jueves, 22 de mayo de 2014

LAS HEMORROIDES DE LA TRANSICIÓN. (Estriptís integral de Marisol Galdón)



    

    Aclarar antes que nada que este escrito no va sobre la Transición Española, no, va sobre mi propia transición, mucho menos interesante, pero más actual. Lo digo para que nadie se lleve a engaño y espere encontrar aquí revelaciones escandalosas a lo Pilar Urbano. Que yo con el Rey no he tenido ningún follón, ¿eh? Sólo me faltaba eso... Lo mío es más una Losa Rural, que pesa como un demonio, pero, eso sí, está totalmente exenta de afán de lucro. La sisifeo de acá para allá, pero no hay manera de que me la quite de encima. Y como me he visto obligada o me he obligado a mí misma, no lo sé, de todo un poco, a acarrearla con discreción, más o menos, pues estoy agotada y pelín desesperada.

    

    El peso de La ley del silencio cayó sobre mí un buen día en que... Como nunca se me ha dado muy bien calibrar lo que es o deja de ser socialmente correcto y soy toda una patata brava, a pesar de la edad, ¡ay, esos ímpetus!, pues una tarde, en el Twitter, se ve que dejé caer que andaba algo colgada de curro. Ya sé que no es muy glamuroso, pero, hija, cuando la necesidad empieza a encimarte, más vale no ponerse remilgada. Bueno, pues al cabo de unos minutos, una famosa periodista con la que coincidí, física e ideológicamente, el poco tiempo que anduve por La Sexta, me envió un mensaje privado, muy elegante ella, todo hay que decirlo, aconsejándome que más valía que estas cosas no las dijera en público. ¿Habré vuelto a meter la pata? Pensé yo. Pos sí que estamos bien... Pero, claro, luego también pensé: vamos a ver, yo ni tengo un Mercedes, ni estoy en racha, ni mi marido es una personalidad famosa con sueldazo incorporado, que ríete tú de los del Nescafé; ahora ya no, creo que se separaron, divorciaron incluso, pero en aquellos momentos sí. A lo que vamos, que ni tengo marido ni costilla de ninguna clase que me achuche un poco y me rescate de la ruina con su colchoncito mullido cuando van mal dadas. Tendré que buscar la manera de salir adelante, ¿no? Digo yo... En esas estaba, cuando empecé a notar unas pequeñas e irritables protuberancias de lo más molesto en tal que ahí. Y así me encuentro desde entonces, con unas pedazo hemorroides que no hay ungüento ni curro que me las calme. Y me he dicho: ¡Ya está bien, nena! Esto hay que contarlo un poco e ir soltando lastre como sea o la losa te va a terminar aplastando. ¿Qué prefieres: hundirte en la miseria más silenciosa, con el orgullo bien alto y las dichosas hemorroides dándote pol saco, o proclamar a los cuatro vientos tu desastrosa situación y el consiguiente oprobio que eso pueda conllevar? ¡Oye, si la mismísima Bette Davis tuvo los ovarios de poner un anuncio en la revista Variety pidiendo curro, no lo voy a hacer yo! Decía la susodicha:

    “Madre de tres hijos (10, 11 y 15), divorciada, americana, con treinta años de experiencia como actriz, todavía móvil y más afable de lo que los rumores dicen, busca trabajo estable en Hollywood.”

 Yo, quitando lo de Hollywood y lo de madre divorciada americana, encajo a la perfección con lo que es el grueso del anuncio. ¿Te imaginas que a ti te sale un trabajo chachi, un cliente para biografiar o una editorial decente para tu novela? Nunca se sabe... La cosa es que a Miss Davis le dio resultado, porque va y le aparece Robert Aldrich con el guión de ¿Qué fue de Baby Jane? Entre ella y Joan Crawford consiguieron aterrorizar a propios y extraños con esa maravilla fílmica, rodada precisamente en 1962, el año en que nací.



A estas alturas de mi vida, atravesado ya el ecuador, confieso que he pecado y que, a pesar de mis incursiones puntuales en el terreno de la interpetación teatral o cinematográfica y de un paréntesis de cuatro o cinco años como discjockey, soy una profesional de los medios. Hubiera preferido que me tocaran enteros, pero el destino me los partió y no me quedó otra que apechugar con eso. Y una que no es precisamente equilibrista, aunque sí equilibrada, se ha pegado cada tropezón por esos mediateos de muy padre y señor mío.



