta que se me ocurrió hablar con el herrero del pueblo:
-Oye, Antonio, ¿tú podrías construirme un artefacto, algún tipo de armazón, en el que poder colocar los comederos de los pájaros?
-¿Una jaula?
-No, no, no, no. No quiero encerrarlos, deseo que sigan siendo libres. Lo único que quiero es una especie de estructura abierta, con dos o tres estantes y un tejadillo, para colgarla en la pared, lejos del alcance de los gatos, y que puedan comer tranquilos y no se mojen cuando llueve.
-¿Y quieres decir que vendrán y no se asustarán?
-No lo sé. Vamos a probarlo.
Al cabo de un tiempo, se presentó Antonio en mi casa, con un gracioso armatoste que me había ido construyendo en sus ratos perdidos, y que respondía perfectamente a la idea que yo había concebido, hasta había instalado un columpio y todo. No sólo no me quiso cobrar nada por ello, sino que tuvo la gentileza de colgarlo en una de las paredes traseras del jardín. Durante los primeros días, los comederos permanecieron intactos, por mucho que yo me esforzara por atraer a los pájaros hacia ellos, o precisamente por ello, pues no debemos olvidar que la zona en que yo vivo es territorio de cazadores. Pero, poco a poco, fueron acercándose cautelosamente, hasta tener la certeza de que aquello no constiutía ningún tipo de trampa, y, finalmente, han convertido esa bonita estructura en su comedero habitual.

Los pájaros viven conmigo durante todo el año, anidan y duermen en los árboles y los arbustos que hay en mi casa y en los alrededores, y me conceden el privilegio de su presencia. Algunos, como los ruiseñores o los jilgueros, se van cuando empieza el frío; pero vuelven todas las primaveras y tonifican mi existencia con sus cánticos virgueros y espectaculares. Las golondrinas, que anidan en el porche, también vuelven con el buen tiempo; siempre, cuando llegan, empiezan a dar vueltas de reconocimiento alrededor de los nidos que ya tienen construídos y emiten esos grititos tan simpáticos y característicos, sin cesar de volar alegremente y de obsequiarme con sus acrobacias aéreas.

Cuando los hombres instituyan las fiestas lógicas de la vida, habrá la fiesta de las golondrinas.
Tienen tal importancia las golondrinas, que en su adolescencia Cocteau sufrió la mayor angustia temiendo morir sin haber expresado “los chillidos de las golondrinas”, y Dalí ha supuesto que “las catedrales de Nueva York tejen medias y mitones para vosotras, ebrias y empapadas de coca-cola“.
(...)
Las golondrinas son bigotes y perillas del cielo.
RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA
Cartas a las golondrinas


Otras aves, como los petirrojos, vienen justo durante los meses más fríos, y aunque no canten de manera espectacular, es una delicia verles posados en las ramas, con su pechito anaranjado. Los únicos que siempre están ahí son los gorriones -o los gorrones, como yo les llamo, porque no paran de comer- y los mirlos, con el precioso plumaje negro azabache de los machos, que contrasta con su pico amarillento, y sus inacabables cantos.

No es imprescindible vivir en el campo para disfrutar de todos esos seres. Las aves están por todas partes, sólo es necesario percatarse de su presencia y someterse a la magia de sus benéficos influjos.

Como véis, es del todo imposible estar completamente solo. Y, para mí, lo es, además, sentirme sola.

Si pasamos al terreno del mundo inanimado, existe ahí un variadísimo abanico de presencias sobrehumanas, capaces de alimentar sin tregua la vida de cualquier persona, siempre que se deje. Me refiero a todas esas obras surgidas de la inspiración de otros seres humanos en forma de libros, músicas, películas, fotos, cuadros... Todas las obras engendradas en soledad, con el propósito de transmitir al mundo un puñado de arte, y establecer una comunicación sensible con los demás. ¿Acaso es posible sentirse solo en su presencia?

Todo esto demuestra que la soledad, en su sentido más común y desolador, no depende del número de gente que nos acompañe, sino del estado en que se halle nuestro interior. Y si, por casualidad, alguno de vosotros acostumbra ir por la vida aparentando acomodarse a lo que en verdad no le acomoda, ¡cuidado! porque corre el peligro de acabar resultando un serio peligro para sí mismo y para quienes le rodean.

Por eso hemos de recogernos en nuestra alma; que tal es la verdadera soledad y la que cabe gozar incluso en medio de las ciudades y las Cortes regias, si bien en el aislamiento se goza mejor.
Mas, si resolvemos vivir solos y sin compañía, hagamos que nuestro contento dependa de nosotros mismos, desatemos los lazos que nos unen a los demás y adquiramos el poder de vivir conscientemente solos y a nuestra manera.
MONTAIGNE
Ensayos

jueves, 7 de enero de 2010

SER O NO SER

RUBÉN.- ¿Ha conocido usted alguna Ofelia, Marqués?
EL MARQUÉS.- En la edad del pavo todas las niñas son Ofelias. Era muy pava aquella criatura, querido Rubén. ¡Y el príncipe, como todos los príncipes, un babieca!
RUBÉN.- ¿No ama usted al divino William?
EL MARQUÉS.- En el tiempo de mis veleidades literarias, lo elegí por maestro. ¡Es admirable! Con un filósofo tímido y una niña boba en fuerza de inocencia, ha realizado el prodigio de crear la más bella tragedia. Querido Rubén, Hamlet y Ofelia, en nuestra dramaturgia española, serían dos tipos regocijados. ¡Un tímido y una niña boba! ¡Lo que hubieran hecho los gloriosos hermanos Quintero!
RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN
Luces de Bohemia

Tengo que encontrar una transición cuanto antes y salir del estancamiento cagando leches. El exterior me estanca trabándome, no me permite avanzar y yo no me permito retroceder. Así que aquí estoy, hecha un basilisco. Sí, ya sé que no es la mejor manera de afrontarlo, pero reconozco que la impotencia es la sensación que más fácilmente me saca de mis casillas. Y supongo que así debe de ser, lo de “estar encallada” quiero decir; el destino me obliga a afrontar este muermo para que me concentre en mí misma y alcance la salida de este maldito laberinto yo sola, sacando lo mejor que hay dentro de mí. Digo yo, porque si mi salvación depende de lo que hay afuera... ¡menudo panorama!

Una vez, hace años, encontrábame yo algo abatida y Luis Antonio de Villena me decía que no desesperase, que tan sólo afrontan adversidades las personas con capacidad suficiente para superarlas y que eso nos fortalece y nos ayuda a crecer. Algo muy en la línea de lo que Vincent Van Gogh escribía a su hermano Théo, en una de sus muchas y bellísimas cartas:

El que vive sinceramente y encuentra penas verdaderas y desilusiones, que no se deja abatir por ellas, vale más que el que tiene siempre el viento de popa y que sólo conocería una prosperidad relativa.

¡Y así acabó el pobre! Sí, vale, él estaba enfermo de esquizofrenia, ¿pero acaso no contribuimos todos a ello? Lo siento, pero a todos nos toca apechugar con la ignorancia y el desprecio que nuestros ancestros emplearon para (mal)tratar a Vincent Van Gogh. El inconsciente colectivo y todo eso... ¿Y quién me dice a mí que yo no pueda acabar igual, teniendo en cuenta, además, el tipo de vida aislada que he escogido? Porque es que, joder, llevo años apechugando con insatisfacciones y decepciones de todo tipo a base de bien. Y alguno habrá que pensará que tan sólo se decepciona el que espera algo. Ya, pero yo no espero realizar o que me sucedan cosas imposibles como ser millonaria, conocer a un Clint Eastwood que me quiera -bueno, aunque eso no estaría nada mal...- o, ya que estamos, irme a trabajar a Hollywood. Noooo. Lo único que yo pretendo es ganarme la vida con mi talento y mis capacidades, y poder hacer algo que me realice, no que me denigre. ¡Y lo he intentado y lo sigo intentando a través de las más diversas vías! Pero es que no hay manera... ¿Cuánta capacidad de aguante se creerán los dioses que tengo yo? Hombre, podríamos decir que soy una persona fuerte, resistente, pero, francamente, no tengo vocación de santa o de mártir.

