domingo, 12 de abril de 2015

BESAD, BESAD, BENDIT@S

 



¡Mira tú qué bien! Con lo tediosos que son siempre los lunes, y este nos viene con el Día Internacional del Beso incorporado. Así sí que da gusto empezar la semana. Vayan, pues, mis besos por delante, quedáis todos y todas besados. Son besos expansivos, virtuales, sin endorfinas, pero sinceros y de buen rollo. Aunque yo creo que lo suyo es que salgamos a la calle y empecemos a repartir besos a diestro y siniestro, por la cara. O por donde tú quieras. ¡Besaos, besaos, bendit@s!


Si en vez de balas, disparáramos besos nos iría mucho mejor. ¿Os imagináis un vendedor/a ambulante gritando: “¡Al rico beso! ¡Al rico beso! Llevo besos de todas clases, frescos y a buen precio. ¿Quién quiere un beso?”


Recuerdo que, al principio de vivir en Madrid, había un tal Álvarez del Manzano perpetrando la alcaldía que, un mal día, le dio por prohibir que la gente se besara en la calle. ¡Hay que ser muy miserable y estreñido para aprobar tamaña grosería! Fuimos muchos los que salimos por Madrid a besarnos sin piedad ni pudor, ávidos por desafiar a las huestes municipales represoras.



     
   Los abrazos son seguramente más completos y abarcadores porque protegen y funden cuerpos, incluso a través de nuestras vestiduras, sincronizan latidos y generan armonía entre privacidades corporales. Pero los besos acortan distancias en un solo click labial. Son un toquecito de cariño, puramente social y de costumbre la mayoría de las veces, no digo que no, pero con un componente mágico biológico con el que proporcionar y obtener pellizcos de felicidad.




   
Admito que me gusta besar. Mi exsapo Sir Gawain fue besado en más de una ocasión por mis labios imprudentes (Ay, dónde andarás). Beso a mis gatos siempre que me place. Y ellos me besan a mí, sobretodo Colin y Carla que son supercariñosos y me arrean unos narizazos en mi napia que no veas. Las mejillas de mis seres queridos y personas afines siempre las beso debidamente, sin titubeos, ñaca, toma beso.
       

El Cumpleaños, Marc Chagall
   
    Los únicos besos que hace tiempo, demasiado, que no practico son los besos de amor. ¡Ay, cómo los echo de menos! Con esos sí que se liberan toneladas de endorfinas. Mmmm… ¡Y lo buena besadora que es una! Está mal que yo lo diga, pero es así. Soy un ser besante que goza infinitamente con esa práctica apasionada. Y es que no todo el mundo sabe besar. ¡Es un arte que requiere práctica, sensibilidad y pasión, mucha pasión!


       
    Antes de proseguir, puntualizar que los besos de deseo, sin amor, son distintos. No son tan sofisticados, son más toscos, lenguaraces y directos, van a lo que van, sin contemplaciones. Esos besos presagian con vehemencia el polvo que se avecina y ametrallan la boca del otro, mientras las manos efectúan recorridos erógenos por su cuerpo serrano.

     
El Beso, Gustav Klimt
     No, no, no, yo soy una fan de los besos con que la pasión amorosa ilumina nuestro corazón y la catapulta a la boca del otro. Y esos hay que matizarlos y darlos con delicadeza. El amor, el buen amor, ese que cala hasta el último de tus tuétanos, quiere ser besado lentamente, con ternura, para que la pasión no se desborde, sino que se vaya desparramando poquito a poco hasta derivar en un crescendo frenético de placer.
      
     
   Si un hombre o una mujer pretende inundarte de amor con un beso de lengua que te propine una limpieza bucal o vaya directamente a la laringe, va a ser que no. Que para eso ya están los dentistas y los otorrinolaringólogos, es su especialidad. Los besos amorosos hay que iniciarlos suavemente con los labios, posándolos con delicadeza en los labios del otro, recorriéndolos entreabiertos por toda su superficie, comisuras incluidas, chupeteándolos y lamiéndolos con intensidad creciente y pausada. La lengua debe introducirse en la otra boca progresivamente, como una ola de mar que va y viene, empujada por la marea de nuestra pasión. El propósito es que ese beso, ese momento de pasión explícita, se alargue todo lo posible, para que el gozo no languidezca antes de tiempo, ni pierda fuelle.  Los chupetoncitos derivan en mordisquitos picantes, mientras nuestra lengua se atreve ya a realizar alguna embestida más profunda y puntual. Recuperamos posición, respiramos y volvemos a empezar.


        
    Si eres un@ de es@s afortunad@s que puede ponerlo en práctica, ¡hazlo! Notarás cómo tu sexo lubrica mucho mejor y la pasión fluye por tu cuerpo alegre y ávida. Si no, espera a que llegue el momento y la persona adecuada. No se pueden ir desperdiciando besos de amor apasionado con el primero que se ponga a tiro. O como decía la copla de El Beso en España: "Un beso de amor no se lo doy a cualquiera".


Hay un hombre a miles de kilómetros de distancia con quien ardo en deseos de practicar besos apasionados, pero el destino me priva de ello. Acaso nunca nos podamos besar, mas como nuestras pasiones andan algo revueltas últimamente, a él le dedico la frase de Gabriela Mistral.
       
    ¡Hala, hala! Id a besaros. Hoy lo que importan son los besos en general, del tipo que sean. Besad, besad y expandid ternura, amistad, buen rollo, cachondeo, sentimientos nobles y enaltecedores. ¡Que buena falta nos hace!
    
    Y si no tienes a nadie a boca o a mejilla, siempre te quedará hacerlo a la manera de Forges.  

     
          ¡MUAAAAAKS!!!!!!!!!!!!