jueves, 14 de julio de 2016

ALMA WÁTER. YO ME CAGO EN LA PRÓXIMA, ¿Y USTED?




    ¿Cómo se puede ser honesto en un mundo deshonesto?, pregunta al cura el personaje que interpreta el estupendo Guillermo Francella –sí, el mismo que nos hizo creer que era un hombre chiquitito en Corazón de León- en la curiosa y original serie argentina El hombre de tu vida, creada por Juan José Campanella. ¡Esa es la pregunta, en efecto! ¿Por qué insisten en educar a las inocentes criaturas en la frustrante senda de la bondad si no les va a quedar otra que pillar, antes o después, la autopista de la maldad, que encima es de mefistofélico peaje? Se quedan con tu pasta, tu alma y tu dignidad de una tacada y, si insistes en lo de seguir siendo buena gente, a lo tuyo, sin meterte con nadie, te pegan un hostión de muy padre y señor mío y te ponen en su sitio de golpe. 

    ¡Si serán cabrones! ¿Por qué no nos lo decís a la cara y a las claras? ¿A qué viene todo ese postureo de mierda? ¡Que son muchos siglos ya de chapuza y el inconsciente colectivo nos está pasando una factura descomunal! ¿No sería mejor ir contando la película ya desde chicos, para evitar malformaciones emocionales irreversibles y de fatales consecuencias? ¡Que a la gente se le va la olla y no me extraña! No a todos se nos da bien alternar en el prostíbulo terráqueo en que habéis convertido el mundo, hatajo de hipócritas manipuladores: o te prostituyes (tu cuerpo, tu alma, tu mente, tu talento…) o te putean; o eres un putero o un hijo de puta. No hay más. Bueno sí, escojas lo que escojas, acaban chuleándote por las buenas o por las malas.

    Somos esclavos de la alta postura. La baja impostura. Todos sabemos qué es lo que hay, pero aparentamos que no hay nada de eso y que lo que hay mola un huevo. Rizando el rizo de la hipocresía más criminal. ¿Pero para qué, por qué? ¿Por un puñado de dolores que van a conducirnos a la tumba o al crematorio frustrados e insatisfechos? Y pobres, muy pobres de espíritu, pobrísimos. La indigencia del alma. ¿Y todavía hay gente extrañándose de que haya peña por todos lados del planeta queriendo dinamitarlo todo? ¿Que alguien se levante un buen día, saturado de impotencia, deshecho en asco, con el alma acribillada, las neuronas impregnadas de odio y un arma en la mano y salga a la calle a cargarse al primero que pille?

    La embrutecedora inercia de la humanidad lleva tanto tiempo insistiendo en apagar la luz del planeta que ahora nos toca, en pleno siglo XXI, retozar en el asqueroso lodo del caos más tenebroso.  Hemos sucumbido a las diabólicas tinieblas de la codicia, la mentira, el beneficio material impuro y duro. A costa de millones y millones de esperanzas trituradas, de personas aniquiladas, de almas rotas y conciencias envenenadas. 




    El mundo se ha convertido en una máquina aplasta-sueños, devoradora global de bondades y buenas intenciones. Y si alguien, en cualquier punto del planeta, reúne fuerzas suficientes para tratar de despertar a unos cuantos seres humanos de la pesadilla existencial impuesta; esa inercia humana devastadora que se apoderó del gobierno de nuestras vidas y nuestros países pone en marcha sus sofisticados y globalizados mecanismos de aniquilación político-mediática y se le machaca. Sin piedad. No se consienten resquicios de decencia y dignidad. Que una cosa lleva a la otra y luego… nunca se sabe tú. Consumid, malditos, consumid, pero no penséis, no sintáis, no protestéis, no alborotéis, no despertéis de ese pedazo pesadilla que nos está forrando.

    Alguna mente aislada logra escaparse del redil putrefacto y expande luces creativas, críticas e incluso divertidas. Las toleran con pesar, pues saben que son un mal necesario para hacernos creer que somos nosotros los que votamos y llevamos las riendas de nuestros países y nuestras vidas. ¡Viva la Democracia! Viva la democracia de los adormecidos, los drogados, los comprados, los sumisos, los memos, los ignorantes, los temerosos. El miedo siempre ha funcionado a las mil maravillas. Nunca falla. Cagaditos estáis más guapos.

    Si tú eres de los que tienen la cabeza y el alma bien amuebladas, lo mejor que puedes hacer es montarte un rastrillo, vender lo que puedas y ver si te da para pasar un tiempo siendo tú mismo. Y procura no armar mucho escándalo, no sea que la tomen contigo y te aniquilen. O te somaticen.

    No, si yo sentido del humor tengo mucho, no concibo mi vida sin ese sentido. Y sin otros. Pero hay días en que la sobredosis de hartazgo e impotencia es tanta que necesitas evacuar Tu alma wáter ni que sea para desahogarte y seguir adelante sin desfallecer. ¡Y lo a gusto que una se queda! Ya si eso, otro día, nos echamos unas risas. Pero hoy, yo me cago en la próxima, ¿y usted?





6 comentarios:

  1. Supongo que la idea del Lobo Estepario no parece tan descabellada ahora que tenemos que compartir la etiqueta de especie con quienes prefieren callar y reir como idiotas antes que frumcir el ceño y rebelarse ante la idiotez que nos ponen delante de los sentidos y que llaman sociedad.
    Saludos desde el adormecido Chile.
    P.D. Me encanta tu blog...

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    1. ¡Qué placer traspasar mares y océanos con las palabras e ir a parar a Chile!
      Muchas gracias por seguirme!!
      Saludos desde la adormecida España. Saludos desde el adormecido mundo.

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  2. Pues nada, que tendré que montarme un mercadillo aunque reconozco que si pudiese me metería en una cueva alejada de todo.
    Genial, como todo lo que escribes
    Abrazos grande donna!
    Republicana ( de twitter)

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    1. Abrazos para ti, camarada!!
      ¡Eh, hazme sitio en la cueva!

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  3. Querida Marisol, estoy seguro que este artículo te ha servido para limpiar alma y mente! Evacuación total de pensamientos inquietos y sensaciones astilladas. Te apuntas a esto de ser emprendedor? Venga que un puesto contigo y conmigo puede ser mortal! De momento podemos empezar con una oferta: medio kilo de verdades a la cara y un cuarto de transparencias ( no me pienses mal, Galdón) para aquellos que se han hartado de tanta hipocresía. Besos querida! Como siempre genial. Te lo RT desde ya!

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