domingo, 14 de junio de 2015

LA LISTA MÍNIMA (*)


    


    
    Justo antes de ponerme con este artículo, buceaba por la red tuitera y me topé con el hastag #FELIZDÍADELPERIODISTA. Así, de buenas a primeras, como que me costaba construir una frase en la que “Feliz” y “Periodista” mezclaran bien, sin chirriar. No sé si es que estaba espesa, frustrada o simplemente decepcionada. Felices, lo que se dice felices, me da que no nos sentimos en general los periodistas. Más bien puteados y explotados, como nos duele la boca de decir y la mano de escribir, y aburridos y apalancados también. Sí, sí, apalancados, algo muermetes, con ganas de llegar a fin de mes, muchas tragaderas y poco espíritu de aventura. A la verdad ésa que le den, todo es muy relativo.



Si algo soy yo es una mujer muy aventurera, así que, hará cosa de un par de meses, me aventuré de nuevo en los artículos de Larra. Seguía maravillándome que un mozalbete de veintitantos tuviera ese dominio bestial del lenguaje y un criterio tan depurado y exquisito. Claro que entonces no existían internet, ni los teletipos, ni las Facultades de Ciencias de la Comunicación, qué arrogante me sigue sonando, y uno debía buscarse la vida en los libros y la vida misma. “Aprendan a respetar lo que es peligroso despreciar sin tener antes más sabiduría”, escribe este chaval portentoso. ¡Qué madurez! Impensable hoy en día, en que conceptos como “sabiduría” han tocado fondo y aguantan el oprobio de estar asociados con las fruslerías de la wikipedia.

    “La libertad ante todo”, me sugieren los de la APEI. ¿Libertad de qué? ¿De pensamiento? ¡Faltaría más! Me quitan esa y, directamente, dejo de existir. ¿Libertad de soltar abiertamente opiniones incorrectas? Pues va a ser que no. Porque a ver, ¿dónde las cuentas, en qué contexto? Los canales mediáticos tradicionales ya han hecho su purga, ya tienen a sus inconformistas de turno, perfectamente contratados y controlados. La Lista Mínima, vamos. Los demás, los que somos demasiado outsiders e incontrolables, hace tiempo que estamos silenciados por esa banda. Sí, podemos lanzar clarividencias puntuales en las redes, pero sanseacabó.
    
    Cierto es, empero, que tras las últimas elecciones municipales y autonómicas, nuevos vientos refrescantes y desincrustadores se empeñan en soplar en las instituciones públicas. ¡Se rompió el bipartidismo, alabado sea Dios! Cojonudo. Vamos a ver qué pasa. Partido a partido, como dice Nadal, aunque se empeñen en asociar la frase con el Cholo.

    El corralito comunicativo necesita ponerse las pilas con un pelín más de osadía creativa. ¡Que la gente está harta de ver y escuchar siempre lo mismo y a los mismos en los mismos formatos! Esa radiofórmula mediática está agonizando, ya no da más de sí. Vive una decrepitud paralela a la política y si no espabilan se van a quedar sin clientela joven, y no tan joven, con criterio, porque esos cuando quieren algo jugoso, lo buscan en internet y no en el muermo tradicional.



    Los periodistas y comunicadores estamos para informar y atizar las brasas de la sociedad. Nos debemos a ella. Y como decía Larra: “La sociedad es de todas las necesidades de la vida la peor”.




(*) Artículo escrito para la revista de la APEI (Asociación de Periodistas Españoles Independientes)