viernes, 18 de noviembre de 2011

MÁS ACÁ DEL BIEN Y DEL MAL

   “Por nuestras virtudes es por lo que somos más castigados.”



                                           Más allá del bien y del mal

                                          FRIEDRICH NIETZSCHE



   Tal vez porque...


   “... no ve males la bondad donde males no parece que existan.”


                                                                       El paraíso perdido

                                                                       JOHN MILTON



   O simplemente porque los males campan a sus anchas por este mundo, se han adueñado de él. Las virtudes no viven su mejor momento histórico.


   Por no ser, este mundo no es ya ni fariseico, no se molestan los malvados en esconder sus intenciones y aparentar unas bondades que no poseen. No necesitan hacerlo puesto que suyo el mundo es. Y lo muestran abiertamente, codiciosos e imparables, ávidos de especulación, sin conciencia y sin piedad. Los códigos morales ya no pintan más que musarañas.


   Los desamparados pueblan el planeta de parte a parte. En las ricas ciudades de occidente, en las sufridas aldeas africanas, en las lejanas montañas de oriente, en las convulsas calles de oriente próximo, en las generosas tierras sudamericanas. En las escuelas y las universidades. En los hospitales y las residencias. En los parques y los parqués. En la soledad de tantos millones de rincones limpios y acogedores, que luchamos por preservar.

   La avaricia y la codicia han comprado las almas de nuestros gobiernos, que se limitan a guardar las formas democráticas sin mucho tesón. Si la avaricia y la codicia lo exigen, las democracias se retiran y ceden el paso a las tecnocracias. Todo con tal de salvaguardar este sistema tan justo y solidario, que enriquece a los poderosos, empobrece a los humildes y aniquila a los pringados. Todo con tal de no repartir los recursos y los alimentos.


   Tanto que lucharon los buenos por expandir la democracia en el mundo y erradicar las dictaduras. La dictadura del proletariado que nunca supo encontrar el camino de la felicidad. Las dictaduras militares que nunca se hartaron de pisotear y de matar. Ahora la democracia ha encontrado el nuevo camino a seguir, el de la dictadura de la democracia. Una paradoja del siglo XXI concebida por los mercados, a la que todavía le quedan varios cabos sin atar y millones de personas por estrujar.

   Me siento desolada.


   También en lo personal.


   Mi experiencia última me ha hecho beber de nuevo la cicuta de la mala fe. Y me he sentido rodeada de bajezas. ¡Ah, nunca aprenderé a ser astuta! ¡Pero es que no creo en la astucia! ¡Pues algo tendrás que pensar! No puedo permitir que los infames se salgan con la suya y me desprestigien a su antojo. Está bien. Me esforzaré por no mostrar abiertamente mis cartas. Pero tampoco me puedo poner a recelar y recelar...



   “No basta tener talento; hace falta también el permiso para tenerlo. ¿No es eso, amigos míos?”


                                                                           Más allá del bien y del mal

                                                                           FRIEDRICH NIETSZCHE



   La bondad está acorralada. La decencia, niguneada. La virtud, desahuciada.


   Se acercan tiempos difíciles para la humanidad. Sí, más difíciles todavía.


   En España, hay elecciones dentro de dos días. Si las encuestas están en lo cierto, por primera vez en la historia democrática de nuestro país, se va a dar la circunstancia de que casi todo el poder institucional va a estar en manos de un único partido. Eso da bastante miedo. Tanto poder para una sola fuerza política resulta poco reconfortante y un poco espeluznante. Así que, a pesar de lo dicho, me siento en la obligación moral de votar y de tratar de impedir con mi voto que eso suceda.


   Los poderes democráticos están siendo ferozmente cuestionados.

   Antes de que la dictadura de la democracia impuesta por los mercados nos acorrale, tenemos derecho a ejercer nuestra voluntad en las urnas.


   Luego, ¡Dios dirá..!

sábado, 20 de agosto de 2011

VERGÜENZA


   Vergüenza. Ignominia. Perversidad. Asco. Impotencia. Atropello. Mala fe. Prepotencia. Vanidad. Abusos. Codicia. Envilecimiento. Inmoralidad. Injusticia. Miseria. Decadencia.


   -¡Vamos! ¿Quién da más? ¡Hagan juego, señoras y señores!
   -¡Apuesten y llévense premio seguro! ¡Tengo desahucios, despidos, hambrunas, guerras, atentados, crímenes y maltratos de todas clases, mentiras, corrupción y mucho, mucho desamor!
   -¡Te toca fijo! Si todavía no estás del todo insatisfech@, ¡no lo pienses más! ¿Qué puedes perder, un poco de conciencia o de decencia? ¿Y para qué coño las necesitas? ¡Esto es lo que se lleva y más vale que apuestes o te pongo el bozal de la sumisión!


   ¡POR FAVOOOOOR! ¿Cómo puede ser que todavía no se nos haya caído la cara de vergüenza? ¿Cómo podemos seguir mirando para otro lado -¿para dónde? ¿qué lado? ¡Si todos están igual!!!- y no nos mareemos del pestilente hedor que emana por doquier?


   No sé a ti, pero a mí esto me huele a diabólico. Hemos caído en manos del lado oscuro que ha abducido a la humanidad de tal forma que nos negamos a admitirlo, como cualquier drogadicto hace con su adicción. El mundo necesita un profundo e intenso exorcismo. ¡No podemos seguir así! Yo, al menos, reconozco que desfallezco por momentos... Seré demasiado sensible, no lo sé, pero es todo tan denigrante y desesperante que si no reaccionamos pronto, más vale que cojamos el mundo y se lo pasemos a Pau Gasol para que enceste un triple galáctico con él y lo envíe al planeta de los simios, a ver si allí lo arreglan de una vez. Porque lo que es aquí la cosa está verdaderamente jodida.


   Si seguimos tomándonos dosis de este cóctel emponzoñado que nos brindamos unos a otros, ya no habrá cordura ni coherencia suficientes para neutralizarlo. ¿Es que no os dais cuenta? Nos envenena y nos consume poco a poco, sorbo a sorbo, e intoxica nuestras almas tan inexorablemente que para cuando nos queramos dar cuenta ya no habrá nada que hacer.
   Y nosotros nos dejamos porque bastantes quebraderos de cabeza tenemos ya con nuestras deudas y nuestras hipotecas; con el constante desaliento que nos causa este absurdo sinvivir, repleto de angustia y de incertidumbre. Es un mundo apestoso y miserable en el que millones de personas perecen, a un par de horas de avión de nuestras casas, mientras un puñado de escogidos se baña en el oro que obtuvo especulando con nuestra miseria. Y lo contemplamos con esa mezcla de impotencia, tristeza y ¡a mí que me registren! ¿Qué puedo hacer yo?


   Pues mira, te cuento: para empezar, sé valiente y sincer@ contigo mism@. Sé fiel a tu propia causa, la de tu existencia, y no renuncies a ti mism@ tan fácilmente, ¡joder! ¡Lucha por tus sueños, por tus convicciones, por tus principios! ¡Y no te bajes los pantalones tan fácilmente, cobarde, para que abusen de ti como y cuando les plazca, hasta que llegue un momento en que te cueste tanto mirarte a la cara, que prefieras convencerte de que estás haciendo lo correcto y no salgas ya nunca más del barril envilecido en que te has dejado meter! ¡Abre tus ojos, tus oídos, tu alma y tu mente y sacúdete de encima la presión por unos instantes! ¿Qué ves ahí? ¿Te ves a ti mismo? ¿No? ¿Y a qué esperas? ¡Vé en busca de luz, de bondad y de coherencia y no te dejes arrastrar por las tinieblas de la pasividad y de la ambición más sibilina! ¡Haz algo bueno con tu vida, siéntete orgullos@ de tu proceder! ¡QUE SÓLO SE VIVE UNA VEZ!!!!!!!!!!!!!!!!!!






   ¡Ay, pero qué difícil nos lo ponen, coño! No, si yo lo reconozco... ¡Es terrible! Mires donde mires, casi todo está podrido. De vez en cuando, se atisba una rendijilla de buena fe o de generosidad; un poquito de altruismo por acá, una pizquita de justicia por allá... Pero poca cosa, la verdad.


   Son malos momentos para la lírica, la ética y la felicidad.


   Estamos viviendo uno de los momentos más tristes y decadentes de la historia. Las partes del planeta que no son pasto de las guerras, la sed, el hambre o las enfermedades; son víctimas de un embrutecimiento moral insaciable que ha corroído los cimientos de la civilización y su maravilloso estado del bienestar.


   Y como no podía ser de otra manera, los líderes, las cabezas visibles de los que nos gobiernan y educan o de los que optan a hacerlo, los representantes oficiales de todo este tinglado o de partes de él, no están a la altura. Es lógico. Alguno habrá por ahí, no digo yo que no, que sea un poco decente y consecuente. Pero no es lo que abunda. Y por si acaso la lucidez se empecinara en hacer de las suyas y tratar de imponerse, ya hemos engendrado suficientes mecanismos reconductores para que lo que se imponga sea el caos y todo siga igual de embarullado. ¿Qué se puede esperar de una inercia tan corrosiva y devastadora? ¿Líderes honestos y con agallas? ¿Personas con las ideas claras y el valor suficiente para atacar el meollo del problema? Nooooo... El meollo del problema es tan gordo y lleva tanto tiempo parcheado, que ya nadie se atreve con él. Por eso siempre he sido más partidaria de la medicina homeopática, que de la tradicional. En nuestra cultura, cuando te duele la cabeza insistentemente y vas al médico, te dan un analgésico; en cambio, la medicina homeopática, la buena medicina homeopática, trata de encontrar qué es lo que te hace tener dolores de cabeza y procura solucionarlo. ¿Lograremos algún día quitarnos el dolor de alma para siempre?






   Litlle England y El entrenador oscuro



  En estos últimos días, hemos asistido, una vez más, a la actuación bochornosa de dos líderes enfermos, que no admiten estarlo: David Cameron y Jose Mourinho. El inglés protagoniza impunemente la serie, producida por la BBC, Little England. Y el portugués es la cochambrosa estrella de la superproducción El entrenador oscuro.