Bueno, sea como sea, me guste o no, esto es lo que hay. Así que será mejor que me mentalice y encuentre la manera de apañármelas para salir del atolladero, sin decepcionarme a mí misma. Y, francamente, la única manera que se me ocurre de conseguirlo es siendo yo misma. De hecho, soy una firme convencida de que lo importante no es dar, estar, hacer o recibir, no, lo importante es SER. Recuerdo que, en una ocasión, Aldous Huxley inició así una conferencia:

“¿Para qué sirve el hombre?
Como un acto de fe, y pienso que es un acto de fe que comparten
casi todas aquellas personas que se interesan por la dignidad humana, creo que el hombre está aquí para hacerse consciente, en la medida de lo posible, de sus mejores potencialidades, dentro de una sociedad estable pero elástica.
Lo más importante es SER lo mejor de uno mismo.”


-El problema es que apenas existe ya nadie que se interese verdaderamente por la dignidad humana.
-¿Y qué? Pero a ti sí que te interesa, ¿no?
-¡Pues claro! ¿Pero qué ocurre cuando te haces consciente de tus mejores potencialidades y no consigues que esa sociedad estable pero elástica te permita desarrollarlas?
-¡Pues que debes luchar por conseguirlo! Al fin y al cabo, sólo así podrás SER tú misma.
-O sea que tengo la obligación vital de descubrir lo mejor que hay en mí, de potenciarlo y de desarrollarlo a través de mi propia ...
-Existencia.
-Iba a decir de mis propias obras o acciones, ya que es en ese punto que ando encasquillada.
-Eso es lo que tú te crees. Para poder crear, antes hay que SER. Una vez que SEAS, lo demás llegará por añadidura. ¿O es que ya no te acuerdas de aquellas palabras de Rilke que tan profundamente te penetraron en su día?

...lo que llamamos destino pasa de dentro de los hombres a fuera, no desde fuera hacia dentro. Sólo porque tantos hombres no supieron asimilar y transformar en su interior, cada cual su propio destino, mientras éste vivía en ellos, no alcanzaron tampoco a conocer lo que de ellos salía.
Cartas a un joven poeta

Sí, supongo que es así. Y supongo también que en eso consiste la vida, ¿no? Porque, según entiendo, una vez que SEA, poco importará ya lo que me acontezca, podrá ser peor o mejor, más o menos soportable, pero seguro que estaré en condiciones de afrontarlo. Porque al estar mi ser bien encajadito en mi persona, eso me hará sentir muy bien, mucho mejor predispuesta a recorrer la senda de mi vida y a habérmelas con lo que salga a mi encuentro. Asimismo, dispondré de una capacidad más refinada y efectiva para potenciar mi ser y transfigurarlo en algo de lo que me sienta orgullosa.

Si hice alguna vez algún bien al prójimo, en su sentido, era sin duda algo de excepcional e insignificante, comparado con el bien o el mal que estoy haciendo constantemente con ser lo que soy.
HENRY DAVID THOREAU
Walden

Claro que también podría olvidarme de SER, limitarme a “estar” y dejar lo del “ser o no ser” para Hamlet. Podría claudicar y enviarlo todo al carajo. Sí, es otra opción, pero, ¡qué demonios!, ése no es mi estilo. Y no es que me vuelva loca
ponerme a afrontar complicaciones y adversidades, pero, bueno, si hay que hacerlo para poder SER, pues se hace y punto. Tampoco soy una quejica, que se pase el día lamentándose de su suerte, tan sólo lo justo, y en solitario casi siempre, más que nada para patear un poco el muermo de la impotencia y echarle del local de mi espíritu. Yo, la verdad, hubiera preferido seguir por mi camino tranquilamente, a lo Werther:

A diario noto qué tontería es medir a los demás por uno mismo. Y como tengo tanto que hacer conmigo mismo y este corazón está tan tormentoso... ay, de buena gana dejo ir a los demás por su camino, con tal que me dejen seguir por el mío.
GOETHE

Mas no. Eso no es posible. Precisamente lo que ellos -el sistema, el engranaje económico, político, mediático, social en que estamos inmersos- quieren es tratar de confundirnos para que no encontremos nuestro camino y seamos nosotros mismos lo menos posible; para que, ni siquiera, lleguemos a plantearnos que existe algo llamado “nuestro camino”. Nuestra vida, en definitiva. Y que en nuestras manos está dar forma a ese proyecto que, válgame Dios, es el más importante de nuestra existencia. Porque, a ver, ¿qué sentido tiene vivir si no somos capaces de sentirnos orgullosos de nuestra vida? ¿O de hacer todo lo posible para, como mínimo, no sentirnos defraudados con ella? ¡Eh! por si alguien no se ha enterado, esto de “la vida” sólo puede llevarse a cabo ¡UNA VEZ! ¡No hay más oportunides! Si la cagas, se acabó lo que se daba.
Aunque terrible es comprenderlo, la vida se hace en borrador, y no nos es dado corregir sus páginas.
ERNESTO SABATO
Antes del fin

Por muy lentamente que os parezca que pasan las horas, os parecerán cortas si pensáis que nunca más han de volver a pasar.
ALDOUS HUXLEY


Hagamos, pues, con la vida algo que merezca la pena, digo yo. Ya que estamos aquí, vamos a enrollarnos un poco, ¿no? ¿O vamos a dejar que sean ellos los que decidan por nosotros lo que debemos SER?

El problema es que si no les sigues el juego, te ponen en el punto de mira y tratan de hacerte la vida imposible chantajeándote o fastidiándote de mil y una maneras, pero sobretodo con el arma que mejores resultados les ha dado a lo largo de la historia, su arma más poderosa, más poderosa todavía que todas esas armas químicas que Bush, y de paso Blair y Aznar, pretendían hacernos creer que colmaban los arsenales iraquíes: el dinero. Nos acorralan hasta hacernos sentir como esas pobres gentes que se niegan a vender su terrenito a una multinacional para que hagan o construyan cualquier barbaridad. Les hostigan y les acosan hasta que, finalmente, desisten y pierden lo suyo por un puñado de dinero. Maldita palabra y maldito invento. Pues yo no pienso perder mi SER, que es lo mío. Es lo único que tengo, lo único que, sin ningún tipo de duda, voy a poseer hasta el día de mi muerte.

La obtención de dinero, además, no pone fin a esa insatisfacción existencial tan rollingstoniana que me agobia. Ganar dinero no es, desde luego, la gran motivación de mi vida. Es decir, necesito un poco de dinero, lo justo para ir tirando, pero no a cambio de lo que sea. Porque, a ver, decidme: ¿qué hago yo con el dinero si ya no me tengo a mí misma, a mi SER, para disfrutarlo? ¿Cómo voy a poder disfrutar de lo que con ese dinero pueda obtener si: primero, estoy abatida por el malrollo que me causa haberme vendido a mí misma; segunda, estoy escondida en la trinchera de preocupaciones cavada por las circunstancias; y tercero, no tengo el ánimo suficientemente abierto, alegre y sereno para captar todo lo cojonudo que el exterior pueda ofrecerme? Por eso estoy trabada. Pero, ¡maldita sea!, pienso salir de este marrón cuanto antes. Sé que puedo hacerlo. Y eso es lo que voy a hacer. Porque, además, a mí los marrones sólo me gustan glacés.