La cosa es que lo nuestro, al principio, fue todo un flechazo. Durante los primeros años, todo iba viento en popa, vivíamos una relación apasionada, los medios y yo. Gozábamos de lo lindo con nuestros devaneos y yo me creía a pies juntillas todo lo que me decían: que si eres la bomba, que si te voy a convertir en una estrella, que tú y nosotros juntos la vamos a armar... En fin, todas esas cosas que, con el tiempo, fui descubriendo que esos ingratos hipocritillas se las decían a todas. Claro que los medios también descubrieron que la garra y el talento de esa personalidad explosiva que tanto les gustaba cuando nos conocimos, iban acompañados de un criterio y un carácter que no iban a permitirles mangonearme a su antojo. Y la cosa empezó a enfriarse y a ponerse tensa entre nosotros. Cada vez lo hacíamos menos y de cualquier manera. Hasta que un buen día, ¡zascas!, me desposeyeron de mi posición de mediocentro o mediocampista, ya no repartía el juego que ellos me habían hecho creer que repartía, sino que me tocaba jugar en la posición que el entrenador de turno me adjudicara. Bien es verdad que alguno hubo que me dio bastante juego, pero la mayoría me ponían en posiciones que no me permitían mucho lucimiento. En esos momentos, ignoraba que lo peor estaba por llegar, incauta de mí, y que se avecinaba un día en que me faltarían al respeto a lo grande y me obligarían a chupar banquillo. Pero en aquellos momentos, ¿qué podía hacer yo?  Los bolos estaban razonablemente remunerados, disponía de mucho tiempo para mí e iba cubriendo mis gastos. ¿Que se me empezaban a acumular michelines de insatisfacción? Pues me arreaba una tanda de abdominales de autoestima: ya verás como sólo es un impás, tarde o temprano saldrá algo que te motivará y pondrá a prueba otra vez, paciencia... Pero me equivoqué. Pasados unos años, empecé a darme cuenta de que tan sólo un milagro permitiría que recuperara mi posición en el campo mediático. Algo que no ha sucedido ni parece que vaya a suceder, y me quedé totalmente colgada en mitad de un fastidioso limbo del que no he logrado salir:


Paulatinamente, fui asistiendo a la creciente okupación de una insatisfacción y una frustración que se vinieron arriba y se instalaron peligrosamente en el hasta entonces afable recinto de mi ánimo. Pero bueno, de algo hay que vivir, me decía. Seguí recorriendo esa infructuosa senda, mas nunca me rendí. Mi creatividad no sólo no me lo permitía, sino que me empujaba y me presionaba para que me aventurara por otros derroteros y le diera más cancha. Presenté, pues, proyectos de programas para radio y televisión en todo tipo de cadenas y productoras: de deportes, entrevistas, música, música clásica, música y literatura, cine... Qué sé yo, los temas que más o menos controlo. Mis ideas gustaban mucho, pero no acababa encontrando apoyos definitivos. Y encima tuve que soportar ver algunas de mis propuestas fusiladas con otro título o directamente con el que yo había escogido en el paredón de las ignominias de los buitres mediáticos. La presión de mis okupas empezaba a resultar asfixiante. No podía seguir así. La vida sólo se vive una vez, no cesaba de repetirme. Busca otra salida, aléjate de ese terreno de juego e invéntate uno en el que puedas jugar a gusto. Eso, eso, jaleaba mi maltrecha creatividad, dame algo, dame algo, aliméntame, feed me, casi me ordenaba, como si fuera la planta insaciable de La Pequeña Tienda de los Horrores, la pequeña joya de los horrores con que nos bendijo Roger Corman en 1960:

 