   Ambos personajes padecen la misma aterradora dolencia tan difícil de curar: la falta de autocrítica. ¡Qué miedo! No hay nada peor que eso. La falta de autocrítica es la pandemia de un mundo occidental decadente e incapaz de poner freno a sus desenfrenos. Yo siempre huyo de las personas con falta de autocrítica que se cruzan en mi camino. Son manipuladoras, mentirosas, ególatras e invariablemente acarrean un sinfín de problemas que te acaban jodiendo la vida. Esta clase de personas están a un paso de la sociopatía y, si se les da poder, pudren e intoxican su entorno hasta tal punto que luego resulta complicadísimo sanearlo del todo. Y lo curioso es que los que no son críticos consigo mismos son los más críticos con los demás, los que siempre esconden su debilidad y su inoperancia bajo los defectos de los otros. Especialmente, de los mejores o de los más buena gente; ya que si no pueden utilizarlos para sus fines, ansían quitárselos de delante lo antes posible, para poder seguir manipulando a su antojo y alimentando su inseguridad patológica, sin necesidad de ser cuestionados.
   La falta de autocrítica empobrece, además, hasta tal punto al que la padece que sólo es capaz de ver las cosas en función de sí mismo. Son las típicas personas que dicen: "¿Por qué me sucede esto a mí?" o "¿Cómo es posible que se hayan atrevido a hacerme esto?" Sólo les importa su imagen o las consecuencias que para ellas acarrea lo sucedido. No les importa apenas lo que haya pasado, tan sólo cómo ha afectado a su credibilidad ante los demás. Y no podemos permitir que este tipo de personas ocupen puestos de responsabilidad... Hasta que no se curen, si es eso posible.


   Pero vayamos por partes.


   Empezaré por el de menor rango, Mourinho, puesto que no es más que un entrenador de fútbol. Un deporte, un simple y maldito deporte. Una diversión con millones de seguidores en todo el mundo, que se ha convertido en un negocio que mueve muchos más millones de pasta en muy pocos bolsillos. Y allí donde corre el dinero, siempre aparecen personajes turbios dispuestos a sacar tajada.


   Mourinho apareció en España allá por los años 90, en el FCBarcelona, como traductor de Bobby Robson, un caballero inglés intachable dentro y fuera del campo, que entrenó al club catalán durante una temporada. En el Camp Nou fue donde este profesor de educación física portugués empezó a oler el poderío del deporte rey y tuvo claro que él quería ser alguien importante en este mundillo. ¡Y vaya si lo consiguió! Se fue como traductor y volvió como entrenador triunfal, ni más ni menos que del Real Madrid, el eterno rival del Barça. Los títulos conseguidos en sus anteriores clubes le avalaban como eso, como un entrenador de títulos, pragmático y astuto, capaz de hacer un fútbol rácano, pero efectivo. Y eso es lo que creyó necesitar el Real Madrid, uno de los clubes más grandes de este deporte, cuya sequía de títulos mantiene en la desesperación a todos sus seguidores, desde hace unos años. Hasta ahí, todo correcto. Pero he aquí que ni Mourinho, ni sus tácticas futbolísticas cobardicas han conseguido aportar más que una triste Copa del Rey a las vitrinas del RM. Ni juego, ni títulos. A pesar de contar con una de las mejores plantillas del mundo, el portugués no ha sabido plantar cara al mejor Barcelona de la historia, con un Pep Guardiola pletórico y entregado a la causa del buen fútbol. ¡Y ha sido incapaz de asumirlo! Mourinho no está preparado para digerir derrotas ni fracasos, no posee la honestidad ni la velentía suficientes, no quiere estarlo porque no es lo suficientemente maduro y autoexigente y ha usado todas las triquiñuelas a su alcance para tapar su inoperancia, tratando de desprestigiar al Barça, a sus jugadores o al mundo arbitral. ¡Qué vergüenza! ¿Alguien se imagina a Álex Ferguson comportándose así ante las dos derrotas que el FCB he infringido al MU en las dos últimas finales de Champions?


   Y al principio, casi todos cayeron en la trampa del portugués. Porque si evidente es lo lamentable de su comportamiento, -inapelable ahora, tras su agresión cobarde al pobre Tito Vilanova- no lo es menos su indiscutible magnetismo y su personalidad histriónica y arrolladora. Mourinho tiene abducido al madridismo –como muy bien decía José Sámano en su artículo de El País, que recomiendo absolutamente-. Y lo que es peor, ha sembrado la discordia entre unos jóvenes ricos y malcriados, a los que arrastra impunemente por el camino de su perdición, intoxicándolos con su lamentable proceder. ¿Es que nadie va a pararle los pies? El daño que está haciendo el portugués en el fútbol español empieza a ser excesivo, pues ya el veneno empieza a correr por el espíritu intachable y ejemplar de la selección española. No me imagino ya compartiendo un viaje –estupendo y encantador- de puente aéreo con Carles Puyol, como el que hice años atrás, manteniendo la siguiente conversación:


   -Oye, Carles, y cuando estás concentrado con la Selección, ¿cuál es tu compañero de cuarto favorito?
   -¡Raúl! –dice sin pestañear. Y añade, viendo mi cara de perplejidad: -Sí, ya sé que puede resultar raro, pero tienes que pensar que nosotros nos abstraemos de la típica rivalidad entre Barça y Madrid y somos ante todo compañeros de selección. ¡Y nos llevamos de maravilla! Dentro y fuera del campo.


   ¿Hasta cuándo va a permitir el presidente del RM el comportamiento degradante de su técnico? Un entrenador de fútbol tiene muchas responsabilidades: hacia su club, hacia los socios y, sobretodo, hacia sus jugadores y hacia toda esa afición de chaval@s y de jóvenes que le siguen de forma incondicional. Un entrenador debe ser un líder ejemplar para todos esos chicos y chicas, que andan perdidos en este mundo insano y se aferran al fútbol para olvidarse de su triste realidad. Mejor les iría si en vez de gastarse lo poco que tienen en una entrada de fútbol, se fueran a viajar por el mundo y conocieran otras realidades... Pero esa es otra cuestión.






   Y usted, señor Cameron, ¿de qué va? ¡Que es un Primer Ministro británico! ¡Por Dios, un poco de nivel y autocrítica! Cómo se atreve a afirmar: “Está claro que una parte de la sociedad inglesa está enferma”. ¡Toda la sociedad está enferma! No sólo la inglesa, querido. Y los gobernantes como usted que se empeñan en no ver más allá de sus narices y se dedican a reprimir y encarcelar a los jóvenes desesperados, tachándolos de delincuentes enfermos, deben asumir su parte de culpa y aportar otro tipo de soluciones. Sencillamente, han fracasado. Son malos gobernantes. Y malos padres. Y malos profesores. ¡Ah, pero eso sí que duele admitirlo! Hacen como Mourinho: “No, no soy yo el que me equivoco, son los demás.” ¡Chapuceros! Que te digo yo que no nos merecemos líderes así...


   Mi amigo Mario Ruiz comentaba hace poco el papel que la educación ha jugado en todo esto. ¡Y tiene mucha razón! Los españoles deberíamos sentirnos orgullosos de que a nuestros jóvenes, tan desencantados y frustrados como los ingleses, no les haya dado por asaltar tiendas y supermercados, sino que hayan decidido construir un movimiento, el 15-M, con el que han puesto en entredicho la debilitada y empobrecida inercia de la democracia actual. No sólo eso, sino que han presentado propuestas y han utilizado las redes sociales para unir y crear, no para destruir. Se reúnen en asambleas, la forma más democrática de reunirse, discuten toda clase de proposiciones e invitan a participar en ellas a cualquiera que se le antoje. Por eso me rebela y me indigna que la derechona más rancia y sumisa se empeñe en desprestiigar –a lo Mourinho- un movimiento que, por primera vez en muchos años, ha devuelto la esperanza no sólo a nuestros jóvenes, sino a todos aquellos que pensábamos que este burdo mundo consumista había sorbido la sesera de los más tiernos y ya nunca sería posible una reacción. ¡Felicidades, muchach@s! Ya se sabe que los españoles somos muy críticos con lo nuestro, pero convendréis conmigo en que algo habremos hecho bien... ¿No le parece, sr. Cameron?


   En fin... Me he alargado más de lo que pretendía y no quiero cansar a ningún lector, ni a ninguna lectora que haya honrado mi escrito con su lectura. Todavía no he aprendido a decir más con menos palabras. Siempre es bueno que queden cosas por aprender...


   ¡Un saludo cariñoso para tod@s!

















domingo, 12 de junio de 2011

LA CARGA DE LAS BRIGADAS LEÑERAS

  
  MAX: Conste que he venido a pedir un desagravio para mi dignidad, y un castigo para unos canallas.
   Luces de Bohemia
   RAMÓN Mª DEL VALLE-INCLÁN  

 Llevo unos días triste. Algo se muere en el alma cuando hay una carga policial contra unas personas que ni quemaban contenedores, ni atentaban contra ninguna propiedad pública. Atentaban, eso sí, contra la impunidad del tinglado social que se ha montado en esta parte del planeta. Un tinglado amparado en una democracia repleta de abstenciones, que nos corroe el espíritu con sus consignas consumistas y su dictadura económica. “El absolutismo económico se ha erigido en poder”, escribía mi siempre admirado y añorado Ernesto Sabato. Es una dictadura invisible, pero omnipresente en los gobiernos occidentales –da igual de qué tendencia sean- que le rinden pleitesía y nos obliga a endeudar nuestra alma y nuestro mísero capital para que los que manejan ese tinglado puedan seguir navegando en su océano de euros y de dólares, con yates construidos a base de contratos basura, despidos improcedentes, sueldos miserables, hipotecas asfixiantes, sueños rotos y mucha, mucha infelicidad. Navegan a través de mares repletos del chapapote que ellos mismos van soltando y con el que impregnan nuestras vidas frustradas y repletas de impotencia.



   Con su dinero chapapótico alimentan un mundo mediático, con constante halitosis espiritual, lleno de distracciones burdas y empobrecedoras para que la peña se desahogue y ponga a caldo a la Belén Esteban de turno, a las tonadilleras encubridoras o al gilipollas que se ha apuntado a eso de El Gran Hermano. Así los mantienen a raya luego en sus puestos de trabajo, ya sacaron su poquita rabia con estas tontas inmundicias y ahora tragarán y se pertrecharán en su miseria, ¡e incluso la defenderán con uñas y dientes cuando unos cuantos indignados quieran arrebatársela!




   Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización. La angustia es lo único que ha alcanzado niveles nunca vistos. Es un mundo que vive en la perversidad, donde unos pocos contabilizan sus logros sobre la amputaciónde la vida de la inmensa mayoría. Se ha hecho creer a algún pobre diablo que pertenece al Primer Mundo por acceder a los innumerables productos de un supermercado. Y mientras aquel pobre infeliz duerme tranquilo, encerrado en su fortaleza de aparatos y cachivaches, miles de familias deben sobrevivir con un dólar diario. Son millones los excluidos del gran banquete de los economicistas.


   ERNESTO SABATO


   Antes del fin

   La lectura de este libro escrito desde la sabia vejez de un hombre crítico, valiente, culto e inalterable puede ser un buen antídoto contra la narcotizante inercia de nuestro mundo.
   Un mundo ante el que algun@s han empezado a reaccionar. No saben exactamente contra quién hacerlo, ni cómo hacerlo... Son tantos los años que lleva el tinglado armado y tan podridas y mugrientas están sus estructuras que resulta complicado saber a quién dirigirse o cómo. Además, no se trata de una indignación o un malestar concretos, no; son gotas y gotas de insatisfacción y de impotencia que obstruyeron ya hace tiempo las venas de nuestros corazones y no los dejan latir en paz. Pero el tinglado nos va instalando bypasses para que sigamos funcionando, y sobretodo ¡consumiendo! A cambio, nos deja irnos de vacaciones al Caribe y pagarlas en incómodos plazos. O nos permite cambiarnos de coche, operarnos las tetas, reformar la cocina o comprarnos ropa de marca, endeudándonos un poquitito más... ¡Vaya, imposible resistirse!

   Pero la poderosa capacidad comunicativa del mundo cibernético ha hecho posible que millones de personas en nuestro país hayan podido aunar esfuerzos y mostrar su indignación, para salvaguardar su dignidad. Y dejar claro a los del tinglado y a sus millones de cómplices sumisos y resignados que su dinero no sirve para comprar lo que de verdad importa en esta vida: sentirse a gusto con uno mismo. Y no vejado, maltratado, esclavizado y utilizado. Eso es algo que sólo se puede lograr desempeñando trabajos dignos y remunerados justamente. Impidiendo que los malversadores públicos campen a sus anchas en sus cargos administrativos. Luchando por conseguir lugares para vivir asequibles a tod@s. Estableciendo una línea de comunicación fluida con las personas que nos gobiernan y que tienen la OBLIGACIÓN y el DEBER de escuchar a los gobernados.

   Y cuando eso no sucede y no somos escuchados ¡tenemos el derecho y la obligación de hacernos escuchar! Aunque algunos de esos cómplices resignados, sumisos e igual de pringados que nosotros les dé por temer y, ¡lo que es peor! envidiar nuestro valor y nuestro arrojo al querer hacernos escuchar. Y nos boicoteen. Y nos insulten. Ya se sabe, la ignorancia y la cobardía son los peores enemigos de la libertad o del deseo de ella.

   Pero cuando se consigue reunir la gente y el valor necesarios y se sale a la calle y el gobierno responde con la fuerza bruta de sus cargas policiales, ¡me entristezco, me indigno y me siento fatal! ¡Me siento desamparada, mucho más impotente e indefensa ante un tinglado corroído, injusto, soberbio y prepotente! ¡Esas no son maneras! La violencia sólo engendra violencia. Responder con contundencia y maltrato físico a los grupos de personas justamente indignadas es un acto de cobardía gubernamnetal execrable y abominable. No he estudiado leyes y no tengo la más remota idea de si incumplían a no la ley las personas que manifestaban su descontento públicamente. ¿Cómo puede ser eso ilegal? Y si es así, ¿qué leyes tenemos?

   Sólo sé que, desde el primer momento, quedó claro que eran personas pacíficas, cuya única beligerancia radica en su descontento y su decepción por el anémico funcionamiento democrático del mundo actual. Espero que la provocativa reacción de los mandatarios de nuestro país no desencadene una respuesta violenta que acabe derivando en un baño de sangre, absolutamente evitable. Si eso sucede, pesará sobre las raquíticas conciencias de un tinglado psicopatizante, empeñado en sacar lo peor de todos nosotros. Y obstruyendo las pocas vías de acceso de que disponemos para poder sacar lo mejor.

domingo, 1 de mayo de 2011

LA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL. DESPUÉS DEL FIN. UN TRIBUTO A ERNESTO SABATO

  

   Cuando me enteré de la muerte de Ernesto Sabato, me sentí desconsolada. Y así lloré durante un buen rato, incapaz de asumir que el faro de su luz ya no brillaría más en este mundo. Pero quedan sus obras, no cesaba la gente de repetir. Sí, claro, ya lo sé. Pero el hecho de que ese hombre, esa coherencia, esa privilegiada mente y esa valentía inasequible al desaliento se hayan ido de este mundo ¡es de lo más desolador! ¿Quién pondrá las pilas a nuestro espíritu? ¿Qué voz se alzará contra todas esas bajezas e injusticias que los mandatarios y los poderosos no van a dejar de perpetrar? ¿Quién llorará a los excluidos y hará oír sus voces, porque “los excluídos no tienen justicia que los defienda”?


   Sabato y su obra constituyen uno de los pilares de mi formación espiritual e intelectual. En lo que a mí respecta, los preceptos del sabio argentino comparten esa función formativa e instructora junto a Montaigne, Goethe, Huxley, Jung, Kung Tse y Lao Tse. Hay otros y otras más, ¡qué duda cabe! Pero ellos son “mi equipo A”.

   Me pasó algo similar, hace años, con Joseph L. Mankiewicz. Podríamos decir que Mankiewicz era a mi cine, lo que Sabato a mi literatura. Acababa de subirme a un puente aéreo, destino Barcelona, y empecé a leer el periódico. Ahí descubrí que el gran director norteamericano había muerto. Y empecé a llorar desconsoladamente. Más trataba de reprimirme, con más fuerza emanaban mis lágrimas. Se acercó, al fin, la azafata y me dijo con cara de preocupación: “¿Le sucede algo?” Y yo le respondí: “Es que se ha muerto Mankiewicz.” La mujer se quedó perpleja y, con la consiguiente preocupación de que tendría que verse obligada a atender a una pasajera rarita, alcanzó a decir: “¿Quiere que le traiga un poco de agua?” “Gracias”.

   En fin... Así que esperé a que mi alma se templara. Me acosté y me levanté esta mañana con la misión de rendir mi más sentido y modesto tributo a un alma noble, universal, luchadora y preclara. ¡Maestro Sabato, va por vos!





“La creación es esa parte del sentido que hemos conquistado en tensión con la inmensidad del caos.”



   Estas palabras, recogidas en su inmenso libro Antes del fin, reflejan a la perfección el espíritu sabatiano fruto de una mente científica y de un alma artística. Su sensibilidad fue tan generosamente empática y su coherencia tan elevada que, sin duda, nunca dejaron ni dejarán de abrumar a los que tanto dicen admirarle, pero que no poseen el coraje suficiente para tratar de llevar sus preceptos a la práctica.



   Hoy todos los medios nos agasajan con grandes frases del maestro Sabato. Incluso con esa que dice “ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás”. Aunque ésta quien realmente la pronunció fue Juan Pablo Castel en El túnel. Hoy le ensalzan y lo alaban, pero mañana se olvidarán de él y de sus palabras, no os quepa la menor duda, porque son demasiado lúcidas y transgresoras para encajarse cómodamente en la tibieza y la incoherencia del mundo actual.



   “En estos tiempos de triunfalismos falsos, la verdadera resistencia es la que combate por valores que se consideran perdidos.”


   “Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse.”


¿Quién de todos esos que hoy le alaban se atreve a decir que no vive resignado?
   Si de veras queremos rendir un honesto homenaje al maestro Sabato y estar a la altura de sus circunstancias, luchemos contra nuestra acomodaticia desidia y ¡no nos resignemos! No hagamos de nuestra vida un barrizal de incongruencias y contradicciones, pongamos un poco de empeño en plantar en ella las semillas de la bondad y la coherencia para conducirnos con un proceder limpio y digno.



   Yo era muy joven, demasiado, para ni tan siquiera rozar el genio de Sabato cuando le leí por primera vez. Tenía 16 años y vivíamos la eclosión del boom sudamericano en la literatura hispana. Mis profesores de literatura en la Catalunya de esa España postfranquista tiraban del carro de la libertad con ansia y decisión. Y trataban de arrastrar a los alumnos en su inercia. Pero, lamentablemente, no estábamos preparados para penetrar con la necesaria profundidad en novelas como Pedro Paramo, de Juan Rulfo o El túnel, de Ernesto Sabato.

   Se da, además, la circunstancia de que El túnel es una novela oscura, dura, pesimista, que se inicia con la confesión de un crimen y termina con una frase devastadora, lanzada desde la asfixia de una celda: “Los muros de este infierno serán, así, cada día más herméticos.”

   ¡Uf! Terminar un libro así transmite una desesperanza bestial, más cercana a los postulados de Cioran o Bernhard que a los del mismo Sabato. Porque lo que realmente separa los espíritus de Thomas Bernhard y de Ernesto Sabato, por ejemplo, es que mientras el sabio austríaco personifica como ningún otro la creación más punki del siglo XX; el sabio argentino no cesa de lanzar sus dardos furibundos contra el sistema a través de esa esperanza imperecedera a la que nunca ha cesado de agarrarse. Bernhard llegó un momento en que pasó olímpicamente de su alrededor, se encerró en su mundo y ¡gracias a Dios!, siguió obsequiándonos con sus obras. Pero Sabato nunca desconectó de esa globalidad que a él también le tocó vivir. Y nunca, nunca cesó en su empeño de mostrar la vileza y la injusticia de ese mundo que hemos ido construyendo, pero sin dejar de apelar a una esperanza luminosa y combativa.


   “El anarquismo siempre me ha parecido una vía de conseguir justicia social con libertad plena. Y valoro el cristianismo del Evangelio. Este siglo es atroz y va a terminar atrozmente. Lo único que puede salvarlo es volver al pensamiento poético, a ese anarquismo social, y al arte.”



   “Yo oscilo entre la desesperación y la esperanza, que es la que siempre prevalece, porque si no la humanidad habría desaparecido, casi desde el comienzo, porque tantos son los motivos para dudar de todo.”


