domingo, 8 de marzo de 2015

NO WOMAN NO CRY. FIGHT!!!



Como reivindicábamos ayer…




    Los inicios del siglo XX fueron convulsos, revolucionarios, reivindicativos, creativos, artísticos y efervescentes. En una parte del mundo, se empezaba a fraguar la lucha por la utopía con ardor y esperanza en el futuro. Las tragaderas de millones de personas rebosaban hartazgo e impotencia y, ajenas a las poco halagüeñas conclusiones con que los más sabios filósofos y pensadores nos han prevenido durante siglos respecto a nuestra estúpida y codiciosa naturaleza humana, no pararon hasta protagonizar unas revoluciones que pretendían cambiar el orden del mundo y acabaron atrincherándose en otro que, desgraciadamente, fue del todo incapaz de llevar la teoría a la práctica. Todavía pagamos las consecuencias de esa desilusión.

   
Clara Zetkin
En 1910, la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas decidió aprobar por unanimidad y a propuesta de la profesora y combativa política alemana Clara Zetkin que el 8 de Marzo se conmemorara el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Al año siguiente, pues, tuvo lugar la primera celebración, acompañada de marchas y mítines de nuestras antepasadas por diversos puntos de Europa, reivindicando el derecho al voto, el acceso de las mujeres a los cargos públicos y a la formación profesional y el fin de la discriminación laboral. Más de 100 años después, votamos, accedemos a cargos públicos y nos permiten formarnos, no a todas, pero la discriminación laboral sigue ignominiosamente encallada y no parece que los hombres, más aferrados a los puestos directivos que nunca y controlando el cotarro a troche y moche, estén por la labor.

    Cuando la resaca triunfal de esas primeras celebraciones todavía impregnaba los espíritus ávidos de emancipación de millones de mujeres, una tragedia tenía lugar un par de semanas después:


el incendio de la Triangle Shirtwaist Factory en New York: 140 trabajadoras, muchas de ellas inmigrantes, murieron calcinadas. 


    El impacto fue bestial en el mundo entero y al gobierno estadounidense no le quedó otra que introducir importantes cambios legislativos laborales si no quería que las airadas protestas que surgieron por todo el país derivaran en motines.

Menos mechas y más brechas. Así se enciende la mecha


    Es del todo desolador comprobar que 104 años después, nuestra situación laboral, la de todas las mujeres del mundo, sin excepción, en cualquier ámbito profesional, sigue siendo una humillante vergüenza.
    
    Las cifras y los informes, vengan de donde vengan, ponen de manifiesto con saña y tozudez lo inconcebible que resulta que las mujeres no solo no hayamos alcanzado todavía la igualdad en el mundo laboral, algo incomprensible se mire por donde se mire, sino que en los últimos años haya habido un claro retroceso.

    El último estudio sobre el asunto, publicado por la Organización Mundial del Trabajo (OIT), titulado: Brecha salarial de género y brecha salarial por maternidad , y realizado por la econometrista y experta en salarios de esa organización Natalia Vázquez-Álvarez muestra una vez más el agravio laboral del que somos objeto las mujeres, con una brecha salarial del 19% en Europa y del 36% en Estados Unidos. Y tal y como publicaba el Diario Público este mismo viernes, para Vázquez-Álvarez la gran incógnita es:

POR QUÉ SI LAS MUJERES TIENEN UNA EDUCACIÓN Y UNA FORMACIÓN MUY SUPERIOR A LA DE LOS HOMBRES Y MUESTRAN VALORES SIMILARES EN EL RESTO DE FACTORES DE CAPITAL HUMANO, SON LOS HOMBRES LOS QUE GANAN MÁS EN TODOS LOS SECTORES Y EN TODAS LAS ESCALAS SALARIALES.

   
Una de las conclusiones más terribles de este Informe es que “la sociedad penaliza la maternidad”. Cuantos más hijos tenga una mujer menos sueldo ganará en relación a los hombres y a las mujeres sin hijos. Y no solo eso, sino que, con los hombres, la situación es inversa: cuantos más hijos tienen, más ganan. No tengo palabras.


    Si nos centramos en nuestro país, las brechas son más estrechas. España es uno de los países europeos a la cola en conciliación laboral. Según un Informe de la Fundación Madrina, publicado el otoño pasado: más del 80% de las mujeres españolas embarazadas sufren lo que se llama mobbing maternal. Además, más del 25% de las mujeres que se quedan embarazadas antes de cumplir los 25 años son ignominiosamente despedidas de sus puestos de trabajo.

    En los países nórdicos y centroeuropeos, hace años que se han puesto las pilas con la conciliación laboral. No lo han hecho exclusivamente llevados por ser poseedores de un espíritu más igualitario, que lo tienen, sino porque la astucia del sistema capitalista les empujó a ello. ¿Por qué? Verás.