¡De acuerdo! ¡Está bien! Me pondré las pilas y tomaré cartas en el asunto. Y empecé a devanarme los sesos tratando de encontrar una salida satisfactoria para todas las partes. Al mismo tiempo, mi subconsciente, que iba a su bola, empezó a meterme de lleno en el fascinante universo de la escritura. Lo de escribir para mí siempre fue como lo de leer, cantar o bailar, son disciplinas con las que convivo desde niña y me procuran imprescindibles chutes de felicidad, pero no hasta el punto de pensar que mi dedicación exclusiva a alguna de ellas iba a procurarme el asqueroso sustento material al que nos somete y obliga el esclavismo materialista de este mundo que hemos ido construyendo (o destruyendo). ¿Y por qué no? ¡Ay, si es que esto de no tener vocación de nada concreto es una cruz! Espera un momento. Lo cierto es que, cuando quise darme cuenta, ya llevaba casi un centenar de páginas de lo que tenía toda la pinta de ser una novela. Y no solo eso, sino que, a medida que avanzaba, iba experimentando un inusitado placer en mi inesperada relación con las palabras a mayor escala. Avancé con deleite por ese camino y, al hacerlo, los nubarrones de insatisfacción que acechaban mi existencia empezaron a disiparse. ¡Qué bendición si lograra ganarme la vida escribiendo, en solitario, sin depender de la logística aparatosa que imponen los medios! ¡Adiós a la tiranía fashion del tinte, maquillaje o demás parafernalias como tenerte que buscar modelitos! Ángeles Caso lo logró, ¿por qué yo no? Hay que intentarlo. Tanto fui entusiasmándome con la idea, que empezó a crecer en mi interior el deseo acuciante de montar mi modesto nidito en un lugar tranquilo en el que poder recrearme a mis anchas recorriendo esa vereda creativa con que el destino andante me salvaba de las mazmorras de la frustración. Mi vida profesional era por aquel entonces poco estimulante, pero muy activa y nada parecía indicar que no lo siguiera siendo. Corría 2001 y yo saltaba de debate en tertulia en la tele (Crónicas Marcianas, en Tele 5), en la radio (Al Tran Tran, en la Cope) y seguía colaborando mensualmente en la revista Rolling Stone. La bochornosa pobreza mediática con que los medios nos han cubierto de humillación a miles de profesionales de todo el país era algo impensable en aquellos días. Las tarifas eran de lo más correcto y mi racha era buena. No pretendía yo una ruptura brusca entre los medios y yo, eran muchos años juntos, seguiría trabajando con ellos hasta que la apuesta literaria empezara a encauzarse. ¡Se imponía una Transición en toda regla! Estaba decidida.

 

Decidí, pues, aventurarme y embarcarme, por primera vez en mi vida, en la compra de una vivienda. Todos a mi alrededor no paraban de darme la brasa con eso de: “Estás perdiendo dinero viviendo de alquiler” o “Con lo que pagas de alquiler, te estarías pagando la hipoteca tan ricamente.” ¿Te suena? Sí, ya sé que ahora nadie suelta este tipo de consejos, pero a principios de siglo era lo habitual. “Además, si pasado un tiempo, ya no te interesa, pues la vendes y encima te sacas una pasta.” ¡Jajajaja, ay, que me parto! Está la cosa como para vender y sacarte una pasta... Y que conste que lo voy a intentar, venderla digo, al mejor precio posible. Estoy en ello. No me queda otra. En fin... La cuestión es que yo no sé si, con esto del inicio del milenio, me pilló de por medio un ajuste de cuentas interplanetario y fui una víctima colateral de sus movidas o qué, pero, desde entonces, estoy corriendo una carrera de obstáculos interminable e inimaginable para la mujer que yo era. Pero cualquiera paraba a La Galdón, que, ajena a la ignominiosa fatalidad que le reservaba el futuro, se decidió finalmente por una casa en el campo, en la bonita Alcarria, cerca de Madrid, pero alejada del mundanal ruido.