   Antes de proseguir, es necesario aclarar que Sabato no proviene de una familia acomodada, sino todo lo contrario. Es uno más de 11 hermanos varones, criados por dos inmigrantes de procedencia italiana y albanesa, que tuvieron que luchar muchísimo para sacarlos adelante. Fue un chiquillo sensible y desnutrido en ocasiones, que llegó a pasar hambre de verdad y creció bajo los preceptos de una educación paterna severa y estricta que le marcó para siempre. En ese contexto se fraguó el alma de un muchacho que ya nunca renunció a buscar y defender su propia utopía:



“Sin utopías ningún joven puede vivir en una realidad horrible.”


   Su fe en la juventud ha sido siempre inalterable. A pesar de los muchos sinsabores y circunstancias adversas con que la vida le obligó a bregar, jamás dejó el maestro argentino de dirigirse a la gente joven y de tratar de evitar que esas almas tiernas cayeran en la egoísta apatía imperante en nuestros días. Así lo plasmó, muchos años después, en una de sus obras más brillantes e imprescindibles, Antes del fin:



   “Los jóvenes como vos, herederos de un abismo, deambulan exiliados en una tierra que no les otorga cobijo. En este desguarnecimiento existencial y metafísico, sufren huérfanos de cielo y de techo. Comprendo tu congoja, el desconcierto de pertenecer a un tiempo en que se han derrumbado los muros, pero donde aún no se vislumbran nuevos horizontes. Falsas luminarias pretenden cautivar tu voluntad desde las pantallas. Debes de pensar que no hay un cambio posible cuando el valor de la existencia es menor que el precio de un aviso publicitario. El escepticismo se ha agravado por la creciente resignación con que asumimos la magnitud del desastre. La banalidad con que se degradan los sentimientos más nobles, degenerando al hombre en una patética caricatura, en un ser irreconocible en su humanidad.”


   Para entender la desoladora visión de El túnel, se hace necesario contextualizar el momento y las circunstancias que el maestro argentino estaba viviendo. Sabato está inmerso en una profunda crisis existencial que le ha llevado a renunciar al mundo de la ciencia, del que él forma parte como doctor en Ciencias Físicas, ...


   “En el laboratorio Curie, en una de las más altas metas a las que podía aspirar un físico, me encontré vacío de sentido. Golpeado por el descreimiento, seguí avanzando por una fuerte inercia que mi alma rechazaba.”



...y todavía está tratando de digerir la tremenda decepción sufrida por el comunismo real. No por el teórico. De hecho, la suya fue una de las primeras voces mundiales en alertar sobre los peligros que podían derivarse de las terribles paradojas entre la teoría comunista y su difícil puesta en práctica. ¡Algo imperdonable para las exaltadas filas comunistas de finales de los años treinta que, pletóricas e insensatamente faltas de la necesaria autocrítica, las llevaron a repudiar a Sabato y tratarle de traidor! Aunque como muy dijo el maestro:


   “El gran traidor fue ese hombre monstruso, ex seminarista, que liquidó a todos los que habían hecho verdaderamente la revolución, hasta alcanzar en el extranjero al propio Trotsky, uno de los más brillantes y audaces revolucionarios de la primera hora, asesinado en México por los hachazos estalinistas.”




   Sabato, él sí, se sentía traicionado. Y perdido. Y se refugió en un rancho sin luz ni agua corriente, para dar rienda suelta a su genio a través de la pintura y la literatura, dos artes que ya nunca más abandonó. Esas fueron sus terapias creativas contra la decepción y la injusticia, y la soledad y la impotencia que se derivan de ambas. ¡Qué afortunados y privilegiados somos de poder leer y releer cuantas veces queramos su obra! Y de nutrirnos de su savia para vitaminar nuestro espíritu.


   Su imperturbable conciencia y su coraje intelectual le han servido de acicate para irrumpir una y otra vez en el mundo cultural y arremeter contra una sociedad narcotizada y psicopática. El maestro se impuso la obligación y la misión de aportar luz espiritual e intelectual a través de sus palabras como principal objetivo existencial. Así lo dejó plasmado en su discurso al recoger el premio Ortega y Gasset 2002:



   “En este sentido, quienes trabajamos con la palabra, escritores, filósofos, periodistas, pensadores, y quienes a través de sus imágenes hacen oír el clamor de tantas voces silenciadas, todos nosotros, digo, más que una función pedagógica, tenemos un deber ético con las sociedades. Debemos restaurar el sentido de las grandes palabras deterioradas por aquellos que intentan imponer un discurso único e irrevocable.”



Algo muy parecido expone también en Antes del fin:


   “El escritor debe ser un testigo insobornable de su tiempo, con coraje para decir la verdad, y levantarse contra todo oficialismo que, enceguecido por sus intereses, pierde de vista la sacralidad de la persona humana.”

   Puesto que ya hay suficientes medios que ofrecen hoy biografías bien documentadas sobre Ernesto Sabato, no voy a ahondar en ello. Tan sólo mencionaré su paso por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, de la que el presidente argentino Raúl Alfonsín, le nombró presidente. De ahí surgió el famoso y clamoroso informe Nunca más, conocido también como el Informe Sabato.


   Algunos insisten todavía en describirle como un novelista. Cuando, en realidad, sólo escribió tres novelas a lo largo de su vida: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador.

   Son tres obras muy especiales y personales. Pero donde verdadera y más punzantemente aparece el genio del sabio argentino es en sus fascinantes ensayos, cuyo contenido es tan enaltecedor y vibrante, tan cañero y sagaz, tan libre y contundente que su lectura debería ser obligada en cualquier instituto del mundo que se preciara. Que se preciara de educar a jóvenes con un espíritu crítico y saneado, capaces de pensar por sí mismos y de no dejarse abducir por la empobrecida vulgaridad actual.



   “Nos refugiamos en los Sistemas, en las Iglesias, en los Partidos, en las Ortodoxias, como chicos en las faldas de la madre. Son, en suma, manifestaciones de la cobardía.
El hombre libre, el herético, el solitario, tiene que estar poseído de un valor casi demencial.”


   Heterodoxia

   Tal y como dejó dicho el maestro en Antes del fin, ese libro cuya lectura recomiendo encarecidamente a tod@s aquell@s que quieran empezar a conocerle de verdad y que subrayarías de principio a fin:



   “Toda educación depende de la filosofía de la cultura que la presida; y debido a estos obsecuentes imitadores de los “países avanzados” -¿avanzados en qué?- corremos el peligro de propagar aún más la robotización. Debemos oponernos al vaciamiento de nuestra cultura, devastada por esos economicistas que sólo entienden del Producto Bruto Interno –jamás una expresión tan bien lograda-, que están reduciendo la educación al conocimiento de la técnica y de la informática, útiles para los negocios, pero carente de los saberes fundamentales que revela el arte.”


   “La educación es lo menos material que existe, pero lo más decisivo en el porvenir de un pueblo, ya que es su fortaleza espiritual; y por eso es avasallada por quienes pretenden vender al país como oficinas de los grandes consorcios extranjeros.”



   “Pienso en la desdicha de los hombres destinados a la belleza, pero forzados a sobrevivir en la banalidad de esta cultura donde lo que alguna vez fue sentido, ha degenerado en burda diversión, en estimulantes o patéticos objetos decorativos. Triste epílogo de un siglo destrozado entre los delirios de la razón y la crueldad del acero.”


   “La mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación, sosteniéndola infatigablemente, a medio camino entre el desgarro y la belleza.”



   “Tantos valores liquidados por el dinero y ahora el mundo, que a todo se entregó para crecer económicamente, no puede albergar a la humanidad.”



   Maestro, que estará en los cielos... Porque, digo yo, que si alguien se merece estar ahí, ese es usted... Sé que fue su poética inconsciente la que empujó a Sabato a morir en sábado. Mas para que su modestia existencial quedara impoluta, no se permitió alcanzar la privilegiada edad de 100 años. ¡Aunque poco le faltó! Que sepa que las semillas de su sabiduría hace tiempo que empezaron a germinar en mi corazón. Sólo me queda agradecerle haber existido y haberse dignado a compartir con el resto de la humanidad su saber y su ética. Su irreprochable ética. Ante usted tiene una humilde servidora que jamás se cansará de promocionar sus palabras. ¡Descanse en paz! ¡Amén!






   “La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo ya hay que morirse.”





















miércoles, 27 de abril de 2011

¿POR QUÉ CRUCES DE BOHEMIA?

MAX.-¡Me sobran méritos! Pero esa prensa miserable me boicotea. Odian mi rebeldía y odian mi talento. Para medrar hay que ser agradador de todos los Segismundos.
Luces de Bohemia
RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN


   Hace demasiados años que me oígo decir eso de: “Nena, tú vales mucho, pero estás desaprovechada”. ¿Y sabéis qué? ¡Que es cierto! Y pensaréis: “Pues qué creído se lo tiene”. Pero es que si a estas alturas de mi vida no supiera cuánto valgo, apaga y vámonos. No me he puesto delante del ordenador a sacar jugo de mis entrañas haciéndome la hipócrita. Si una cosa he aprendido en lo que llevo vivido hasta ahora es que más vale que mi autoestima dependa exclusivamente de mi criterio, no del de los demás, aunque eso no me impide escuchar sus opiniones. Pero los demás, en general, son muy caprichosos, un día te encuentran maravillosa y a la semana siguiente ya no les interesas un pimiento. No, no, no, no. De hecho, salvaguardar mi autoestima y mantenerla a buen recaudo ha sido lo que me ha impulsado a enzarzarme en esta aventura blogera.

   Lo que más me preocupa no es si valgo mucho o poco, sino que, en efecto, estoy desaprovechada. Y lo peor no es que lo esté, sino que me siento desaprovechada, más que eso incluso, me siento desperdiciada, como ese resto sabroso que el cocinero desecha caprichosamente porque no encaja exactamente con lo que está preparando. Y con ese sentimiento ya es mucho más complicado apechugar. Son tantas las cosas que podría hacer... y tan pocas las ocasiones que el exterior me brinda para ello; son tantas las ideas que bullen en la olla de mi ser, y tan escasas las escudillas dispuestas a servirse de ellas; es tanta la impotencia que vengo acumulando... ¡que ya no puedo más!