   
Las organizaciones gubernamentales y empresariales de esos países se fueron dando cuenta de que, durante las dos últimas décadas, cada vez era mayor el número de mujeres que decidían dejar de trabajar y optaban por ser madres. Muchas de ellas se habían hartado de entrar al trapo en el juego masculino que las obligaba a elegir entre una u otra opción, so pena de no permitirles prosperar profesionalmente si optaban por la maternidad. De esta manera, cientos de miles de mujeres de treinta y tantos o cuarenta, bien formadas y en la cúspide de sus carreras profesionales, decidieron que no estaban dispuestas a renunciar a ser madres y les dieron puerta a sus trabajos. Los jefazos, poco a poco, si es que son muy lentos, fueron constatando que no solamente estaban renunciando a la inversión que habían hecho en todas estas profesionales y a su valiosa experiencia, sino que estaban perdiendo un montón inadmisible de cotizantas. Los tesoros nacionales de todos esos países estaban dejando de ingresar millones y se resentían. Por otro lado, que nacieran más niños era algo que interesaba: más cotizantes futuros y más mano de obra. ¡Ah, amiga! A la que les tocas la pasta, reaccionan. Y así fue como fueron ideando políticas conciliadoras que atrajeran de nuevo a la mujer al mundo laboral: redujeron la doble carga familiar y laboral, extendieron la educación de 0 a 3 años, promovieron la baja por paternidad, incrementaron la flexibilidad empresarial con horarios adaptables a las necesidades familiares, construyeron más guarderías y obligaron a las empresas a tenerlas…

    Pero como en España las cabezas pensantes no abundan entre LOS que toman decisiones, todavía no se han enterado de todo esto y siguen tirando piedras contra sus tejados machistas y contra nuestros fustigados vientres.

   

    La brecha salarial en España entre hombres y mujeres indica que una mujer tendría que trabajar 79 días más al año que un hombre, según el Informe Trabajar igual, cobrar menos, de UGT o 84 días más, o sea casi tres meses, según la directora de Marketing y Comunicación de la empresa de planificación fiscal y patrimonial Optima, Victoria Arán, para percibir la misma retribución, en idéntico puesto de trabajo. Las diferencias de remuneración se han disparado en los últimos cinco años, especialmente en las grandes empresas, y se sitúan en un lamentable 24%. Y empeoran cuando hablamos de trabajos a tiempo parcial, ahí las cifras se alzan hasta un 33,7%.
   
 
 Si lo que analizamos son las pensiones de las mujeres españolas, podemos cabrearnos todavía más ya que son un 33% inferiores a las de los hombres. Para que nos entendamos, una mujer debe trabajar 11 años y medio más que un hombre para obtener la misma pensión. ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo, compañera? ¿Y tú, chaval, vas a seguir ignorándonos?

   
Ya si entramos en el mundo de los altos cargos, el despropósito y la desigualdad son abiertamente indecentes: un 90% de los altos cargos son hombres, los mismos que con un 87% acaparan los puestos de los consejos de administración. Y si el 13% que nos migajean os parece denunciable, más vale que no miréis hacia atrás, puesto que en 2007, tan solo éramos un 7%. Los consejeros de las compañías del IBEX son 478, frente a 81 consejeras. ¡Y las que han conseguido con sangre, sudor y lágrimas auparse a puestos directivos deben asumir que su sueldo será un 17% menor al de sus compañeros varones!

    Tal vez por toda esta barbarie sexista empresarial sea por lo que las mujeres españolas somos más emprendedoras que ellos. Desde 2008, el 48% de las empresas que iniciaron su actividad fueron creadas por mujeres. Nuestra valentía y arrojo son más que encomiables, habida cuenta de las pocas facilidades que ponen a disposición de nuestras compañeras emprendedoras.

    No pretendo emborracharos con cifras, pero no he podido por menos que aportar estos datos tan injustos e insultantes como reveladores que dejan al descubierto el machismo laboral de nuestro país de la Europa del siglo XXI.

    ¿Nos vamos al cine?

    Da igual dónde miremos, sea el sector profesional que sea la situación de las mujeres es vejatoria.
En la última gala de los Oscar, las mujeres presentamos batalla con clase y sutileza, como corresponde. A pesar de que los magnates de Hollywood no tratan bien a las nuestras, ellas no pierden la compostura.

    Ya en la famosa y pesarosa Alfombra Roja, fueron varias las actrices que reivindicaron otro tipo de preguntas, con el hastag #askhermore, (pregúntale a ella más), alejadas de las consabidas bobadas frívolas sobre el modelito, el peinado o las joyitas. Cuando la rubia Reese Witherspoon soltó a la famosa presentadora del Good morning America, Robin Roberts, en mitad de la alfombra, eso de “ser mujer en Hollywood es duro”, la comunicadora lo captó al vuelo y empezó a hacer preguntas con más carga de profundidad a las actrices.

