martes, 1 de junio de 2010

CLINT IS GOOD


EL MINISTRO.- (...) ¡Ahora, adiós! ¡Dame un abrazo!
MAX.- Toma un dedo, y no te enternezcas.
Luces de Bohemia
RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN


Ayer, 31 de mayo, cumpliste 80 años. ¡Felicidades, Clint! Todavía alucino de la energía que desparramas en tus películas. ¿Cómo lo haces, grandullón?
¿Sabes? Me encantaría tener a alguien como tú, que me mirara así de vez en cuando; que me insuflara confianza y me exigiera, al mismo tiempo, poner manos a la obra. Alguien que me mostrara la plenitud que se puede sentir cuando uno ha recorrido una buena parte del trayecto siendo fiel a sí mismo. Alguien que se comportara con esa convicción, sin recelo, sin miedo. Alguien que me transmitiera esa sinceridad con la que tú saboreas la vida: con humildad, siempre dispuesto a saber aprender de los que realmente pueden enseñarte; con serenidad, sin precipitarte inútilmente; con valentía, capaz de sortear con arrojo las circunstancias adversas.

Porque lo peor, querido mío, es luchar contra esa impotencia que te hace sentir incapaz de hacer aquello para lo que te sientes tan capaz. ¿Tú has sentido eso alguna vez? Sí, supongo que sí. Y está claro que lo has superado. ¡A ti te pediría yo más de un consejo! Y no vayas a creer que yo soy de las que se achican fácilmente, pero bien sabe Dios que la vida no siempre nos embarca en las naves adecuadas. Muchas son las ocasiones en que no estamos preparados para llevar el timón con soltura y acierto. Y, a veces, por mucha confianza que procure tener en mí misma, no siempre dispongo de la fuerza suficiente para afrontar las desconfianzas ajenas y sus innumerables barricadas. En ocasiones, me acusan de exceso de coraje, y a menudo soy yo misma la que me acuso justo de lo contrario. Ya sé que a ti te van las personas arriesgadas, por eso hace tiempo que te erigí en símbolo de la intrepidez.

Me gusta esa pícara rebeldía que posee tu mirada y que sigues conservando
a pesar de tu avanzada edad. Me encanta esa peligrosidad que emana de tu mera presencia y que tan segura me hace sentir. ¡Me pone a cien! Me excita tu estilo: poco ruido y muchas nueces. Encarnas, como ningún otro hombre, esa rara mezcla de virilidad y de sensibilidad, tan dificilísima de encontrar, con un aplomo y una inteligencia únicos. Porque lo tuyo no es simplemente una aureola mítica como la que envuelve a otros actores, no, lo tuyo va mucho más allá. Tú eres un hombre con una presencia imponente, ¡qué duda cabe!, pero es que tú la sabes desplegar con inmenso poderío gracias a tu innegable y abarcador talento, repleto de sutilezas y de matices.

A mí siempre me fueron los tipos duros. Ya, de pequeña, tuve que aguantar el pitorreo de mis compañeros de EGB porque me gustaba Charles Bronson. Era mi héroe:
-¡Pero si tiene cara de mono!
-¿Este tío? ¡Pero si sus orejas parecen asas!
-¡Pues a mí me gusta!

Lee Marvin, James Coburn, Gene Hackman o Robert Ryan pasaron a engrosar la lista de mis hombres predilectos. Nunca me sentí especialmente atraída por los guaperas, sólo por el hecho de serlo. Siempre he pensado y he sentido que la actitud es mucho más importante. Y a una mujer de carácter y agallas como yo, lo que le pone es un hombre capaz de salirle al encuentro y abordarla con clase y resolución. Más tarde, fui reconciliándome con los guapos, siempre y cuando fueran duros, claro, y añadí a mi lista a Errol Flynn y a Clark Gable. Luego, metida ya de lleno en la pasión cinéfila, me dejé subyugar por el encanto de Cary Grant, por la animalidad de Marlon Brando y por la sabiduría interpretativa de James Mason. Lo de Dennis Hoper, Jack Nicholson, Scott Glenn, James Woods, Morgan Freeman, Tommy Lee Jones, Gary Oldman o Sean Penn vino más tarde. Fui añadiéndolos a mi lista de actores favoritos con encanto especial. Todos ellos hombres fascinantes, al menos en la pantalla. Oye, ¿y te has fijado en el australiano Hugh Jackman? ¡Es supersexy, humm, ñam, ñam...! ¿Pero a que cuando lo ves te recuerda a ti de joven? No sé si sólo me lo parece a mí, pero te juro que cada vez que lo veo, le encuentro un tremendo parecido contigo...