   Mis ansias por aprender y el goce adrenalínico que conlleva todo riesgo me han avalanzado a menudo sobre proyectos en los que no siempre he caído de pie. Pero cuando no ha sido así, he procurado levantarme con dignidad, autocrítica y ganas de seguir apostando, por muy magullada que estuviera. Es innegable que mi talante no se lleva bien con la monotonía o el encasillamiento. Cuando sé que controlo algo, necesito ponerme a prueba en otros menesteres. Y eso es algo que, admitámoslo, no está muy bien visto en el mundo actual. Un mundo que, ante todo, exige que no controlemos en exceso nuestra situación, para así podernos controlar a su antojo; e impone, para mayor comodidad suya, la camisa de fuerza del encasillamiento. Por eso ese mundo y yo no nos llevamos muy bien.

   La energía y la fuerza con que la naturaleza me ha dotado son contempladas con cautela, cuando no con recelo, por casi todos los jefes que se cruzan en mi camino. Les encanta utilizarlas para sus propósitos, pero sólo por un ratito, no fuera a tomarme yo demasiadas confianzas y acabara por traerles complicaciones. Estoy harta de malgastar mis fuerzas en tonterías y de mantener tirantes las bridas de mi energía. Creo que ya ha llegado el momento de tomar las riendas de mis capacidades y de encaminar mi jamelgo por la ruta de mis cruces, mis cruces de bohemia. Y a ver qué pasa.

   Me muevo en el mundo profesional de los medios de comunicación porque el destino me llevó un buen día a él, sin ni tan siquiera proponérmelo. Empecé tonteando en la radio municipal de mi pueblo, Ràdio Caldes -de hecho, mi voz fue la primera que se oyó en las ondas hertzianas calderinas-, y acabé poniendo el careto delante de las cámaras de todo el país. ¡Qué cosas! No importa lo que yo haga, tarde o temprano, vuelvo a la tele, a la radio o a escribir algo para alguna revista. Y menos mal que, con mayor o menor frecuencia, me van saliendo cosas, puesto que, al fin y al cabo, decidí vivir de ello. El problema es que cada vez está más complicado encontrar rendijas por las que colar propuestas interesantes.

   Algunos años después de haber trabajado en la radio básicamente, me sentí muy decepcionada por comprobar que lo que prevalecía era la “radio informativa” en detrimento de la “radio creativa”, como muy bien decía Buenafuente en una entrevista en El País, y asumí, resignada -un estado que detesto asumir-, que era complicadísimo hallar frecuencias por las que poder emitir algo distinto. Asumí igualmente que lo de trabajar en televisión parecía más complicado todavía. Y como no soy muy partidaria de ir estrellándome contra vallas insalvables, busqué una salida alternativa del redil y encaré mi vida profesional por otros derroteros. Así fue como me lancé al mundo de los platos, no en la cocina, aunque me encanta cocinar, sino como pinchadiscos. Y cuando, al fin, estaba consolidándome en ese ámbito, ¡zas! aparecen los de TVE y solicitan inesperadamente mis servicios. Sí, nos han hablado de una discjokey muy cañera, con pelos de punta, y justo nosotros necesitamos una chica así. ¿Ah sí? ¡Cosas del destino! ¿Un programa de televisión? ¿Para presentarlo? ¡Claro! Sinceramente, no supe negarme a realizar algo que, años atrás, me moría por hacer. Nunca había hecho televisión y a mi naturaleza osada le fue imposible de rechazar el reto de presentar un programa en directo, de música además. El programa en cuestión fue Plàstic, cuyo éxito inusitado a quien más sorprendió fue a nosotros mismos, y duró dos años y medio en antena, en distintos formatos. Después de ese programa, vinieron otros: Peligrosamente juntas y Tal Cual, ambos en la 2 de TVE, un lugar en el que siempre trabajé muy a gusto. Pero cuando los de Tele5 me propusieron trabajar en sus Informativos, pensé: “¿Por qué no? Es un nuevo reto. Me he pasado años sin querer saber nada de ese mundillo, tal vez ahora esté preparada para aportar algo nuevo.” ¡Eh, para el carro! El sueño se tenía que acabar algún día, pequeña. Pues sí, mucho me temo que mi aportación estuvo bastante más limitada, desde el principio, de lo que me habían vendido. Y eso es algo que me ha pasado a menudo. Me venden una moto, y luego me encuentro con otra muy distinta. A vosotros también os pasa, ¿no?

   Sí, la vida se empeña en demostrarnos una y otra vez lo capacitada que está para desilusionarnos. En fin, la cuestión es que en vez de presentar informativos, que era para lo que inicialmente me habían contratado, acabé realizando comentarios sobre noticias de actualidad. Y la cosa tenía su punto, porque me permitía opinar sobre temas que me interesaban, sin ningún tipo de censura. Más tarde, descubrí que esa había sido mi perdición, ya que después de aquello, pasé a convertirme, sin comerlo ni beberlo, en “opinadora” habitual de tertulias radiofónicas y debates televisivos de muy variada índole.

   Y mi trayectoria como conductora de programas quedó definitivamente truncada. La gran ventaja del cambio era que disponía de mucho más tiempo libre y me libraba de un montón de responsabilidades. La relación tiempo/pasta era óptima y ahí justamente estaba la trampa. ¡Ay, el dinero, siempre el dinero! Profesionalmente, no me sentía todo lo realizada que yo hubiera deseado, pero era un trabajo cómodo y bien pagado, siempre y cuando pudiera ir combinando distintas cosas a la vez. Lo que, dicho sea de paso, no me ha ocurrido con frecuencia y, puesto que éste pasó a ser mi único sustento, me encontré de repente dependiendo de un trabajo que no acababa de satisfacerme. Por eso nunca dejé de presentar proyectos de radio o de televisión, pero jamás tuve la suerte de encontrar apoyos definitivos. Así que seguí opinando.
   -¿Qué más quieres, tía? -decían mis amigos y mis compañeros -te pagan por decir lo que piensas, luego te vas a tu casa y sanseacabó.
   -Sí, no está mal pero...

   En fin, con el paso de los años, mi ánimo fue cayendo en picado porque los temas que me proponían cada vez eran menos interesantes, o dejaban de serlo al ser tratados de forma tópica y vulgar. Así que, para mantener mi equilibrio psicoético a un nivel aceptable, opté por colaborar en programas de presupuesto más bajo, pero de contenidos más altos, y agradezco de verdad que todavía haya profesionales en los medios que se esfuercen por mantener el listón a una buena altura, y que decidan contar con mi humilde participación para tal empeño.
    Supongo que lo que más acabó desnivelando ese equilibrio psicoético al que antes aludía fue el hecho de que, paralelamente a mi problemática e insatisfactoria andanza mediática, mi vida personal siempre ha transcurrido por los cauces de la más ecléctica y edificante instrucción. Soy una firme convencida de que la vida es un proceso de aprendizaje y trato de cultivar y de enriquecer mi mente, mi espíritu y mi existencia en/con mundos que me incentiven y me hagan crecer interiormente. Es la única fórmula que conozco para poder vibrar con esto de la vida, algo que nos dan y nos quitan sin nuestro consentimiento. Esa búsqueda vibrátil ha hecho que cada vez sea mayor y más insalvable la frontera que separa mi mundo de ese otro mundo mediático que, progresivamente, y salvo contadísimas excepciones, ha ido sufriendo un proceso de adocenamiento imparable. Además, si a eso añadimos mi carácter vehemente y la pasión con que defiendo mis opiniones, seguro que todos comprenderéis que, en realidad, era esa parte de mi persona la que más les interesaba, independientemente del talento, la inteligencia o la comunicabilidad que pudiera aportar. Llegué a sentirme tan mal con todo ello, que realmente concluí que ese mundo estaba más interesado en sacar lo peor que había en mí, y no lo mejor.
   ¡Y eso me desesperó, me entristeció y me exasperó! Entre otras cosas, porque siempre he creído que la radio y la televisión ofrecen un sinfín de posibilidades que casi nadie parece dispuesto a indagar. Posibilidades de lo más diverso. A mí el campo que más me interesa es el de la cultura, una palabra cuya única mención, a la mayoría de directivos y jefes de programas mediáticos, les provoca una especie de urticaria. ¡Y esto es algo que sencillamente me rebela!

   ¿Por qué la cultura tiene fama de aburrida? ¿Por qué se empeñan en asociar los libros, los cuadros, las esculturas, el videoarte, las fotografías, determinadas películas o determinadas músicas con el elitismo o el aburrimiento? ¿Por qué insisten en ofrecer programas culturales sesudos y coñazos? ¿Por qué? ¡Es algo que no puedo entender! ¿Es que no hay nadie por ahí, con suficiente poder decisorio, capaz de admitir que el talento de los medios de comunicación consiste precisamente en saber comunicar, con gracia, con criterio y con salero, contenidos nobles y edificantes? ¿Por qué la simpatía se asocia con la banalidad y no con la inteligencia? ¿Acaso son incapaces de comprender que es posible divertirse aprendiendo? ¡Estoy harta de que esto sea algo inamovible e inevitable! ¡Estoy harta de todo eso y de un montón de cosas más! ¡Y estoy convencida de que hay una pila de personas por ahí que comparten mis quejas! Al menos, hay un programa de libros en la 2, los domingos a eso de las 20h, realmente estimulante y ameno. Seguido de “Redes”, el gran clásico, ya, del fantástico Eduard Punset. Pero son sólo islas en un mar comunicativo putrefacto y lleno de chapapote rosa.

   Por eso me he puesto a escribir estos..., no sé cómo llamarlos..., ensayos, escritos, reflexiones... Porque, año tras año, he ido incubando en mi interior una serie de intereses y de pasiones que me agitan, me enaltecen y me presionan con una ansiedad desbordante por salir al exterior, a la busca y captura de pasiones ajenas con las que compartir el lado fascinante de la vida.
Se da, además, la circunstancia de que es muy poco probable que pueda hablar públicamente y con propiedad de los temas que más me interesan. ¡Pero yo necesito hacerlo! Si algo soy es una comunicadora, y ardo en deseos de comunicar lo poco o lo mucho que he ido aprendiendo con los años a toda aquella persona que desee escucharme. Puede que mis puntos de vista no interesen a nadie, o puede que interesen a muchos, no lo sé, pero yo debo intentarlo. Es una obligación para conmigo misma como ser humano. Si no lo hago, voy a morir de frustración. Y eso es algo que no puedo consentir de ninguna manera. Deseo compartir con el mundo más partes de mí misma de las que hasta ahora me ha estado permitido. Tratar de lograrlo me motiva y me empuja a seguir luchando por algo en lo que creo.