Bien. Antes que nada, debo procurar sacudirme el agobio de encima. Veamos, concentración... Hago acopio de fe, de confianza y de esperanza y me propongo salir del encalle con resolución. OK. ¡Voy pa’llá! Bien, pero, antes de salir al exterior, debo volver a mi interior. Una de las cosas que ha aprendido una persona de naturaleza tan impetuosa como la mía es que no es aconsejable precipitarse hacia el exterior con el interior inquieto. Porque así lo único que se consigue es confusión, las energías se desperdician en vano. Antes que nada, y para poder SER realmente, hay que aquietar el corazón. Ya, ya, en ocasiones, resulta de lo más complicado; pero, bueno, nadie dijo que sería fácil. Lo siento, pero es el único camino auténticamente viable si de verdad queremos sentir eso de “estar a gusto con uno mismo”. Sí, ya, es una frase hecha que, lastimosamente, despierta más cachondeíto que otra cosa. Pero, en definitiva, de lo que se trata es de SER uno coherente consigo mismo. Y eso sólo se puede lograr encontrándole el gustillo al asunto. Así que menos cachondeíto y a ver si estamos por la labor.

Decidme: ¿A quién amará aquel que se odie a sí mismo? ¿Con quién concordará aquel que discuerde de sí mismo? ¿Podrá complacer a alguno aquel que sea pesado y molesto para sí? Creo que nadie lo afirmará, a menos que sea más estulto que la misma Estulticia.
ERASMO DE ROTTERDAM
Elogio de la locura

Sólo existe una clase de infelicidad: perder la complacencia que uno tiene consigo mismo. Dejar de gustarse, eso es la infelicidad... ¡Ay, y yo siempre me había dado buena cuenta de ello! Cualquier otra cosa es un juego y enriquecimiento de la propia vida. En cualquier otra clase de sufrimiento uno puede estar extraordinariamente satisfecho con el propio yo y parecerse muy bien a sí mismo. Pues no es sino el desacuerdo que sientes contigo, la mala conciencia dentro del sufrimiento, las batallas de la vanidad las que te convierten en una visión lamentable y repugnante...
THOMAS MANN
El payaso
La voluntad de ser feliz y otros relatos

Todos tenemos la clave en nuestro interior. Sólo es cuestión de dar con ella y activarla. Sí, ya lo sé, unos lo tienen más fácil que otros. Pero, en definitiva, estés donde estés y sean cuales sean tus circunstancias, lo que tienes que hacer, antes que nada, es sacudirte de encima toda la sarta de opiniones e imposiciones
con que tratan de trabar tu existencia desde el inicio de tus días. Eso es algo que, lamentablemente, jamás dejamos de hacer; porque siempre hay alguien por ahí dispuesto a decirnos cómo tenemos que ser, cómo tenemos que vestirnos, cómo tenemos que peinarnos, cómo debemos pensar, cómo debemos comportarnos, qué es lo que tenemos que hacer, ¡e incluso cómo tenemos que sentirnos! Y más en este mundo mediáticoconsumista que nos ha tocado vivir... En fin, es un bombardeo constante del que no te libras, por mucho que logres zafarte de él. Pero, bueno, cuanto más avanzas en tu propia dirección y más dispuesto estás a no renunciar a tus potencialidades, más y mejor vas afianzándote en tu persona, en tu SER; ganas en eficacia y en coherencia, te sientes más a gusto, menos insatisfecho y así es mucho más fácil esquivar las molestias que te salen al paso.

¿Para qué acongojar el ánimo restregándole la ley escrita, que es muerte, y no dejarle que descubra su ley viva, la que en sus entresijos yace? Y esta ley viva es la ley de la sinceridad; es que correspondan a nuestras entrañas nuestras extrañas, que sea nuestro proceder hijo de nuestro sentir y nuestras palabras revelación de nuestros pensamientos.
MIGUEL DE UNAMUNO
Almas de jóvenes

¡Bien dicho! ¡Eh, un momento! Quiero dejar claro antes de proseguir que no se trata de oponerse al exterior sin más, porque sí... No, no, no. Oye, a lo mejor tú eres de esos que te encanta que los demás piensen por ti y que tomen tus propias decisiones, tipo apalancado, vamos. Bien, si es así, allá tú. Eso denota, si me lo permites, un carácter acomodaticio y poco apasionado, que te permitirá vivir una vida monótona, sin sobresaltos, pero también sin especiales alicientes. Algo que mi espíritu cachondo no está dispuesto a tolerar. Yo necesito sentirme viva, sentir intensamente mis emociones, mis deseos, mi mente, mi cuerpo... Necesito vibrar con todos ellos, o al menos con una buena parte, para poder establecer buenos y estimulantes feedbacks con el exterior, a lo Beach Boys: ¡Good vibrations! Sé positivamente que no me sentiría a gusto amodorrada en el apalanque. Todo lo contrario, me generaría infelicidad. Eso no quiere decir que, en muchas ocasiones, ni yo misma sepa por dónde tirar o, como escribía Montaigne,: Sé de lo que huyo, no lo que busco. Sólo sé que prefiero arriesgarme y ponerme en marcha siguiendo los dictados de mi interior, de mi SER. Si me equivoco, o si no me sale bien, ya lo sabré para otra vez. Te aseguro que yo soy de las que toman buena nota de las consecuencias de sus propios riesgos.

Nada en realidad poseo, sino a mí mismo, y aun ésta es propiedad defectuosa y de prestado. Procuro cultivar mi valor y mi suerte para tener cosa en que complacerme cuando todo me abandone.
No me preocupa tanto saber lo que soy para los demás como saber lo que soy para mí mismo. Quiero ser rico por lo mío, y no de prestado. Los extraños sólo ven los hechos y apariencias externas, y todos podemos poner buena cara estando por dentro llenos de fiebre y espanto. No se nos ve el corazón; se nos ve el rostro.
MONTAIGNE
Ensayos

Hay una imagen que me gusta utilizar porque creo que describe muy bien la situación existencial: la vida es como un viaje en globo. Al nacer, cada uno de nosotros estamos en nuestro globito, con nuestros atributos, nuestras cositas, nuestro ADN, nuestro potencial... y nuestros sacos de lastre, que son los que, por el momento, nos mantienen a ras de suelo. La vida consiste en elevarse, poco a poco, y empezar a avanzar por el mundo. Un mundo que, a la que te descuidas, te va cargando con más sacos de lastre y te impide elevarte. Por eso es necesario ir descargándose cuanto antes de los sacos superfluos, de esos que amuerman y que ya no aportan nada, para que podamos elevarnos cada vez más. Cuanto más nos elevemos, de más perspectiva gozaremos y más nos acercaremos a la luz. O a Dios. O al Tao. O al Tai. A una claridad que, en definitiva, tan sólo puede acarrearnos satisfacción y felicidad, más que nada porque, al verlo todo mejor, nos libramos de un montón de tropiezos de los que te pillan desprevenido. Ves venir mejor las cosas, y las ves ir mejor también. Fluir... Fluir... Fluir... Cuanto más nos elevemos, mejor podremos saborear y sentir verdaderamente en nuestro interior la libertad. Porque la libertad, como todo lo esencial a cada uno de nosotros, no nos la puede dar ni quitar nadie; es algo que debemos conquistar nosotros mismos. ¡Elevémosnos y fluyamos hacia la luz!

Aclarar todas esas cosas poco claras, aclararlo todo, tomar el camino más corto hacia la claridad, no apartarse ya de ese camino más corto hacia la claridad
En las alturas

Yo no me aferro a las cosas. Porque entonces estaría listo. Al fin y al cabo quiero liberarme. Eso se arroja, como de un globo. Se arrojan sacos de arena que son los libros, y entonces se sube más. Cuando se arrojan sacos, en realidad se tendría que subir más. También con todo libro que se arroja habría que subir más. ¿No es una imagen bonita?
THOMAS BERNHARD
Conversaciones con ...