Aunque tengo que admitir, Clint, que contigo me une algo muy especial. Lo tuyo es distinto. Al fin y al cabo, por muy bueno que sea un actor, él no hace más que interpretar lo que otros escriben y dirigen. Pero tú, además, eres un creador, un gran creador, en un amplio sentido del término. Porque tú creas a nivel artístico y a nivel personal. En fin, que tú pareces tenerlo todo: actitud, presencia, valor, honestidad, sensibilidad y talento. Siempre me has puesto como una moto, incluso cuando no era consciente de todo ese potencial.

En mi adolescencia, empecé a comprar revistas de cine, de vez en cuando, y por eso supe que, además de los Harry Callahan y de los spaguetti western, dirigías e interpretabas tus propias películas. Comencé a interesarme seriamente por ti y, paulatinamente, no pude por menos que quitarme el sombrero ante tu magnífica persona. Más de una vez me enzarcé en discusiones con amigos míos por defenderte, no te creas. Todos parecían confabulados en desconfiar de tus posibilidades artísticas. Si quieres que te diga la verdad, en alguna ocasión, atisbé una cierta envidia masculina a través de las rendijas de sus opiniones. Y aunque tú y yo no nos conozcamos, estoy segura de que tuviste que soportar algo muy parecido con los que te rodeaban en los inicios de tu carrera como director. ¿Pero qué más da? Eso nunca fue suficiente obstáculo para ti; además, supongo que el hecho de sortearlo con éxito te fortaleció y te hizo crecer más como ser humano. Lo cual ha repercutido muy positivamente en tu trabajo. Pero, bueno, el hecho es que muchos no quisieron percatarse de tu auténtico talento hasta tu premiadísima Sin perdón, a pesar de que con Bird y Cazador blanco, corazón negro nos habías obsequiado con dos clases magistrales de cine. Por no hablar de Un mundo perfecto, en donde, dicho sea de paso, tuvimos el placer de contemplar uno de los mejores y más matizados trabajos interpretativos de Kevin Costner. Pero fue, sin duda, con Los puentes de Madison que te metiste a todos en el bolsillo. Tu progresión como director ha sido excelente, has ido de menos a más, aunque a mí, personalmente, siempre me pareció que Play Misty for me (Escalofrío en la noche), tu primera peli, estaba realmente bien, era una buena primera película, tal vez no espectacular, pero sí muy entretenida e inquietante. Entonces dijeron que se notaba la mano de Don Siegel, ¿te acuerdas? No sé si te jodió que minimizaran tu trabajo, sólo sé que, poco a poco y sin grandes alaracas, seguiste a lo tuyo, ajeno a esas desconfianzas ajenas que siempre surgen, ¡mira tú por dónde!, alrededor de los más capaces, y fuiste afianzándote con paso firme en el mundo del celuloide, hasta convertirte en uno de los creadores cinematográficos más personales e interesantes del cine norteamericano actual. Gracias por Million dollar baby y El gran torino, magnífica una y encantadora la otra... Te has convertido en un digno discípulo de los clásicos. Nuestros favoritos, ¿eh?

Y luego está tu vena melómana. ¡Qué barbaridad! ¡Qué exceso! Por cierto, me encantó el documental que hiciste sobre blues. Encima el tío va y se compone e incluso interpreta la música de algunas pelis. ¿Pero, bueno, Clint, realmente existes?