   El juego de palabras valleinclanesco con que recopilo estos escritos viene muy a propósito por muchas razones. Para empezar, porque así rindo un tributo a uno de los autores más especiales y talentosos de las letras hispanas: Don Ramón del Valle-Inclán, un tipo que me fascinó ya en la adolescencia, cuando empecé a saber de él, por su aspecto, por su arte, por su rebeldía, por su originalísimo talento y por su inteligente sentido de la provocación. Por todo ello, he querido que su espíritu merodeara por mis escritos, iniciando cada uno de ellos con una cita de sus impresionantes, agridulces y realmente únicas Luces de Bohemia.

   Por otra parte, la palabra cruces define perfectamente lo que son estos escritos, pues los temas que trato ya son en sí mismos una confluencia de cruces, cruces de ideas propias y de referencias ajenas, cruces de sentimientos y de pensamientos, cruces de reflexiones y de temperamentos, cruces de objetividades y de subjetividades, cruces conscientes y cruces inconscientes, e incluso subconscientes... Cruces por los que mis palabras atraviesan a veces a toda mecha, haciendo uso de la prioridad que les corresponde; y otras, en cambio, se lo toman con parsimonia y cautela, para no saltarse el stop del sentido común y la prudencia, aunque luego sigan por el camino de la impaciencia, al encuentro de otros cruces que atravesar. A veces, me voy por las ramas y salto con las lianas de la imaginación a través de mi pensamiento, entrecruzando temas que, aparentemente, no venían a cuento. Otras, en cambio, me dejo llevar por una disciplina más metódica, que me sumerge de lleno en el tema y trato de apurarlo con todas las consecuencias.
Tampoco debemos olvidar las cruces que los seres humanos acarreamos con el sobrepeso de nuestra estúpida inercia, desoyendo los grandes cruces de palabras de los sabios, que, a trancas y barrancas, han logrado hacerse oír a lo largo de nuestra historia, la de la humanidad.
Los seres humanos somos una criaturas muy entrecruzadas en varios sentidos, somos tremendamente contradictorios: repelentes y fascinantes a un tiempo, previsibles y sorprendentes, cobardes y valientes, repetitivos e innovadores, hábiles y torpes... Siempre a punto para seguir dando mecha a los que escriben las páginas de la historia, aunque hagamos caso omiso de las conclusiones que se deriven de nuestro proceder y seamos la comidilla de generaciones futuras. A veces, nos lanzamos al vacío de nuestra memoria y arrancamos el mundo por peteneras; otras, en cambio, vivimos temerosos de que nuestra historia tal vez no sea digna de contar. La naturaleza humana y sus innumerables cruces es algo que jamás ha dejado de fascinarme.

   Como innumerables son los cruces que cada cual atraviesa, componiendo así el circuito de su propia vivencia. Somos lo que vamos construyendo, y también lo que vamos derribando. En ese proceso de aprendizaje al que antes aludía, cada cual incorpora o desecha lo que cree más pertinente. Cada uno tiene sus propias fuentes y sus puntos de referencia, sus prioridades y su escala de valores, sus cruces, en definitiva. Yo he querido compartir algunos de los míos con todo aquel y toda aquella que tenga a bien transitarlos y honrarme con su receptividad o su curiosidad. No pretendo demostrar nada, ni alardear de no-se-qué, pues mi modestia no me alcanza para ello. Soy consciente de que mi aportación es limitada, pero creo que merecedora, al fin y al cabo, de poder constar en unas páginas.

   Y puesto que el combustible que alimenta el vehículo comunicativo que he decidido conducir consta únicamente de palabras, sin apenas lubricantes visuales o acústicos –lo siento, informáticamente, no doy para mucho-, me ha parecido pertinente entrecruzar con las mías otras de mayor octanaje, para poder circular más fluida y profundamente por la red de cruces de mis páginas. Son palabras que pronunciaron y escribieron otros en su día y que han pasado a formar parte de mi alma, la han nutrido y la han fortalecido tan hondamente que no he podido por menos que tomar carrerilla y lanzarlas al exterior con fuerza, esperando que caigan suavemente, como una vibrante y refrescante lluvia coloreada de confeti, sobre la apática pesadumbre del mundo que hemos ido construyendo y que nos acoge a mí, y a ti, lector, y a ti, lectora, y que tan a menudo nos carga con sus pesados mecanismos hipócritas, que tan complicado nos parece tratar de desarticular.

   Al fin y al cabo, todos esos párrafos señalados, todas esas palabras que he ido anotando con entusiasmo y meticulosidad en mis cuadernos de lectura a lo largo de los años, y que, dada mi condición de lectora pertinaz, nunca dejo de engrosar; son los que me han convertido en el ser humano que voy siendo y me empujan constantemente en la búsqueda incansable del ser en general y de mi ser en particular. Si no me hubiera cruzado con todos y cada uno de los seres que han tenido el talentoso acierto de transfigurarse a través de las palabras, no estaría aquí y ahora escribiendo yo todo esto. Todos ellos se han convertido en una fuente de inspiración y de estímulo constante e inagotable hasta tal punto que he llegado incluso a establecer lazos afectivos con algunos. Sí, sí, les quiero, ¿qué queréis que os diga? Siento que, entre nosotros, se ha tendido un hilo espiritual tan indestructible como estimulante. Supongo que esto es debido a lo que ya Pascal explicó espléndidamente hace varios siglos:

   Cuando un discurso natural pinta una pasión o un efecto, descubrimos dentro de nosotros la verdad de lo que se oye, verdad que no sabíamos que llevábamos en nuestro interior, de tal suerte que nos sentimos movidos a amar a quien nos la hace sentir; porque no nos ha manifestado un bien que era suyo, sino nuestro; y así ese beneficio nos lo hace ver como amable, aparte de que la comunidad de inteligencia que tenemos con él nos inclina necesariamente el corazón a amarle.
Pensamientos


   Y ya que ha salido Pascal, me siento en la obligación de denunciar lo increíblemente mal promocionados que están hoy en día la mayoría de seres humanos que, antes que nosotros, han vertido sus cabales opiniones sobre la naturaleza humana y han pasado a convertirse en clásicos, una palabra peligrosa por culpa del montón de prejuicios que la rodean. Unos cuantos tipos aburridos y poco proclives a poner en práctica las concepciones intelectuales que dicen poseer, menos a divulgarlas y mucho menos a hacerlo amenamente, se han apoderado de nombres como Pascal, Montaigne, Goethe, Séneca, Voltaire, Baudelaire, Cicerón, Unamuno, Sabato, Huxley, Gide, Rilke, Wilde, Quevedo... y de yo qué sé cuántos más, los han maniatado y encerrado en las mazmorras de su exclusivo club privado, los han alejado de las estanterías de la gente y no piensan soltarlos ni aunque estemos dispuestos a pagar su rescate con nuestro más vivo interés. Esos tipos han conseguido, incluso, que, a la gente, le dé palo oír estos nombres. La juventud, especialmente, sometida a un sistema educativo incompleto, precario y mal especializado, siente cierto pavor ante la escucha de los nombres de determinados intelectuales, por creer que pertenecen a un mundo que está fuera de su alcance. ¡Y eso no es cierto! Casi todos ellos poseen unas almas impresionantes y asequibles, os lo aseguro, que se dejan querer con la única condición de que leamos sus obras con buena receptividad y estemos dispuestos a pasar un rato en compañía de su sabiduría, de una sabiduría que, por ser sabia en sí misma, sabe que su principal objetivo consiste en hallar el camino de acceso al ser humano, y no precisamente en entorpecerlo. La sabiduría es, ante todo, estimulante, por ello se nos presenta a menudo repleta de chispa y de gracejo, de atrevimiento y de sorpresa, dispuesta a captar nuestra atención con una habilidad prodigiosa. Cualquiera puede comprobarlo abriendo uno de los suculentos libros que estos seres especiales han dejado a nuestro alcance y ¡dejarse llevar! ¡Es una auténtica gozada!

   Los cruces de palabras ajenos que incorporo a mis escritos son una apoyatura de primer orden con que entender más plena y profundamente el sentido de las mías. Y si algún malintencionado pretendiera ver en ello un alarde de conocimientos o de atesoramiento cultural, erraría de pleno en su análisis y se alejaría totalmente de mis intenciones, que no obedecen más que al deseo de divulgar las palabras, las reflexiones y los pensamientos de unos seres fascinantes que, incomprensible e inmerecidamente, no gozan hoy del favor del púbico.

   Bohemia lo soy no en el sentido desordenado, ni checo, claro está, sino por llevar una vida de la que dispongo a mi antojo la mayoría del tiempo, sin horarios ni convencionalismos, abierta a la creación propia y ajena, corta de pasta en más ocasiones de las que sería de desear y libre de ataduras. El tiempo de que dispongo es uno de los tesoros más preciados de mi vida, con él me entrego a la bohemia siempre que me place, vivo feliz procurando sustento a mi mente y a mi espíritu, sin preocuparme demasiado del otro sustento, cuyo logro más depende del azar que de mis propios méritos, aunque deba reconocer que, cuando ése sustento es precario, toda mi bohemia se resiente por la falta de sosiego en que me sume y que tan necesario es para disfrutarla plenamente.

   Del mundo de la bohemia proceden igualmente las palabras que antes mencioné y los que las escribieron. De algunos de los cruces bohemios que, juntos, hemos ido configurando con el transcurso de los años os rindo buena cuenta a través de estos escritos, que espero disfrutéis gratamente y os dejen, como mínimo, buen sabor de espíritu.

lunes, 25 de abril de 2011

SIN PERDÓN

MAX.- España, en su concepción religiosa, es una tribu del Centro de África.
(...)
Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras. Su religión es una chochez de viejas que disecan al gato cuando se les muere.
Luces de Bohemia
RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN


   En una sociedad inflexible y estática como la nuestra y la de muchos otros países, sometida durante siglos a la dictadura espiritual del catolicismo, el perdón ha jugado un papel muy importante. Millones de hombres ensotanados llevan siglos convencidos de que uno de sus principales poderes consiste en otorgar el perdón a quien ellos consideren, por la gracia de Dios. ¡Ay, qué harto debe de estar ese Dios suyo de conceder tantos perdones a tantos y tantas imbéciles!