Desde luego que lo es. En realidad, ideé la teoría del globo muchos años después de leer este pasaje de Bernhard y sin acordarme de él; pero estoy segura de que su influjo permaneció en mi subconsciente y me ha parecido justo reproducirlo. Y aunque el inefable Bernhard se refiera exclusivamente al exceso de lastre cultural, bien puede servirnos a nosotros para librarnos de lastre en general.

De lo que se trata es de dejarse llevar y, al mismo tiempo, de conducir tú. Suena complicado, ¿no? O te dejas llevar o tomas la iniciativa. Ya, pero, a veces, la mejor forma de dejarse llevar es tomar la iniciativa. Otras, en cambio, hay que tomar la iniciativa de dejarse llevar. Quiero decir que cada uno debe procurar encontrar su ritmo y su rumbo, su itinerario, sus prioridades y los lugares en que le apetece marcarse una escala, en función de lo que le dicte su SER. ¿Cómo dice aquel hexagrama del I Ching? Exacto, es un comentario en relación con la segunda línea del hexagrama nº 41, “La Merma” (que no el muermo). Un comentario a cargo de Richard Wilhelm (el amigo de Jung, que tan interesado estaba por la cultura china, que un buen día se fue allí y jamás volvieron a verle el pelo por aquí. Y no sólo eso, sino que, además, pasó a convertirse en uno de los mayores expertos en sabiduría china, venerado incluso por los más eminentes especialistas del lugar):

Servir al otro sin renegar de sí mismo, he ahí únicamente el verdadero servicio de valor duradero.

¡Exacto! Sin renegar de sí mismo y sin mermar a los demás, como expresa Aldous Huxley:

El bien de la humanidad debe consistir en que cada uno goce al máximo de la felicidad que pueda, sin disminuir la felicidad de los demás.

Sí, claro, no se trata de que vayas en tu globito, pasando olímpicamente de lo/s demás. Hay que tener las antenas del alma (expresión preciosa y atinadísima patentada por el gran Goethe, que a mí siempre me ha resultado de lo más hermosa) bien dirigidas, la receptividad abierta y dispuesta a captar lugares, personas, circunstancias, conocimientos, experiencias que puedan enriquecer nuestro espíritu, nuestra mente, nuestras emociones, nuestro SER. Procurando, asimismo, hacer acopio de la sabiduría suficiente para saber seleccionar.

Si se continúa amando sinceramente lo que es en verdad digno de amor y no se derrocha el amor en cosas insignificantes e insípidas, se logrará, poco a poco, más luz y se llegará a ser más fuerte.
VAN GOGH

Criterio, coherencia, vamos, y un poco de valor. Pero sin olvidar, y me remito a Huxley nuevamente, que:

Cuanto más nos recogemos dentro de nosotros mismos, tanto mejor podemos acometer nuestras tareas en el mundo; y cuanto menos nos miremos interiormente, más debemos refrenarnos en nuestros intentos de hacer el bien.
Los demonios de Loudon

En definitiva:

La comprensión llega dándose uno cuenta de lo que es. Saber exactamente lo que es, lo real, lo efectivo, sin interpretarlo, sin condenarlo ni justificarlo, es, por cierto, el comienzo de la sabiduría.
KRISHNAMURTI
La libertad primera y última

miércoles, 6 de enero de 2010

SOMOS UNOS ANIMALES

"Deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España."
Luces de Bohemia
Ramón Mª del Valle-Inclán

Somos unos animales. ¿Racionales y emocionales? Se supone. ¿Sensibles y morales? Eso está por ver. ¿Prepotentes y materiales? ¡Ah, eso sí que sí! La naturaleza humana lleva siglos demostrando lo capaz que es en eso de pasar por encima de quien sea con tal de imponerse. Con todas las armas a su alcance. Y si no se tienen, se inventan. ¡Cómo hemos avanzado en cuestiones armamentísticas! Nuestra sofisticación en ese campo no conoce límites. Lástima que no haya sucedido lo mismo con nuestro progreso espiritual, que es prácticamente nulo. Y mira que llevamos milenios aquí, rodeados de montones y montones de obras maestras previniéndonos contra nosotros mismos y contra el engranaje interior que nos alimenta y nos envenena sin remedio: la codicia, la ambición, el poder y el autoengaño. Pero nada, todo es en vano. El fin justifica los medios. ¿Qué se puede esperar, pues, de nosotros?
Si nos comportamos así con nuestros propios congéneres, qué no seremos capaces de hacer con los considerados seres inferiores... Sí, todos esos que no piensan. Pero sienten. ¡Ya lo creo que sienten! Lo que más sienten, para empezar, es que les haya tocado en desgracia compartir el planeta con unas criaturas aprovechadas, desagradecidas y crueles que les machacan y les exterminan impunemente o les utilizan y les someten para su propio y exclusivo provecho. O simplemente para divertirse. Porque, vamos a ver, ¿puede haber algo más divertido que criar expresamente un animal de más de 500 kilos en un bonito y silencioso prado verde, encerrarlo en un recinto de arena, rodeado de miles de personas vociferantes, clavarle reiteradamente unas varas puntiagudas para que la sangre mane alegremente y no falte color a la fiesta, jugar con él con un manto de vivos colores, y rematar la faena con una espada, obsequiándole con una de las muertes más dolorosas que pueda soportar un animal? ¡Vamos, menuda diversión!
Ah, no, no, no, querida, es que eso que has descrito no es una diversión, ¡es un arte! ¡Acabáramos! Hombre, si nos ponemos así, supongo que la estrategia y la metodología de determinados criminales, el modus operandi de muchos psicópatas o las imaginativas técnicas de tortura de algunos celadores también son un arte, ¿no?
Torturar y maltratar un animal, física o psicológicamente, jamás puede ser considerado un arte. Tan sólo una aberración. Así lo recoge la Ley 22/2003, aprobada en el Parlament de Catalunya. Con una sola excepción, expuesta en el sexto párrafo de dicha ley: la de todos aquellos animales, de cuatro patas, presentes en una plaza de toros. Y no ceso de preguntarme en qué categoría les incluirán. En fin... Esa es justamente la excepción que cientos de miles de personas decentes, acaso millones, nunca lo sabremos puesto que no se ha hecho un referéndum, quieren eliminar de la susodicha ley. El pasado 18 de diciembre, el Parlament votó y decidió llevar esa cuestión a debate. Algo es algo.
Decidan lo que decidan, hay algo muy claro: en Catalunya, únicamente queda una plaza en activo, la Monumental de Barcelona. A pesar de determinadas subvenciones, es deficitaria y no consigue alcanzar, ni de lejos, siquiera el 50% de su aforo, excepción hecha de las corridas protagonizadas por José Tomás que, dada su negativa a torear en plazas como Las Ventas o La Maestranza, consigue movilizar autocares de toda España, cada vez que visita la ciudad condal. La mayoría de los asistentes acude alimentada por el morbo, la droga favorita de los pobres de espíritu, ansiosos por presenciar la famosa temeridad de Tomás. ¿Le cogerá el toro esta vez? ¿Saldrá con vida de la plaza? Es más que probable que sí, teniendo en cuenta que por cada torero muerto, mueren 500.000 toros.

lunes, 4 de enero de 2010

CASA DE CITAS

Cada uno pretende parecerse lo menos posible a sí mismo.
Cada uno se propone un modelo, luego lo imita;
pero ni siquiera ha escogido el modelo que imita:
acepta un modelo ya enteramente escogido.
El inmoralista
ANDRÉ GIDE

Un hombre se fortalece cuando se confiesa su debilidad.
La piel de zapa
HONRÉ DE BALZAC

Se ríen de mí porque soy diferente.
Yo me río de ellos porque son todos iguales.
KURT COBAIN

domingo, 3 de enero de 2010

ALDOUS HUXLEY, UN HOMBRE FELIZ. (A brave new man)

                  

MAX.- El mundo es mío, todo me sonríe, soy un hombre sin penas.