Los medios, por su parte, no estaban dispuestos a dejarme pasar mi desapego hacia ellos y, sabedores de que lo de abrirse paso en el mundo editorial es complicado, iniciaron una escala de chuleo que, más tarde con la excusa de la crisis, ha derivado en una verdadera ignominia: de 1500 euros el bolo, pasaron a 900; de 900 a 600; de 600 a 400; de 400 a 300; de 300 a 250; de 250 a 150 e incluso 100 euros ¡BRUTOS! Y no por una intervención puntual, sino por dos horas o más de debate. Y ya no es sólo que me siento como una pilingui mediática, que también, -como te puedes imaginar, ya hace mucho que no siento nada al hecerlo con ellos-; sino que a la pobre autónoma que una es hace tiempo que no le cuadran las cuentas. Por eso quiero aprovechar estas líneas para agradecer públicamente a mi madre en especial y a todos aquellos familiares, amigos e incluso colegas que me han ayudado durante el último año a llegar a fin de mes con sus préstamos. Sin su ayuda estaría desahuciada, o igual ya ni estaría, vete tú a saber. Porque una, a ver, es positiva por naturaleza, y cuando habla con Dios, sí, mira, a veces, me da por ahí, pues le digo: “Nene, tú que controlas el cotarro ahí arriba y tienes mano con los que nos montan los cástings de la vida, haz el favor de decirles que no me pega nada el papel que me habéis dado. ¿Acaso os creéis que soy Ana Magnani o Irene Papas? Un poco de muermo, vale, puedo entenderlo, hay que aprender todo tipo de lecciones, no todo pueden ser alegrías, pero ya vale, ¿no? ¿Qué os cuesta largarme de esta tragedia y ponerme en una comedia un poco más alegre? ¡Si yo soy una tipa divertida, dicharachera, empática y buena gente que ya está hasta el moño de tanto drama! Mira, no hace falta que sea una comedia de alta gama, tipo Preston Sturgess, con una de esas románticas a lo Meg Ryan me conformo. Fíjate lo que te digo.”

De momento, ni caso. Y lo entiendo, ¿eh? Es tal el número de pringados y afectados por la hipoteca de la vida que solicita los favores del Altísimo, que no dan abasto ahí arriba. Así que mientras, aquí abajo, una hace lo que puede y trata de que el ánimo y la confianza no decaigan. 

Conseguí publicar mi primera novela,¡Mátame!, en una pequeña editorial, que pasó olímpicamente de nosotras, en todos los sentidos. Lo poco que salió en los medios me lo curré yo. Ellos siguieron a lo suyo. Es una novelita de suspense psicológico, elegante y bien narrada, que no se merecía pasar tan desapercibida. La segunda me ha salido mucho más respondona y provocativa, de suspense también, dejé que los personajes tomaran las riendas de la narración y no veas la que me han montado. Estoy tratando por todos los medios de encontrarle un mejor cobijo editorial. ¡Cruza los dedos!

Mientras, decidida firmemente a hacérmelo con las letras, que son las que más me ponen, me he incorporado al interesante plantel de escritores y periodistas que conforman www.memoriasediciones.com ¿No nos conoces? Entra en la web, te gustará. Escribimos libros de memorias y biografías para todo tipo de personas que deseen dejar constancia de su experiencia o sus aventuras por esta vida. ¿A que mola? 

Las ediciones están muy cuidadas, todas con sus fotografías, y distintos formatos. Ya hemos publicado varios, a pesar de que una servidora todavía no ha podido estrenarse. Estoy deseosa de encontrar mi primer cliente. Igual a ti te interesa o sabes de alguien a quien le podría interesar. Si es así, estás tardando en ponerte en contacto conmigo.   

Para ir finalizando el estriptís de mi Transición, que bastante he enseñado ya, que ha resultado más largo de lo que pensaba -hija, una cosa lleva a la otra...-, y en el que tan abierta y sinceramente quedo expuesta, de perdidas al río, no me queda más que recordarte que aquí estoy, para lo que haga falta. Que ojalá sea bueno para ti y para mí.

¡Gracias por tu tiempo y tu paciencia!

Si te ha gustado o te parece interesante, difúndelo.