    Pero el momento culminante de la reivindicación femenina en la Gala llegó, sin duda, de la mano de la pequeña gran mujer Patricia Arquette. La ganadora del Oscar como mejor actriz de reparto por su papel en Boyhood demostró una gran profesionalidad al llevar preparado un modesto pero vibrante discurso, algo que tod@s l@s nominad@s deberían hacer para no divagar, y un sentido de la reivindicación escueto y eficaz, que levantó los vítores y aplausos de, entre otras, Meryl Streep y Jennifer López.



    Gracias al arrojo de Arquette y al empuje imparable de las redes sociales, su speech dio la vuelta al mundo y los medios de comunicación se hicieron eco del machismo de la meca del cine. Estudios reveladores sobre el tema como el elaborado por la Universidad de San Diego fueron revisados y así nos enteramos de que, en la lista de películas más taquilleras del 2014, las mujeres protagonistas tan solo representaron un mísero 12%. Y la frustrante obviedad de que la mayoría de actrices deben seguir accediendo a interpretar el papel de madre, hermana o suegra del protagonista, volvió a quedar de manifiesto. Así como el irrisorio 17% que ocupan las mujeres de la industria de Hollywood en tareas de dirección, producción, producción ejecutiva, montaje o dirección de fotografía.
   
No es la primera vez que las actrices norteamericanas hablan abiertamente de la discriminación salarial que sufren. El pasado otoño, Hilary Swank, ganadora de dos Oscar, se expresaba así: “Mis compañeros actores no cobran el doble que yo, sino 10 veces más. Hay dos géneros en la tierra y ambos somos irresistibles, interesantes, diversos y maravillosos. Sin embargo, hay muchos papeles interesantes para los hombres y muy pocos para las mujeres.”


Poco que celebrar, mucho que reivindicar




    Te pongas donde te pongas, la desigualdad es el mínimo común denominador. Todos los sectores profesionales nos sisan: sanidad, enseñanza, comercio, profesiones liberales, empleados del hogar… ¡Y no te digo nada en el mundo del periodismo! Según un análisis de las principales cabeceras españolas, realizado por El País en 2012: las periodistas que firman los artículos de portada apenas llegan al 26%. Y aunque parezca mentira, las inglesas todavía lo tienen peor, pues según el estudio Woman in Journalism, en el Reino Unido, los artículos de portada los escriben los periodistas en un 78% de los casos, mientras que sus compañeras tan solo acceden al 22%. Esto es así porque “a las mujeres se nos empuja a escribir en sociedad o cultura y a hacer reporterismo de calle. Mientras que ellos se reservan los temas políticos, económicos o de relaciones internacionales que son los que van en portada”, como muy bien explicó Cristina Fraga, presidenta de la Asociación Española de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación.

    ¡Que estamos hartas de que se nos empuje, manipule y menosprecie, joder! Que ya se nos está acabando la paciencia ante tanto cretino desaprensivo. No queremos aguantar más hombres mediocres pisoteando nuestros más que merecidos derechos e ignorando nuestras capacidades. ¡Que llevamos mucho aguantado ya!
¿Cómo es posible que, si en la cocina, las que tradicionalmente han preparado los más deliciosos manjares son mujeres, los chefs más famosos sean hombres, Carme Ruscalleda aparte? ¿Y qué me decís del mundo de la moda, por qué los modistos más preciados son hombres?

    ¡Que no puede ser, hombres!

    Nos alegramos sinceramente de que los gais, lesbianas y transexuales hayan avanzado mucho en la consecución de sus derechos. Ahora nos toca a nosotras.

Llevamos tanto tiempo pendientes de nuestras casas, nuestros hijos, nuestros maridos, nuestros novios, nuestros padres y nuestros trabajos mal pagados, haciendo frente a la tiranía estética que tratan de imponernos por todos lados, que nos hemos olvidado de nosotras mismas. Y eso, queridas mías, no puede ser. Tenemos que mimarnos mucho más y plantar cara a la aplastante e injusta realidad. Levantémonos del felpudo en que nos han puesto y reivindiquemos el lugar que nos merecemos.


       
    Injusta y criminal. No olvidéis que nosotras somos las violadas, las maltratadas y, en demasiados casos, las asesinadas. Que millones de mujeres en el mundo todavía no pueden acceder a ningún tipo de formación, ni a emparejarse con quien ellas libremente decidan o a sacarse el carné de conducir. Mucha es la vejación sobre la mujer.

    Por todo lo expuesto, no creo que sea hoy una jornada para celebraciones, sino para reivindicaciones. Aprovechemos nuestro Día Internacional para reivindicar lo que nos corresponde. Ni más ni menos.

    Os dejo en compañía de una mujer de armas tomar, una cantante mexicana que les canta la caña a los hombres sin pelos en la lengua. Con tod@s vosotr@s, ¡Paquita la del Barrio!


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