Luces de Bohemia

RAMÓN Mª DEL VALLE-INCLÁN




   Hay que combinar de alguna manera actividad con relajamiento, hay que liberarse de las garras del yo personal, a fin de que ese yo más profundo dentro de uno mismo, al que interferimos, aparezca y obre sus milagros.


   En cierto sentido, se puede decir que lo que estamos haciendo todo el tiempo es tratar de entrar dentro de nuestra propia luz.


El hombre y la religión
La situación humana.

   Os invito a entrar dentro de la luz de Aldous Huxley. Su foco es tan penetrante e iluminador que, a buen seguro, ayudará a disipar algunas de las sombras que mantienen en penumbra determinados recintos de vuestra propia personalidad. O si más no, os animará a que toméis cartas en el asunto.


   La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede.


   Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo.

   Cuando en 1994, se cumplieron 100 años de su nacimiento, me sentí fatal por no haber sido capaz de organizar algo en su honor. Supongo que es tal la devoción que siento por él y por su obra, que tuve miedo de no estar a la altura de sus circunstancias, aunque no es menos cierto que mi vida, en aquellos momentos, atravesaba por una época muy efervescente, que acabó decidiéndome a abandonar Barcelona y trasladarme a Madrid. Pero, en fin, entre una cosa y otra, desistí en mi empeño y, un poco avergonzada ante mí misma y ante la memoria de este ser excepcional, no acabé haciendo nada. Me hubiera encantado rendir la debida pleitesía a este creador tan especial, se le considere desde la dimensión que se le considere, y del que la mayoría de personas tan sólo conocen una pequeña parte de su talento. Ojalá que estas páginas sirvan para que alguien se decida a conectar con el universo de Aldous Huxley. No tenéis nada que perder, tan sólo mucho que ganar




  Una imagen suya en blanco y negro, de sus años mozos, me contempla desde el interior del lindo marco de teca que reposa en mi escritorio y expande rayos de luz por toda la estancia. Mis invitados me preguntan a menudo: “¿Quién es?”. A mis espaldas, la foto de un Clint Eastwood maduro, colgada en una estantería, apuntándome con su dedo índice, me dice: “Vamos, pequeña, ¡tú puedes!”. Y a la derecha, en uno de los laterales de una cajonera, un párrafo de Jung escrito en un folio verde hierba, me reconforta con la plácida sabiduría que emana de sus palabras. Me gusta rodearme de cosas y de gente que me dan buen rollo, que enaltecen y tonifican mi existencia, y que esparcen buenas vibraciones por mi entorno. Y en eso Aldous Huxley es todo un experto.

   El primer libro que leí de Huxley fue Contrapunto, una de las obras cumbre de la literatura inglesa del siglo XX, paradigma de lo que se dio en definir como la novela de ideas y que Aldous antecede de los siguientes versos de Fulke Greville:


¡Tediosa es la condición de humano!
Naces bajo una ley, y a otra
te descubres ligado;
vanamente te engendran, pero tienes
prohibido el ser vano;
enfermo te han creado y veste
compelido a estar sano.
¿Qué propósito
tendrá Natura en tan diversas leyes
-la pasión, la razón- que de la propia
división son la causa?


   Contaba yo veintipocos años y era una de mis primeras lecturas de peso. Conecté con ese libro y con su autor, omnipresente a lo largo de la obra, desde las primeras páginas, con la atmósfera espiritual que generaba y con esa analítica suya tan particular. Subrayé bastantes párrafos, por su contenido o por su originalidad descriptiva, e hice varias anotaciones en mi cuaderno de lectura:


   Novela de ideas. La personalidad de cada protagonista debe estar implícita dentro de lo posible en las ideas de las cuales se haga portavoz. Siempre que las teorías sean racionalizaciones de sentimientos, instintos y disposiciones anímicas, esto es factible. El primordial inconveniente de la novela de ideas estriba en que el novelista debe escribir acerca de gentes que tengan ideas para expresar, lo cual excluye casi un 99 por 100 de la raza humana. De aquí que los verdaderos congénitos novelistas no escriban esta clase de libros, y que yo no haya pretendido ser nunca un novelista congénito.

   Las noches son como los seres humanos: carecen de interés hasta que llegan a la edad adulta. Hacia medianoche alcanzan la pubertad. Un poco después de la una empieza la mayoría de edad. Su apogeo corre de las dos a las dos y media. Una hora después entran en vía de desesperación, como esas damas devoradoras de hombres y esos hombres de capa caída que se lanzan al devaneo con redoblada violencia, intentando persuadirse de que son viejos. Después de las cuatro se encuentra en plena descomposición. Y su muerte es horrenda. Verdaderamente horrible al rayar el alba, cuando las botellas están vacías y las personas semejan cadáveres, y el deseo, exhausto, se ha convertido en repugnancia.
   
    Cuando sonríe, semeja una operación de apendicitis con comisuras irónicas.
   
    Se diría que exageraba su papel para convencerse de su propia existencia.

  Tiene el privilegio de olfatear el espíritu de la gente.

   Y, de súbito, dedos aguzados parecieron tocar, pizzicato, las cuerdas de sus nervios.

   Tú eres como un mono que pertenece a la parte de superhombre de la humanidad -había dicho Elinor-. Casi humano, como esos desdichados chimpancés. La única diferencia consiste en que ellos intentan elevarse al pensamiento con sus instintos y sensaciones, mientras que tú intentas rebajarte a la sensación con tu inteligencia. Casi humano.

   El amor debe justificarse por sus resultados en la intimidad del cuerpo y del alma, en el calor, en el contacto tierno, en el deleite. Si tiene que ser justificado desde el exterior, se revela, de consiguiente, injustificable. 

    Durante dos horas los músculos del corazón se contraen y se aflojan, se contraen otra vez y se vuelven a aflojar, ocho mil veces únicamente. La Tierra recorre menos de doscientos mil kilómetros sobre su órbita. Y la chumbera sólo ha tenido tiempo de invadir cuarenta hectáreas de tierra australiana. Dos horas no son nada. El tiempo de escuchar la Novena sinfonía y dos de los cuartetos póstumos, de ir en avión de Londres a París, de hacer pasar un almuerzo del estómago al intestino delgado, de leer Macbeth, de fallecer de una picadura de serpiente o de ganar un chelín y ocho peniques como fregona. Nada más.  

   -Suavemente, suavemente -repitió Rampion con burla-. Ustedes, los periodistas, son todos idénticos. Nada de sacudidas. La seguridad sobre todo. Literatura sin dolor. Ni extracción de prejuicios ni injertos de ideas, salvo con anestesia. Es preciso mantener constantemente a los lectores en un estado de sueño crepuscular... ¡Son ustedes incorregibles!

   Todo hombre nace con un derecho natural a la dicha; pero ¡qué feroz represión cuando alguien intenta reclamar su derecho!   La ley del mundo democrático es la estandarización humana, es la degeneración de toda la humanidad al más bajo nivel común. Su credo es la adoración del hombre mediano.

   Es incomparablemente más fácil saber muchas cosas, por ejemplo, sobre la historia del arte y tener ideas profundas sobre la metafísica y la sociología, que saber intuitiva y personalmente algo sobre nuestros semejantes, y llevar relaciones agradables con nuestros amigos y nuestras amantes, nuestra esposa y nuestros hijos. Vivir es mucho más difícil que el sánscrito, la química o la economía política. 