   Para el catolicismo, la salud es soberbia; la confianza en sí mismo, orgullo; el valor, jactancia; todas las virtudes nobles son despreciadas y afeadas; en cambio, las miserias tristes se explican, se justifican y se alaban: el pecador humilde, el miserable humilde, el crapuloso humilde, el imbécil humilde siempre tienen su defensa y hasta su apología
PÍO BAROJA
Los recursos de la astucia


Y algunos habrá habido, claro que sí, que hayan merecido ser perdonados por haberse arrepentido, en lo más profundo de su ser, de sus pecados; pero hay tantos otros, ajenos al remordimiento, que tan sólo han utilizado ese perdón para cubrir las espaldas de sus pecados y poder así seguir maniobrando con ellos a su antojo...

   Desagradable me es ver a los que se santiguan tres veces en el Benedicite, y otras tantas en el acto de Gracias, mientras todo el resto del día se ocupan en el odio, la avaricia y la injusticia, dando su hora a los vicios y su hora a Dios, como por compensación y componenda.
MONTAIGNE
Ensayos


   La filosofía del perdón es tremendamente peligrosa por serle inherente una pasividad y una falta de autocrítica sospechosas de debilidad compulsiva.
   -¿Falta de autocrítica? Pero si el hecho de confesar ya es una forma de autocrítica...
   -Sí, pero sólo aparente: soy capaz de confesar mi debilidad, cierto, mas no respondo de ella. Es más, permito y tolero que la debilidad siga campando en mi interior, a sus anchas, hasta tal punto que me familiarizo con ella y acabamos organizando unas timbas que no veas. Entre otras cosas, porque la debilidad no me la confieso a mí mismo, sino a otro que sé que me va a perdonar fijo y que, por lo tanto, me exonera de su peso. Así que ¿para qué agobiarme?

   Esto es, si yo sé que, haga lo que haga, luego voy, lo confieso y me perdonan a cambio de rezar unas cuantas oraciones -que muchos pasan de rezar-, pues me siento como inmune y autorizado a seguir trapicheando con mis pecados. No hace falta que me esfuerce en ningún sentido por tratar de no seguir pecando, o que reflexione con devota honestidad hasta hacerme plenamente consciente de mi circunstancia pecadora y logre superarla; no, no, qué va, en absoluto, con ir y confesarlo ya es suficiente. Y si encima, me paso por la iglesia de vez en cuando, pues mejor que mejor. Les va tan mal a los católicos con sus aburridas y mecanizadas liturgias que hacer mero acto de presencia en ellas casi te garantiza todo lo demás.

   A nadie se le ocurría dar los sermones con ingenio, y así la doctrina no podía ser grata ni al alma ni al corazón.
GOETHE
Poesía y verdad


   Y no te digo nada si efectúas algún que otro generoso donativo, entonces sí que ya puedes pecar cuanto quieras, que no hay problema. Pero, bueno, ¿qué clase de iglesia es ésta? ¿Qué solvencia moral tienen sus sacerdotes para perdonarnos? Aparentemente, de cara a la galería, predican “la palabra de Dios”, pero luego, en los trasfondos de sus capillas, practican un escandaloso contrabando espiritual con el diablo. ¿Realmente sirve para algo el perdón de todos ellos? ¿Acaso están capacitados para conceder perdones? Francis Ford Coppola se reservó la tercera parte de El Padrino para ahondar en los tejemanejes que la riquísima y poderosísima curia romana se trae entre manos, implicándola abiertamente con la mafia italiana y llegando incluso a aventurar un pacto entre ambas para librarse de Juan Pablo I, un papa que hubiera podido hacer peligrar las armoniosas relaciones entre dos de las organizaciones más omnipotentes del planeta, desde Roma.

   ...la antigua ciudad de Rómulo, donde Dios es siempre el objeto más amado, después de la dominación, de la riqueza, de la ociosidad y del placer.
VOLTAIRE
Cartas filosóficas


   ¿No es acaso vergonzosamente contradictorio que una organización religiosa, inspirada en/por la figura de un hombre legendario extraordinario, que, según cuentan, jamás tuvo ni un duro, y que pasó su vida malviviendo y predicando entre los desamparados, los enfermos y los machacados por el sistema de aquella época, que acabó machacándole a sí mismo de manera fulminante, esté forrada de pasta y sea tan poderosa?

   En todas las grandes ceremonias del Vaticano se repite la misma estampa: bajo unas vestiduras bordadas en oro, rodeado por un cúmulo de obispos y cardenales cargados igualmente con terciopelos y brocados, el Papa se exhibe ante los fieles de todo el mundo al pie de una cruz donde cuelga su Dios desnudo. Coronado con una mitra que no se ha movido desde el tiempo de los faraones y amparado por el esplendor de unos mármoles que labraron Migue Ángel y Bernini, el Papa encima aún se queja. Desde su alta poltrona se lamenta del ateísmo, del laicismo, de la persecución religiosa y del rumbo pecaminoso que ha tomado la humanidad. Si a lo largo de la historia la Iglesia no ha hecho más que equivocarse en todo, salvo en que la vida es una herida mortal de necesidad, ignoro por qué el Papa se permite el lujo de instalar la culpa en nuestra nuca y no en la suya.
MANUEL VICENT
Doble llave
EL PAÍS, 30 de Enero de 2005


   ¿Cómo pueden ir por esos mundos del Diablo, predicando la palabra de Dios, embutidos en ricas vestiduras, subidos en un sofisticado chisme llamado “Papamóvil”, contemplar la orgía que la miseria, la enfermedad y la muerte tienen montada entre los pobres habitantes de países regidos por mandatarios multimillonarios, predicar paciencia y resignación y volverse a sus palacios opulentos, repletos de oros y oropeles, vivir como reyes y pretender ser los representantes de Dios en la Tierra? ¡Oiga! ¿Cómo dice? ¡Vamos, hombre, pero si ésa es una de las mayores y más flagrantes incoherencias morales a la que llevamos siglos contribuyendo! Y está claro que no incluyo en esta farsa a todos esos hombres y mujeres misioneros, devotos y honestos, que se han encasquetado sus hábitos lejos de las comodidades de sus congregaciones y han dedicado su existencia a servir, de muy variadas maneras, a los necesitados. Muchos de ellos obligados, sin duda y sin piedad, a exiliarse al Tercer Mundo, por ser demasiado críticos con el Primero. Así es como los capitostes vaticanos tratan a sus afiliados de base. Aunque lo que los obispos, cardenales y demás altos mandatarios católicos consideran mayor castigo no es eso, sino privar a todos esos hombres -puesto que las mujeres en la iglesia católica, cuales hijas de Alá, siempre han estado privadas de todo- de la posibilidad de medrar en su jerarquía. Algo que cualquier alma limpia que realmente ansíe servir a Dios debe vivir más como una liberación, que no como un castigo. Quién sabe, igual fue esa sensación la que inspiró a los estudiosos alternativos de la fe para denominar a su teoría “teología de la liberación”.

   Jesucristo convivía con enfermos y tullidos de todas clases, con toda la gente acreedora de la mala reputación con que les había cargado el sistema, romano en aquellas fechas; convivía incluso con leprosos, los asistía y trataba de ofrecerles el más desinteresado de los consuelos. Y fueron muchos los corazones que se conmovieron por ello y que no pudieron evitar seguir a un hombre tan bondadoso y coherente consigo mismo y con sus creencias. ¡No me extraña! ¡Menuda credibilidad! Que es justo lo que les falta a los católicos desde hace demasiado tiempo, credibilidad. Si realmente desean llegar al corazón de las gentes y alternar con sus espíritus, ¡que prediquen con el ejemplo! ¡Que sus líderes se vayan a convivir con esos MILLONES de seres auténticamente desamparados, que diariamente entregan sus vidas al hambre, a la más cruda miseria, a la falta total de asistencia médica, a cualquier guerra absurda, a la malaria, al sida o a tantas otras infames enfermedades! No es de extrañar que ONGs, tipo “Médicos sin Fronteras” gocen de mayor aceptación popular. Personalmente, creo que todo ese personal sanitario está más cerca de Dios de lo que lo están en el Vaticano.

   Si los católicos quieren ganar auténticos adeptos, no de los de cartónpiedra, sino gente que sienta sus prédicas en lo más hondo de su ser, que empiecen desenmascarando la corrupción en el seno de su propia organización. Que repartan equitativamente sus bienes entre los necesitados. Que presionen -y ellos sí que pueden hacerlo- a las organizaciones internacionales, a los gobiernos de todo el mundo y a sus gestores económicos para que se ponga un tope a las riquezas personales de los individuos, para que no se permita que ningún ser humano pueda acumular más de una determinada cantidad de dinero. Y que procuren que los excedentes sean cedidos a un organismo imparcial, elegido por la comunidad internacional, para que sean repartidos competente y equitativamente entre los lugares, países y gentes que realmente lo necesiten. Si quieren recuperar el respeto de sus feligreses hacia los principios que preconizan, y que tan difícil parece que les resultan hoy en día de cumplir, que el Papa se vaya a la Bolsa de Nueva York, o a la de Londres o a la de Tokio y se líe a bastonazos y la arme como hizo Jesús cuando entró en el templo de los fariseos.

   Entrad en la bolsa de Londres, ese lugar más respetable que otros sitios donde se recitan cursos; veréis allí reunidos, para bien de los hombres, a representantes de todas las naciones. Allí el judío, el mahometano y el cristiano se tratan como si pertenecieran a la misma religión, y no dan el nombre de infieles más que a los que quiebran.
VOLTAIRE
Cartas filosóficas


   ¿Acaso no es en eso en lo que se han convertido los más privilegiados de sus adeptos, en unos fariseos? 
   ¿Acaso no lo son también ellos mismos?

   FARISEO: Se aplica a las personas que, en religión o en una doctrina cualquiera, se muestran muy rigurosos tanto consigo mismas como con otros en la observancia de las formas, pero, en realidad, están muy lejos de ser fieles a la doctrina.
(Diccionario de María Moliner)


   ¿Cómo no va a haber crisis espiritual? ¡Oh, Dios, cuánta hipocresía! ¡Sí, apelo a Dios, porque Dios no tiene firmado ningún contrato en exclusiva con nadie! ¡La humanidad, desde todos los puntos del planeta, lleva siglos encomendándose a Dios, denominándole de muchas maneras, erigiéndole templos de la más variada índole, montándole performances de todo tipo, representándole con las más diversas formas, utilizándole para sus propósitos y tratando de mantener a la muchedumbre bajo la amenaza de su castigo si incumplen sus enseñanzas! ¡Dios es patrimonio de la humanidad! Y, como tal, no pertenece a nadie, porque nos pertenece a todos. Nada me parece más ridículo como que alguien pretenda hacerse pasar por su representante en la Tierra. Y los católicos no son los únicos, claro. No veas la de tinglados religiosos que se han ido montando en nombre de Dios. ¡Y todos creen tener la exclusiva!