¡Suerte!

galdonmarisol@gmail.com

@MarisolGaldon

          
 
 









lunes, 21 de abril de 2014

SIN BRAGAS Y A LO LOCO


    

  
  Espera, que me subo las bragas antes de escribir. Se me cayeron el otro día viendo la Final de la Copa del Rey y no es plan que me ponga ante el ordenador con el culo al aire. Así es como nos ha dejado el Barça a los culés esta temporada, que somos culés, sí, pero ya la cosa tiene un límite. Nos llueven las hostias por todos lados y, entre gatillazo y gatillazo, frustrados y de bajón, cuando tratamos de templar la moral con un chupito de esperanza, ¡zas, que te pego, leche! Montoro pilla a Messi y sus gestores haciendo cositas con los impuestos, Neymar cantando a voz en grito My cash belongs to daddy, Rosell metido de lleno en el rodaje de La gran evasión, Valdés se pone a tope con su Crónica de una marcha anunciada, (maestro Gabo, DEP), las lesiones amortizando su abono de temporada en el Camp Nou y, encima, por si eso fuera poco, viene la FIFA y nos chulea con amenazas. Oye, mira, que ya está bien, así no se puede, hombre. ¿O es que os creéis que todo ese estrés no se ceba con el ánimo de los muchachos? El pobre Tata, que es nuevo y no le pilla el punto al Barça ni a la de tres, ya no sabe cómo maravillárselas para sacar el equipo adelante. Mira, déjalo, Gerardo, cielo, de verdad, nos han echado un mal de ojo al dato de los gordos y hasta que no encontremos un conjuro no salimos de ésta.
  
  Con todo eso encima, una se pone a ver la Final de la Copa sin mucha fe, a pesar de estar en Semana Santa. Y asiste, impertérrita, al evento televisado, teniendo que aguantar que su exjefe Rivero le cante goles que no lo son. Menudo susto que me dio. Ahora que para susto lo de Di María. ¿Di María? El Fideo aprovechó que estaba en tierras valencianas y cocinó una fideuá pero rica, rica. Vaya partidazo que se marcó el jodío. Con un golito que te cagas cuando no llevábamos ni diez minutos. ¡Anda, chuparos esa, culeretes! Y vaya si chupamos. Los blaugrana no levantaron cabeza hasta que Bartra empujó con la suya el balón en la portería de Casillas. Un golazo sin paliativos. No me vengáis ahora con que si Pepe cantó en el lanzamiento del córner. Mira, tú, los goles no existirían si los defensas y los porteros no se despistaran nunca. Lo que hay que ver es qué pesa más, si la cagada de éstos o el acierto del atacante. Y en el caso del gol de Bartra, el chaval estuvo sembrado. Y el que siembra, recoge. Y por eso los culés empezaron a entonarse y a manejar el balón como se les supone, con talento y criterio. Pero ni por ésas. ¿No ves que Messi andaba más perdido que los de la serie? Hubo dos grandes ausencias en esa Final: la del argentino y la de Xabi Alonso, que ya lleva en busca y captura desde hace semanas. Pero, bueno, como los suyos ganaron, pues la cosa no pasa a mayores y el mediateo merengue no se ceba con él. Con Messi ya es otro cantar. ¡Ay, pibito!, si es que ya se sabe, al perro flaco todo son pulgas y no fuiste tú la Pulguita atómica que tantas diabluras hace siempre a los del Bernabéu.
  
  Cuando parecía que el partido estaba abocado a la prórroga y el Rey empezaba ya a inquietarse en el asiento, va el galés Bale, pilla el balón, se arrea un esprint de más de cincuenta metros, se planta ante la portería de Pinto y  marca un golazo espectacular. Se la metió por entre las piernas, para que el asunto fuera todavía más humillante. Dicen que Florentino se olvidó del decoro y tal y cantó el gol como un poseso. No es para menos, es el mejor gol que le he visto marcar a Bale con la camiseta del Real Madrid. Y además les ha valido un título. De nada le sirvió a Neymar el chutazo que Casillas rozó y envió al palo, poco antes del pitido final. Por fin mojaron los merengues, se vengaron de su eterno rival y los culés nos quedamos descompuestos, sin Copa, sin Champions y sin rumbo.
  
  Pero te digo una cosa, la moral es lo último que se pierde. Y ahora que la peña no da ni un duro por el Barça, igual alguno se lleva algún disgusto. ¿Te imaginas que el Barça ganara la Liga? Uy, se me caen las  bragas otra vez. Nos ha dado tantos palos el Barça esta temporada, que no se me ocurre mejor manera de terminar esto que pegarme un bailoteo con los Mano Negra. ¿Te animas?