    Yo no conocía apenas nada sobre Huxley, tan sólo una versión televisiva bastante buena de su Un mundo feliz. Pero a medida que iba avanzando en la lectura de Contrapunto, mi entusiasmo iba en aumento y avivaba el fuego de mis emociones. Al acabar la lectura del libro, se apoderó de mí esa sensación que me invade cuando estoy a punto de terminar determinados libros: una mezcla de tristeza, de entusiasmo y de emoción. Tristeza porque ya no puedo seguir disfrutando con el intercambio de fluidos mentales y espirituales que la lectura de esas páginas me ha proporcionado; entusiasmo porque acabo de establecer una conexión con alguien que sé ya positivamente que va a ser muy importante para mí; y emoción porque en mi ser se ha obrado una tranformación, soy plenamente consciente de que he crecido interiormente, nuevas vías y nuevos planteamientos se abren ante mí y no quepo en mí de gozo.
  
   Eso tan sólo sucede muy de vez en cuando. Pero cuando esa sensación se produce es del todo maravillosa e irrepetible, ya que las segundas lecturas nunca son lo mismo. Las circunstancias varían, tu propia realidad es otra. Pero la primera conexión que estableces con un libro o con un escritor concreto, si esa sensación se confirma con posteriores lecturas de otras obras suyas, es increíblemente dichosa. Marlene Dietrich decía, a propósito de Orson Welles, que, cuando terminaba de hablar con él, se sentía agradecida, como una planta recién regada. Pues ésa fue la sensación que sentí al terminar Contrapunto. Y claro, cuando un autor te ha enriquecido tan plenamente, lo que quieres es buscar más libros suyos, para adentrarte con más profundidad en su obra y tratar de gozar a un nivel más elevado.

   Y eso fue lo que hice. O lo que traté de hacer. Pues como, lamentablemente, fui descubriendo con el paso de los años, conseguir leer determinados libros en este país resulta de lo más complicado. Estás obligado a buscarte circuitos alternativos, e insisto en el mercado de libros de segunda mano, pues creo que sigue siendo una opción muy interesante. La lástima es que algunos de sus libreros están muy poseídos por su parte negociante y tratan de sacar tajada del placer que sentimos algunas personas al encontrar libros que andábamos buscando, y te sangran.
   Me recuerdo un día, en la famosa Cuesta de Moyanos de Madrid, dándome un garbeo por los puestos, más por curiosidad que por otra cosa, ya que algunos de sus libros pueden conseguirse en otras librerías a mejor precio; pero tuve la mala pata de toparme con una edición preciosa de las novelas de Aldous, de 1957 y 1958, en dos tomos encuadernados en piel. Una de esas ediciones que acostumbraban hacer los editores de Aguilar, Plaza&Janés o Planeta, durante los cincuenta y los sesenta. Ésta en concreto era de Planeta, y aunque varias de las obras que allí aparecían ya las tenía yo en libros sueltos, no podía evitar querer poseer, a toda costa, una edición tan bella de las novelas de mi Aldous. Estaba totalmente poseída por el síndrome de la degustadora mitómana. Me pedían 2200 pesetas por cada tomo, y eso quince años atrás era una cantidad nada desdeñable. Pero, bueno, teniendo en cuenta todo lo dicho, no me hubiera importado pagar ese precio si los libros hubieran estado en buenas condiciones. Tan sólo el segundo tomo estaba impecable, tanto que yo creo que nadie abrió nunca sus páginas; pero el primero, ¡pobrecito!, lo habían torturado con un poco de fuego, apagado posteriormente con agua, y su cubierta rendía buena cuenta del incidente. No me parecía justo pagar lo mismo por los dos, rogué encarecida e insistentemente al vendedor que me rebajara un poco el primer tomo. Pero ya el hombre, zorro viejo, se había percatado de la posesión que había invadido mi ser al ver los libros, a través de las delatoras chirivitas que desprendían mis ojos, y se negó a rebajarme ni una peseta. ¡Está bien, tenga!

   Cuando esto sucedía yo ya había tenido ocasión de impregnarme del espíritu de Huxley, ya estaba coladita por él. Había leído todo lo que hasta entonces había caído en mis manos en forma de novela, ensayo, obra de teatro, cartas... Y me había calado muy hondo. Habíamos sobrepasado las barreras del trato formal, y ya nuestra conexión tenía implicaciones personales. No sólo era una fan de sus obras, de su mente y de su espíritu, no, era una enamorada de su persona, del ser humano Aldous Huxley.

   Me he sentido siempre tan reconfortada por su sabiduría, tan admirada de su amplitud de miras, de su eterna capacidad de aprendizaje, de su inteligencia creadora, de la originalidad de sus planteamientos... La bondad con que su corazón impregna de energía positiva todo lo relacionado con él no ha dejado de emocionarme. Su falta de prejuicios, sus asombrosas capacidades, su mente prodigiosa, su intachable coherencia y un sentido de la honestidad profundamente arraigado le convierten en un ser único y excepcional, con un punto de mira perfectamente enfocado.

   A pesar de pertenecer a una familia acomodada, pues no debemos olvidar que Aldous era nieto de T.H. Huxley, el prominente biólogo, e hijo de Leonard Huxley, afamado biógrafo y hombre de letras, lo que le permitió cursar sus estudios en el exclusivo Eton y graduarse en Oxford; no fue su naturaleza nada acomodaticia. Abandonó Inglaterra y sus comodidades siendo muy joven y vivió bastantes años en Italia, hasta que, a finales de la década de los treinta, se asentó definitivamente en California. Sus constantes sátiras sobre el mundo que le tocó vivir y sus pesimistas especulaciones sobre el devenir del ser humano, no le impidieron, sin embargo, seguir manteniendo la fe en la naturaleza humana y en sus posibilidades de redención.
  
   Su existencia estuvo marcada, desde muy jovencito, por una queratitis que le dejó prácticamente ciego de un ojo y a punto estuvo de cegarle totalmente. Pero su contagiosa energía, el amor que siempre fue capaz de generar a su alrededor, un exquisito y refinado sentido de la curiosidad y un inteligentísimo sentido del humor le permitieron mantener una vida plácida, en paz consigo mismo y en constante pugna con las incongruencias sociales y políticas del mundo, contra las que nunca dejó de luchar.

   Un espíritu universal y una mente portentosamente abarcadora le permitieron ahondar en los más diversos temas, lo que unido a su infatigable labor creadora y a un sentido de la verdad franco y abierto, le convierten en un escritor primoroso y en un pensador tremendamente sabio. Y aunque cualquiera de sus novelas transmite unos puntos de vista fascinantes, imaginativos y valiosos, yo adoro sus ensayos y sus conferencias.
   
   La lucidez de todos sus planteamientos y la visión preclara de los auténticos meollos del devenir universal quedan claramente expuestas en la serie de conferencias que Huxley dio en la Universidad de California y que Piero Ferrucci tuvo a bien de recopilar y editar, estimulado y apoyado por Laura Huxley, bajo el título de La situación humana. Es un libro del todo recomendable para todo aquel que desee obtener una visión completa y detallada del pensamiento y del genio de Aldous Huxley. En España, fue editado por Edhasa en 1979 y creo que ya va siendo hora de que realicen otra edición, y así no me veré obligada a pelear con los visitantes que acuden a mi casa e insisten en que les deje ese libro. Al menos, nos queda el consuelo de poder disfrutar de la recopilación de escritos que esa misma editorial publicó no hace mucho bajo el título Si mi biblioteca ardiera esta noche. A pesar de que la mayoría de los ahí incluidos pertenecen a la primera etapa creadora de Huxley, un muchacho que destila una cierta prepotencia, muy alejado todavía de las bondades y la sabiduría de su madurez. 


   Contrariamente a otros artistas, como Picasso, cuya naturaleza psicopática ha sido reflejada en varios estudios, o Dalí, cuyo egocentrismo siempre fue manifiesto; la personalidad de Huxley es sobrecogedoramente feliz, por haber sido capaz de aplicar sus principios a la práctica y de predicar con el ejemplo.

Saber es relativamente fácil. Querer y obrar de acuerdo a lo que uno quisiera, es siempre más duro.