   Dios no es ningún ente supremo, ningún ser etéreo que deambule por los cielos, montado en una nube. Dios existe en todos y cada uno de nosotros, siempre y cuando estemos dispuestos a sentirlo, a impregnarnos de los buenos influjos que broten de nuestros corazones y de los que nos salgan al encuentro, y a esparcirlos y sembrarlos a nuestro paso. Dios habita en nuestro corazón y, obligado por las cirsunstancias, no le ha quedado otra opción que compartir ese delicado apartamento nuestro con el Demonio. Ya que, como dijo Ghandi en una ocasión:

   Los únicos demonios que existen están en nuestro corazón, y es contra ellos contra los que hay que luchar.

   Dios trata, por todos los medios, de que el Diablo no se apodere de todo el recinto. Lo demás corre de nuestra cuenta. A Dios no hay que adorarle, hay que sentirle. Y el único modo de conseguirlo es tratar de sentirnos en paz con nosotros mismos. Sólo así seremos capaces de comprender las palabras de Jung cuando, en una entrevista, le preguntaron:

   -¿Usted cree en Dios?
   -Yo no creo, sé.


   La mayoría de guías espirituales de todo el mundo están vergonzosamente apegados a la materia y cada vez más alejados de los valores que predican. Por eso no es de extrañar que el número de personas desasistidas espiritualmente sea alarmantemente elevado. Tampoco es de extrañar que ese vacío espiritual haya sido rellenado, casi desbordado, por la empalagosa argamasa que una sociedad miedosa, cobarde y egoísta ha ido amasando siglo a siglo. Una sociedad psicopática que desconfía constantemente de sí misma, que sólo se preocupa de su opulenta supervivencia, sin importarle el precio que los demás tengan que pagar por ella. Una sociedad que, en el mejor de los casos, oculta sus emociones para que nadie pueda pillarla en un renuncio. En el peor, prefiere carecer de ellas, porque las emociones no dan intereses, tan sólo ocasionan problemas. Problemas de conciencia que es preferible no tener para poder seguir preservando esa sociedad del aburrimiento de la honestidad y de sus absurdas comeduras de tarro. Sin conciencia se vive mejor. Sin conciencia, como los psicópatas del libro de Robert Hare, pero, eso sí, con La máscara de la cordura que tan bien supo detectar en ellos Hervey Cleckley perfectamente encajada.

   Quizás la formulación más completa sobre lo que significa una sociedad psicopática es la realizada por José Sánchez, un sociólogo hispano que trabaja en la Universidad de New Jersey, en los Estados Unidos.
   Sánchez comienza por caracterizar la sociedad actual como una en la que se ha producido una desmitificación de la autoridad tradicional adherida a instituciones políticas, religiosas y científicas, llegando a erosionar incluso a la familia. En vez de valores compartidos, socialmente legitimados, se ha extendido una visión cínica en la interpretación de los hechos sociales, donde la violencia, la corrupción y la apatía en la participación política no son sino claras manifestaciones.
Son tiempos de crisis, que producen dos tipos de consecuencias. Por una parte, ya no están claros cuáles son los códigos éticos que han de ser objeto de aprendizaje por la nueva generación, porque se desconfía de los mensajes tradiconales de las instituciones. Por otra parte, aumenta el rango de conductas que se desvían de las normas y que pueden recibir la aprobación de la gente, aunque sólo sea por la cobertura tan extensa que reciben de los medios de comunicación. La conclusión de esto es que la sociedad empieza a albergar cada vez más a jóvenes que se convierten en hombres sin un código claro de valores, y que asumen una mirada cínica, desconfiada, de la sociedad, donde la oportunidad para el éxito material es quizá lo único seguro y tangible.
VICENTE GARRIDO
El psicópata
(Un camaleón en la sociedad actual)


   Ése es el mundo que llevamos siglos construyendo. A estas alturas, parece claro que los que velaban por nuestras almas y nuestras conciencias, los encargados de custodiar nuestros valores morales, han fracasado estrepitosamente. Si lo que pretendían era difundir el bien, no lo han conseguido. Es más, el presidente del club del mal se ha hecho con los servicios de un cuerpo técnico, que ha sabido hacer buenos fichajes y ha configurado un equipo dotado de una capacidad de mutación infinita, y les ganan por goleada. Así que ya va siendo hora de que nos lo empecemos a plantear seriamente.

   El mundo, viejo y resplandeciente edificio cimentado en ese puñado de verdades fundamentales y que necesita constantes reparaciones para conservar intactos sus cimientos, se halla situado en una paramera gris y lóbrega donde bullen y se agitan los tópicos; para llegar al edificio y remozarlo y repararlo hay que destruir todos los tópicos que, vivos, impedirían el acceso, evitando mejora y toda reparación realizada en él.
ENRIQUE JARDIEL PONCELA
Consejos a la juventud


   No tiene sentido seguir manteniendo y dando por válidas unas estructuras de fe incapaces de aportar fe. No tiene sentido seguir como hasta ahora, haciendo ver que no vemos lo evidente. No tiene sentido seguir implorando el perdón de unos seres que no tienen autoridad moral suficiente para concederlo, y que a lo único que pueden aspirar es a ser perdonados por todos esos otros millones de seres desamparados a los que insultan con su diabólica hipocresía.

Ni el hombre ni el ángel pueden la hipocresía
descubrir, el mal único que en el cielo y la tierra
camina sin ser visto, salvo de Dios tan sólo
y de Dios con permiso. Pues muchas veces, aunque
monte la sabiduría su guardia, la sospecha
a su puerta dormita y al fin le cede el puesto
a la simplicidad, mientras que no ve males
la bondad donde males no parece que existan.
JOHN MILTON
El paraíso perdido

  
   El perdón es una especie de redención que no se debe pedir, ni buscar, como casi nada en esta vida, sino que se debe encontrar. Y cuando eso suceda, debemos aprender a construir un albergue de comprensión y de bondad con él en el que dar cobijo a quienes nos han ofendido, y perdonarlos. Pero para que todo eso acontezca, antes, debemos aprender a confesarnos a nosotros mismos todo aquello que voluntaria o involuntariamente nos aparte de la esencia de nuestro ser y nos empuje a traicionarnos. Ése es el mayor de los pecados que podemos cometer.

   Confesaré, pues, lo que sé de mí y confesaré lo que no sé; porque lo que sé de mí, lo sé por la luz que vos me dais; y lo que no sé de mí, no lo sé ni lo sabré hasta que estas mis tinieblas se deshagan con vuestro rostro, más resplandeciente que el mediodía, y con vuestra luz se serene mi conciencia y quede cierta y no dudosa.
SAN AGUSTÍN
Confesiones

martes, 5 de abril de 2011

Aquí tenéis detallada la presentación en imágenes, gracias a la gentileza de mi queridísimo amigo Jordi Poch.
No tenéis más que pinchar y ellas solitas irán pasando...
¡Espero que os gusten!



domingo, 3 de abril de 2011

¡MÁTAME! EN EL FNAC ILLA DIAGONAL DE BARCELONA. Impresiones y agradecimientos


    En poco más de tres meses, ¡Mátame! y una servidora nos
hemos presentado en Barcelona. Esta vez fue en el Fnac Illa Diagonal. La asistencia de público fue muy generosa, teniendo en cuenta la cercanía de mi visita anterior. Y fue una experiencia maravillosa por muchos aspectos.
  
   Para empezar, me reencontré con ¡tanta gente querida! El apoyo y el cariño que me transmitieron todos y cada uno de ellos en todo momento fue tan sincero que no lo olvidaré mientras viva.
   Pude abrazar de nuevo a viejos amigos de adolescencia, algunos de los cuales hacía casi treinta años que no veía. Y cuando todo terminó y pudimos departir un rato, uno de ellos, Cesc, me dijo: "¡Es increíble, pero parece que nos hubiéramos visto ayer!". ¡Guau, eso llena mucho!
   Compañeros de la universidad se mezclaron con algunos de mis primeros compañeros televisivos y otros que aparecieron después. Amigos con los que he compartido partes de mi trayecto vital, como discjockey, por ejemplo, rieron y charlaron con otros que me han ayudado a crecer interiormente. ¡Gracias, Montse, por destacar la profundidad psicológica de mis personajes!
   Familiares y amigos que repitieron y acudieron de nuevo para brindarme su apoyo. Alguno que llegaba de viaje. Otros incorporados recientemente a mi mailing emocional. Hijos de antiguos alumnos míos. O amistades facebookianas a las que, por fin, he podido conocer. Y, desde luego, personas a las que no conozco personalmente, pero que acudieron y nos aportaron su calor.



   Núria Ribó y Fernando Gómez estuvieron ¡magníficos! Cuando hablaron de mi novela me hicieron vibrar, por todos los aspectos que destacaron. Y cuando hablaron de mí, me sentí muy valorada y extraña... Sí, porque lo habitual no es que la gente resalte lo bueno que hay en ti... Y expuesto así, todo de golpe, ¡impresiona! Y enaltece, sobretodo después de los muchos sinsabores con que me ha cargado la vida en los últimos años... Lo único que puedo decir es: ¡gracias, compañeros!
   Gracias también a Alfredo de Jesús, uno de mis amigos más queridos, por haberse currado la grabación y edición de los temas musicales. Fue todo un acierto incorporar a la presentación las músicas que ilustran la novela. A Fernando se le ocurrió destacar este aspecto de la obra y el Fnac me dio luz verde para poderla materializar.

   Tendré en cuenta la propuesta de Tinet de crear una lista en Spotify con todos esos temas, aunque me temo que va a ser complicado porque la mayoría no están en sus archivos. ¡Investigaré!

   ¿Qué más puedo decir? ¡Que ha sido un placer compartir este momento con todos vosotros! He querido plasmarlo en el blog, para que los que no pudisteis asistir lo reviváis de algún modo.

   Espero que la lectura de ¡Mátame! os resulte inquietante, curiosa y os queden ganas de repetir con la próxima.

   Hasta entonces, ¡un abrazo y un besazo para toda/os!