Maldita sea, grandullón, por tu culpa, y también por esa afición mía a la mitomanía, sí, no niego que haya contribuido lo suyo, pero la cuestión es que por tu culpa primordialmente me he enganchado a ese prototipo de hombre que tú tan magníficamente representas y estoy convencida de que eso me impide, ora desde mi inconsciente, ora desde mi subconsciente, llegar a sentirme plenamente satisfecha con un hombre real. ¡Es terrible, macho! Hubo un día, hace ya algún tiempo, en que reflexionaba yo sobre todo esto, cabreada y convencida de que lo suyo era que demandara a la industria de Hollywood por habernos inculcado, a mí y a millones de mujeres en todo el planeta, desde siempre, la idea prototípica de ese hombre con músculo, con seso, con sexappeal, con clase, con sensibilidad, con honestidad y con sentido del humor ¡¡¡que no existe!!! ¡Cuánto daño nos han hecho! Y lo siento mucho, pero, aquí, nuevamente, volvemos a ser nosotras las más damnificadas. Sí, porque no me negarás que es mucho más habitual encontrarse con mujeres atractivas e interesantes desde más diversos ángulos que hombres en las mismas condiciones. Es mucho más fácil toparse con tipas interesantes, que no con tipos interesantes. Apuesto a que en la órbita en que tú te mueves sucede algo parecido. Si es que es un hecho universal...

Y no es que nosotras vayamos por ahí con vuestra imagen inmaculada de héroes imposibles en la sesera, dispuestas en todo momento a compararla con los tíos que se cruzan en nuestro camino, no, qué va, además, yo detesto las comparaciones. Pero es que no se trata de una comparación consciente, es mucho peor que eso; es que estáis, como te decía, en nuestro subconsciente y en nuestro inconsciente, y contra eso es muy difícil luchar. Durante años, hemos lamido y relamido, gozosas, pelis vuestras en que desplegábais proezas de todos los sabores. Y con retazos de todas ellas, hemos ido construyendo el collage de la imagen de nuestro hombre ideal. Pero teniendo en cuenta que los hombres han sido unos mantas a lo largo de los siglos, y todavía adolecen en su mayoría de una desastrosa inmadurez emocional, radicalmente alejada del dominio de la situación y de esa poderosa virilidad que tan ansiosas estamos por encontrar, pues ya me dirás tú. Nos sentimos frustradas, desencantadas y decepcionadas. ¡Ay, dichosos hombres!

Pero volviendo a ti, Clint, te diré que de entre todos esos tipos atractivos e imposibles que configuran mi limbo prototípico de lo masculino, tú eres un pedazo de crack. Por todo lo que te he dicho antes y porque tú encajas a la perfección en la versión ideal de mi “ogro azul”. Cada vez estoy más convencida de que esa idea prototípica del “príncipe azul” que, según dicen, perseguimos las mujeres es más un invento masculino que otra cosa. ¿Quién demonios quiere un príncipe azul imberbe, inmaduro y metrosexual, pudiendo disponer de un ogro azul poderoso y seguro de sí mismo, con pelo en el pecho? Déjate de príncipes... Yo y muchas otras mujeres nos morimos de ganas por toparnos con un hombre-hombre, un hombre de verdad, como el de la canción de Alaska. Pero es que ¡sois tan raros de encontrar!

Personalmente, ansío cruzarme en el camino de un hombre que sepa plantar cara a mis cirsunstancias, que me permita relajarme un poco y no tener que estar pendiente de llevar las riendas de la situación constantemente. Un hombre honesto que proteja mi ternura y que me dé confianza. Un hombre que mime a la gatita que esta leona lleva dentro.

Bueno, Clint, no te mareo más con mis sueños imposibles y mis alabanzas entusiastas o acabaremos vomitando los dos. Que me pones mucho, tío. Y que estoy segura de que hay un montón de pasiones que tú y yo podríamos compartir. Pero como eso es prácticamente imposible que suceda, he querido rendirte un justo homenaje desde lo más profundo de mi ser, a través de estas líneas.

I love you, Clint. Because Clint is good, very good!!!!