   Según todos los indicios, él parece que lo consiguió. Si complicado debía de resultar convivir con el hombre Picasso o con el hombre Dalí, no así, al parecer, con el hombre Huxley, por tratarse de un ser afable y sincero, que invitaba a la gente a acercarse, no a alejarse. Por eso creo que no es justo reconocerle únicamente por poseer y saber alimentar una inteligencia racional elegante y extraordinaria, de la que supo sacar un gran partido creativo; debemos reconocerle también por haber sido capaz de poseer y saber alimentar una inteligencia emocional asombrosamente coherente, de la que supo sacar un gran partido humano. Esa simbiosis tan completa entre las distintas naturalezas que le conformaban y las que salían a su encuentro convierten a Aldous Huxley en uno de los pocos seres que, a su paso por este mundo, ha tenido la dicha de ser feliz.

...Conozco esa sensación de afectuosa solidaridad con las personas que me rodean y con el universo en general... También la sensación de la
rectitud fundamental del mundo, a pesar del dolor, la muerte y la pérdida...

(en una carta a un desconocido)
Auténtico TAO, ¿no os parece? Supongo que habrán sido escasos los seres, a lo largo y ancho de este planeta, capaces de establecer una conexión tan profunda con la armonía inherente al cosmos. Es una frase que, dicha en boca de otra persona, puede incitar a la sospecha de la autosobrevaloración. Pero en el caso de Aldous, no sólo no tiene sentido albergar dudas al respecto, sino que es perfectamente comprensible y lógico entender y creer que alguien como él haya adquirido una comprensión tan penetrante del sentir y del fluir universal.

   Pero puesto que yo, en definitiva, no le conozco mas que a través de sus obras, o de lo que otros han contado o escrito sobre él, creo que ya va siendo hora de que algunos de los que le conocieron y le trataron hablen sobre Aldous Huxley:


   Existía la leyenda de que lo sabía todo. Yo entonces no conocía su sempiterna buena voluntad ni su mentalidad abierta. Era precisamente esta buena disposición para dar oportunidad a todo y a todos, la que había contribuido tanto a la profundidad de su conocimiento y a la variedad de sus experiencias.

   No me había dado cuenta todavía de que uno de los objetivos principales de la vida de Aldous era la ampliación de la conciencia.   Cualquiera que tuviera una inquietud o un interés sinceros, cualquiera que hiciera una pregunta verdadera o un intento honesto por contestarla, siempre encontraría en Aldous un interlocutor paciente e interesado, dispuesto a participar de forma activa y eficaz.

   
   Era habitual en él, gracias a Dios, aligerar con simpatía y humor la gravedad.

   Aldous nunca fue capaz de interpretar un papel, de decir una sola mentira; le resultaba imposible mentir.


   Aún aprendo. Éste era uno de los lemas favoritos de Aldous, y su forma de vida. La divisa es el título de un dibujo que hizo Goya cuando ya era mayor. Representa a un hombre, doblado por el peso de los años y de los padecimientos, cojeando y ayudado por un bastón. Aún aprendo era el consejo que Aldous daba a los jóvenes estudiantes que, después de veinte años de aprendizaje en las aulas, salían a la vida. Fue el cumplido que le dedicó a Igor Stravinsky el día que éste cumplió setenta y ocho años.


  Laura Huxley
  Este momento sin tiempo
  Una visión personal de Aldous Huxley

  (Éste es un libro totalmente recomendable para aquellos que deseen adentrarse en las profundidades de Aldous. Está escrito con una inteligencia vivaz y comunicativa, por una mujer que le amó y que le honró, con acierto y dignidad a través de las suculentas páginas de este documento.)

   Aldous tenía una manera de contarte las cosas, sutil y sin pretensiones, que te hacía sentir que ya las sabías y que solamente te las estaba recordando.
   Christopher Isherwood

   No llegó a los cien, y cuando murió a los sesenta y nueve años el mundo perdió una inteligencia excepcionalmente creativa. De manera más obvia, perdió una mentalidad enciclopédica. Cuando uno de los principales periódicos expresó la idea de que la Decimocuarta Edición de la Enciclopedia Británica debería ser sometida a revisión, a nadie le sorprendió que la tarea fuese asignada a Aldous Huxley. Y la consideró inferior a la Undécima Edición.

   Más impresionante aún que la amplitud de miras del hombre, era sin duda su simpatía y su interés. Desde William James, pocas inteligencias privilegiadas han estado tan abiertas a todo.   Su ingenio era tan incisivo como lúdico.
   Equilibrio de espíritu y ánimo infatigable.   Interés omnívoro: simplemente, no se contentaba con hacer lo que sabía hacer bien. Su competencia era algo que le aburría.

   Sin necesitar la victoria, la adulación, los discípulos, podía sortearlo todo camino de la verdad. Y podía sortearlo por no tener egoísmo de ninguna clase.

   ...Rara vez le dejaba sin la sensación de haber recargado las pilas, como si se me acabase de abrir de golpe un nuevo rincón del mundo, una nueva panorámica del ser.

  (Fragmentos escogidos de la introducción al libro Huxley y Dios (Thassàlia, 1995), escrita por Huston Smith. Conoció y trató a Huxley durante los últimos diecisiete años de la vida de éste.)

   Huxley era un científico y un artista en una misma persona, recopilando todo aquello susceptible de ser necesitado por cada uno de nosotros en un mundo fragmentado, en el que cada cual aporta un fragmento distorsionado a esa especie de espejo universal, grande y destrozado. Su misión consistió en ensamblar esos fragmentos.
   Yehudi Menuhim


   Aldous tiene la sorprendente capacidad de ver justo lo que el artista quiere decir.  
   Kenneth Clark




   Y ahora, si os parece, dejemos que sea el propio Huxley quien nos hable:

   El proceso de aprendizaje no tiene límites de edad, no sólo para los grandes maestros como Goya o Stravinsky, sino para todos nosotros... Va desde la cuna a la tumba y, sin duda, más allá.
(comienzo de un discurso)



   Existe una cordura inherente al mundo, que permanece siempre. A pesar de que haya miles de personas yendo en miles de direcciones distintas.
(Durante una sesión psicodélica)


   No soy médico, ni psicoterapeuta, ni investigador, ni tampoco soy un organizador, ni me gusta hacer bulto en los comités, ni soy un perito legal. Soy un hombre de letras que solamente puede trabajar en soledad, un escritor interesado por una gran diversidad de temas, y el LSD es tan sólo uno de ellos.
(En una carta, rechazando presidir una fundación para la investigación del LSD.)


   Tener que vivir en un ambiente del cual es necesario ausentarse para defenderse, es lastimoso.

   ¿Por qué la mayoría de los hombres y de las mujeres, e incluso de los adolescentes, desarrollan la arterioesclerosis mental cuarenta o cincuenta años antes de que desarrollen la física? Es un gran misterio. Y sin embargo, el hecho es obvio. La mayoría de las personas se encapsulan, se cierran como ostras, a veces incluso antes de que hayan terminado de graduarse, y van por la vida parapetados ante cada idea, ante cada percepción fresca y sin conceptualizar. Es evidente que la educación nunca podrá obtener resultados satisfactorios mientras no aprendamos cómo enseñar a los niños y a los adultos a mantener una mente abierta.
(En una carta a su hermano Julian.)



Sobre el arte

   El artista busca imponer un orden de belleza y forma significativa tanto sobre la realidad externa como sobre la realidad interna dentro de sí. Quiere siempre verse a sí mismo en relación con el mundo y crear simbólicamente una armonía en que ambos quepan. En este sentido -en la medida en que tiene en cuenta el mundo interior y el mundo exterior- el arte difiere marcadamente de la mayoría de las ciencias.

   Se puede decir que el estilo de vida de una sociedad determinada, en un período determinado está dictado, al menos en cierta medida, por la cualidad del arte que prevalece en ese momento. Si el arte es bueno y si la gente se interesa por él, entonces la totalidad de lo que podríamos llamar estilo de vida será buena. Si predomina un arte malo, entonces el estilo de vida podría carecer en sumo grado de elegancia y nobleza. Así vemos que los errores y descuidos estéticos pueden tener consecuencias sociales. Una mala obra de arte puede ser en cierto sentido una ofensa social; puede hacer mucho daño -o de todas maneras dejar de hacer mucho bien. Las mejores obras de arte nos ayudan de algún modo a conocernos y a conocer nuestras relaciones con el mundo, mientras que las obras de arte malas o deleznables fomentan debilidades en nosotros y nos incitan a considerar el mundo de manera poco interesante e insignificante.

   El hombre que escribe malos versos comete un delito contra la sociedad.

   El gran artista debe proceder a través de la comprensión y de la simpatía. La grandeza del gran artista depende precisamente de la extensión y la intensidad de su simpatía. Hubo, por supuesto, artistas muy dotados cuya concepción era sumamente estrecha; crearon notables obras de arte dentro de un radio muy pequeño. Pero los artistas que el mundo ha reconocido como los grandes son, en su mayoría, los que estuvieron dotados de la más vasta simpatía. Las personas que combinan intensidad y gran extensión son capaces, por decirlo así, de asimilar y ordenar mayor cantidad de material que un artista menor.


   El proceso consiste en llegar a ser y luego expresar lo que llegamos a ser en función de los símbolos más poderosos y penetrantes.


Arte y psicoterapia


   El arte es comunicación y el arte es terapia. Todos los poetas insistieron en que el arte es una terapia. Hablan una y otra vez sobre el poder que tiene el arte de disipar las emociones y los pensamientos dolorosos que atormentan al poeta -de disiparlos por el solo hecho de prestarles atención y expresarlos.
  
   La psicoterapia moderna ha descubierto que ese aspecto catártico, terapéutico del arte es muy importante. Innumerables personas que padecen problemas psicológicos han descubierto que podían sentir un gran alivio dando expresión artística a sus ideas; la dolorosa presión que sienten dentro de ellos mismos desaparece, y pueden luego seguir viviendo de manera más eficaz.

   (...) Creo que deberíamos dejar bien aclarado que el arte como comunicación es tarea que incumbe a personas especialmente dotadas; pero que el arte como terapia es algo que probablemente todo el mundo debería practicar para su propio bien. Si esto queda aclarado, y resulta claro para nosotros que el arte como terapia no es necesariamente lo mismo que el arte como comunicación, entonces podrían evitarse penosas confusiones y desengaños que afectan a muchos artistas aficionados.



La sustancia de una obra de arte es inseparable de su forma; su verdad y su belleza son dos cosas distintas y, al propio tiempo no se sabe
por qué, una sola. La expresión verbal de una metafísica o de un sistema de ética se halla muy próxima a una obra de arte o a un poema de amor.

   De sus obras:

   -Si la gente comprendiese que los principios morales son como el sarampión...
   -¿Como el sarampión?
   -Tienen que ser contraídos. Y sólo la gente que los ha contraído puede contagiarlos.

   Si hubiesen logrado ustedes levantar a la gente y hacer algo violento y decisivo, ¿qué hubiera pasado? La anarquía durante algún tiempo. Y luego, para eliminar esta anarquía, otro dictador, que se diría comunista, sin duda, pero que en lo demás no se diferenciaría en nada del que ahora tienen. No se diferenciaría en nada más. A menos, claro está, que resultara peor, cosa más que probable.


   -El conocimiento es proporcionado al ser. Conoces en virtud de lo que eres. Y lo que eres depende de tres factores: de lo que has heredado, de lo que el ambiente ha hecho de ti y de lo que has decidido hacer con tu ambiente y con tu herencia. Un hombre de genio hereda una capacidad excepcional para ver en la realidad última y para expresar lo que ve. Si su ambiente es medianamente bueno, será capaz de ejercitar sus facultades. Pero si consume todas sus energías en escribir y no procura modificar su herencia y su ser adquirido a la luz de lo que conoce, nunca
logrará acrecentar su conocimiento. Por el contrario, conocerá progresivamente menos en lugar de más.
   -¿Menos en lugar de más?
   -Menos en lugar de más. Quien no mejora, empeora, y quien empeora está en condiciones de saber cada vez menos acerca de la realidad última.
  
   Mi primer smoking


   -Fui y seré me ponen triste -recitó ella-; tomo un gramo y sólo soy.
   Al fin, convencióle de que ingiriese cuatro tabletas de soma. Cinco minutos después, raíces y frutos fueron suprimidos; la flor del presente abríase, color de rosa.

   -Si tuviese un poco de sentido, comprendería que su castigo es, en realidad, un premio. Le mandan a una isla. Es decir, le mandan a un lugar donde hallará la compañía de los hombres y mujeres más interesantes que podría encontrar en todo el mundo. Cuantas personas que, por una u otra causa, han alcanzado demasiada personalidad para poder adaptarse a la vida en común. Cuantas personas no están conformes con la ortodoxia. Cuantas tienen ideas propias. Cuantas, en una palabra, son alguien.

   -Aun prescindiendo de Dios, y eso que Dios, desde luego, sería una razón para ello, ¿no vale nada vivir peligrosamente?
   -¡Ya lo creo que vale! -replicó el Inspector-. Hombres y mujeres necesitan que se les estimule de tiempo en tiempo las glándulas suprarrenales.
   -¿Qué? -preguntó, sin comprender, el salvaje.
   -Es uno de los requisitos de la perfecta salud. Por eso hemos puesto obligatorios los tratamientos de S.P.V.
   -¿S.P.V.?
   -Sucedáneo de Pasión Violenta. Generalmente una vez. Irrigamos el organismo con adrenalina. Es el completo equivalente fisiológico del miedo y de la cólera. Todos los efectos tónicos de la muerte de Desdémona y el hecho de ser muerta por Otelo, sin ninguno de sus inconvenientes.
   -Pero es que me gustan los inconvenientes.
   -Pues a nosotros, no -dijo el Inspector-. Preferimos hacer las cosas cómodamente.
   -Pero yo no quiero la comodidad. Yo quiero a Dios, quiero la poesía, quiero el verdadero riesgo, quiero la libertad, quiero la bondad. Quiero el pecado.
   -En resumen -dijo Mustafá Mond-: usted reclama el derecho a ser desgraciado.
   -Bueno, vaya -dijo el Salvaje-: reclamo el derecho a ser desgraciado.

   Un mundo feliz

   La sabiduría es una cárcel donde siempre estaré dispuesto a dejarme recluir.


   La sociología es la ciencia de la demencia humana.


   Si uno lleva consigo amor y bondad suficientes puede estar seguro de provocar, dentro de ciertos límites, el nacimiento del amor y de la bondad en casi todos los semejantes con los que se relaciona.


   ¡He vuelto a caer en las garras del estudio ininterrumpido y del delicioso manoseo de ideas!


   El infierno del hombre consiste en no poder ser otro sino el que su propia conducta le obliga a ser.


   -Como espíritu tienen un excremento de vaca y no pueden concebir que yo piense de otro modo. La boñiga atrae a la boñiga y se sorprenden cuando uno se niega a “aboñigarse”.

   Ciego en Gaza   

    En algún momento hay que parar. Citar a Huxley es tarea agradecida porque su capacidad para transmitir ideas, pensamientos y planteamientos es impresionante, viva, original e inagotable. Estoy segura de que si ahora releyera sus libros encontraría nuevas citas y establecería nuevas conexiones mentales y espirituales. ¿No es maravilloso que alguien resulte inagotable después de muerto? Tan sólo los grandes artistas lo consiguen. Sin duda, Aldous es uno de ellos.
Tal vez sea porque, como él mismo dijo en una ocasión:

   El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo.